Problemática de la perdiz roja

Nuestro país es reconocido a nivel mundial como un paraíso para la caza menor. Gracias a su diversidad paisajística, climática y faunística alberga en su piel de toro numerosas especies tanto de pelo como de pluma. Sin embargo, sobre todas ellas destaca, a tenor de un gran número de cazadores, tanto nacionales como extranjeros, nuestra Alectoris rufa, que se ha ganado por méritos propios el apelativo de reina de la caza menor en España.

José Antonio Pérez, Carlos Díez y Daniel Bartolomé | 26/01/2008

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No obstante, a día de hoy no se le escapa a nadie que sus poblaciones silvestres no atraviesan un buen momento, si bien en los últimos años parece observarse un freno en la regresión con una cierta estabilización de sus efectivos, aunque a niveles bajos y muy alejados de la potencialidad real de nuestro territorio.

Trataremos en este artículo de aproximarnos a la situación actual de la perdiz roja, recordando aspectos claves de su biología que cualquier cazador y gestor no debiera olvidar, puesto que sirven de referencia a la hora de conocer cuáles van a ser los momentos en que va a ser más sensible y vulnerable a la acción de los predadores y modificaciones en el medio en que vive, y enumerando los principales factores causantes de la situación actual de la patirroja.

Origen de la especie

Según diversos estudios genealógicos (Randi, 1992) todas las perdices pertenecientes al género Alectoris (A. barbara o perdiz moruna, A. chukar o chucar, A. graeca o griega y A. rufa o roja) proceden de un ancestro común que vivió hace seis millones de años, y que, en sucesivos pasos evolutivos, dio lugar a dichas especies, tal y como se puede ver en el árbol genealógico del género (Figura 1).


La disminución de la población de perdiz roja no es un caso aislado. También las codornices y otras especies de menor están en franca regresión. © Foto Ardeidas.

Durante un tiempo se consideró, además, que existían tres subespecies de perdiz roja, dos en la península Ibérica: A. r. hispanica en el norte y A. r. intercedens en el sur, y otra en Francia e Italia, la A. r. rufa, si bien estudios más recientes parecen descartar esta hipótesis (Ballesteros, 1998).

Características morfológicas y biológicas

Sin duda, muchos cazadores somos los que, con nuestra pieza en la mano, nos hemos quedado cautivados por esa combinación de tonos pardos rojizos en las partes superiores con los grises azulados del pecho, flancos barreados de castaño rojizo, blanco y negro, collar negro estriado, y frente y garganta blancos con una banda negra desde el pico hasta el ojo que se prolonga hacia el cuello, destacando sobre todos esos colores el rojo intenso de pico, ojo y patas que sirve para dar nombre a la especie.

Es un animal robusto, que con sus 33 a 38 centímetros de largo y 400 a 550 gramos de peso es capaz de arrancar en un vuelo fuerte y ruidoso, y tan veloz que puede alcanzar en pocos segundos los 90 kilómetros por hora.

A simple vista, la diferenciación de sexos en campo es complicada. En época de celo el canto inconfundible del macho permite su rápida identificación. El resto del año, si bien es cierto que el macho suele ser más robusto y pesado, y con la ceja blanca más ancha, la diferencia más notoria reside en la presencia de espolones en las patas de los machos, anchos y bien definidos, mientras que éstos no aparecen en las hembras o bien son rudimentarios, puntiformes y sin anchura en la base.


Figura 1. Árbol genealógico de la perdiz roja.

En cuanto a la edad de las perdices es fácil distinguir los perdigones jóvenes por tamaño y plumaje críptico, pero a partir de los cinco meses prácticamente no se diferencian en nada de los adultos. El método más claro consiste en observar la primera y segunda rémiges primarias, en la punta del ala, las cuales presentan bordes puntiagudos y una mancha blanquecina en su extremo, y no se mudan antes de los quince meses, con lo cual, en caso de ver dicha mancha, tendremos ante nosotros un individuo del año, ya que en la temporada siguiente normalmente ya la habrá mudado.

Las perdices aprovechan una amplia gama de alimentos. Los adultos son fundamentalmente vegetarianos (semillas variadas, frutos, hojas, raíces y flores) si bien, esporádicamente, también ingieren insectos que puedan encontrar. En el caso de los pollos, el componente animal de la dieta (insectos) es esencial hasta las tres semanas de vida como fuente de proteína necesaria para su crecimiento, aumentando la importancia del componente vegetal de forma paulatina.

Es una especie sedentaria y marcadamente territorial, que permanece agrupada en bandos prácticamente todo el año, bandos que tanto nos harán andar y cavilar en la temporada de caza. Este agrupamiento le permite defenderse mejor de posibles peligros, ya que el grupo detecta más fácilmente a los predadores disminuyendo el tiempo individual dedicado a la vigilancia (Gaudioso, 2002). Los bandos se rompen en la época reproductiva, que se inicia con la formación de parejas a partir de enero y febrero. Ya en marzo o abril la hembra realiza la puesta en el suelo de 12 a 18 huevos, en un nido que apenas es una pequeña depresión con algunas plumas propias, para empezar una incubación posterior de 23 días, tras la cual, a partir de mediados de mayo, y sobre todo en junio, veremos las primeras polladas en el campo.

Factores responsables de regresión poblacional

En el caso concreto de la perdiz roja, se pueden agrupar las causas de la disminución de su población en dos grandes grupos

La disminución del número de perdices rojas presentes no sólo en nuestros campos, sino en toda su área de distribución es un fenómeno que se encuadra dentro del descenso más o menos generalizado de prácticamente todas las especies de caza menor en Europa, como es el caso de la codorniz o la tórtola en nuestro país, la perdiz pardilla en Francia, Italia y Centroeuropa, la perdiz griega en Grecia y Los Balcanes, o la becada en toda la zona euroasiática. Por tanto es un hecho más o menos global en el que participan numerosas causas, si bien el impacto es diferente para cada especie.

En el caso concreto de la perdiz roja, se pueden agrupar todas esas causas en dos grandes grupos: las que producen una disminución en la natalidad, o causas indirectas, y las que producen un aumento de la mortalidad, o causas directas.


La hembra no suele presentar espolones en las patas. En ocasiones presenta algunos con aspecto rudimentario, puntiagudo y de base muy estrecha, casi siempre en una sola pata. El macho tiene espolones en ambas patas. Son unos engrosamientos de base ancha bien marcados. En animales viejos incluso dobles. En la tercera foto podemos ver una pata de macho viejo y en la cuarta de hembra. © Jose A. Pérez Garrido.

Causas de disminución de la natalidad

La moderna agricultura es una de las principales causas del descenso de la perdiz: herbicidas, cereales de ciclo corto, disminución de linderos, maquinaria...

Estas causas son las más fáciles de apreciar ya que tienen fiel reflejo a la hora de valorar el éxito reproductor de las perdices en un año. Así, se ha observado la incidencia de ciertos plaguicidas y herbicidas (organoclorados) sobre la productividad de las parejas reproductoras, provocando un descenso en la producción de huevos, debido, por un lado, a alteraciones en el aparato reproductor, que incluso dejan infértiles a las perdices, y, por otro, a un aumento del número de huevos no viables (DDTs, PCBs), frágiles, con cáscara fina (DDE), lo que conlleva una mayor mortalidad embrionaria.

Otra causa de disminución del proceso de cría es la destrucción de nidos debida, principalmente, a los cambios sufridos en la moderna agricultura con la siembra de semillas selectas de cereales de ciclo corto, que se recogen antes de que termine la cría de las perdices, la salida al mercado de segadoras y cosechadoras más eficaces y capaces de trabajar por la noche, con lo que el hábitat de las perdices cambia radicalmente de la noche a la mañana, y con la tan traída y llevada concentración parcelaria, muy negativa para las especies de caza menor. Dicha concentración parcelaria ha provocado la desaparición de los linderos, lugares idóneos para la cría y refugio, la sustitución de los paisajes en mosaico con pequeñas tierras de labor de diferentes cultivos por enormes extensiones de monocultivos sin diversidad paisajística, y la construcción de kilómetros y kilómetros de caminos que permiten el fácil y rápido acceso del hombre a zonas antes casi vírgenes y que en muchas ocasiones servían de verdaderas reservas para las especies de caza.


A falta de conejos, la presión cinegética sobre la perdiz se ha incrementado.

También aquí debemos citar el expolio de nidos por parte de los predadores, desde pequeños roedores como ratones hasta grandes mamíferos como el jabalí, pasando por zorros, mustélidos, córvidos, reptiles e incluso el propio ser humano. Sin embargo, en general cabe considerar estos expolios como una consecuencia de lo enumerado anteriormente, puesto que tanto las cosechas tempranas como la desaparición de linderos provocan o bien que los nidos de las perdices queden más expuestos a la acción de los predadores, o bien que se produzcan concentraciones de nidos en los pocos lugares que quedan propicios para ello, llamando igualmente la atención de dichos predadores.

Causas de aumento de la mortalidad

Trataremos aquí los factores que provocan la mortalidad directa de las perdices. Nuevamente debemos acordarnos de la utilización de ciertos plaguicidas y pesticidas agrícolas, que, por un lado, causan el envenenamiento directo de los animales tras ingerirlos con el alimento, y, por otro, la muerte de insectos, alimento básico de los pollos y fuente de proteína importante para los adultos, lo cual obliga a los animales a moverse más en busca de alimento quedando a merced de predadores, accidentes, pérdida de los pollos, etcétera.


Los nidos se realizan sobre el suelo. © WAVES.

Lógicamente, hay que considerar aquí el papel de los depredadores, y más si consideramos que la perdiz es una de las especies de nuestra fauna con mayor número de predadores, y cuya dinámica poblacional depende, en gran medida, de la relación predador-presa. Sin embargo, es necesario tener claro, como ya enuncia Nadal (1992) que el verdadero problema radica no en los predadores especialistas —como puede ser el águila perdicera, cuya dinámica poblacional depende directamente de la abundancia de su presa tipo, en este caso la perdiz, por lo cual también se encuentra en regresión—, sino por el aumento desmesurado de las poblaciones de predadores oportunistas como el zorro y los córvidos, favorecidos por políticas conservacionistas mal enfocadas, y por el aumento del alimento disponible gracias a vertederos incontrolados, granjas intensivas, carreteras, y por qué no, también de repoblaciones mal diseñadas.

La caza ha tenido parte de culpa en la disminución de la especie: perchas excesivas, aumento del número de cazadores de patirrojas, etcétera

En tercer lugar, no hay que olvidarse de la caza, tanto por el número de piezas que se cobran como el número de individuos que quedan malheridos en el campo, además de hacer más vulnerables a los animales supervivientes al quedar en ocasiones agotadas, hambrientas y alejadas de las zonas que conocen, siendo más accesibles para los predadores. Además, paralelamente al descenso de las poblaciones perdiceras, se produjo en España un aumento de la presión cinegética sobre esta especie, debido, por una parte, a la desaparición del conejo de monte asociada a las enfermedades y, por otro, a la masificación de la caza, derivado a su vez del aumento del nivel de vida acontecido en nuestro país en los últimos treinta años, del aumento del tiempo libre y demanda de actividades en contacto con la naturaleza, y del mayor acceso de la masa social a los medios de locomoción.


Ala de un individuo joven con la mancha blanca en las dos primeras rémiges primarias y borde puntiagudo. © Jose A. Pérez Garrido.

También hay que considerar el furtivismo, al que separamos de la caza al considerar que quien practica modalidades como la caza desde coches, expolio de nidos, captura de pollitos para vender y demás, no son verdaderos cazadores, y no es lógico que se nos agrupe a todos en el mismo saco, teniendo que estar todavía aguantando esta lacra que tan mala imagen nos da, además, ante el resto de la sociedad.

No estaría de más señalar también el papel de las repoblaciones incontroladas. Un problema frecuente es la respuesta de los predadores ante elevadas densidades de una determinada presa, desviando su patrón de predación hacia esa especie y desarrollando estrategias de caza que antes desconocían, convirtiéndola en presa principal de su dieta.


Ala de individuo adulto sin mancha blanca en las rémiges primarias y con borde redondeado. © Jose A. Pérez Garrido.

Además, este problema se acentúa con la predación múltiple, consistente en la captura de un número excesivo de presas por parte de algunos mamíferos, principalmente el zorro, provocando incluso un incremento de la predación sobre las perdices silvestres, como hemos constatado en diversos estudios de campo (Pérez, 2002). Otro problema asociado a estas repoblaciones mal planificadas es el derivado de la suelta de animales enfermos o portadores de enfermedades que puedan afectar a las perdices silvestres y a las que no estaban sometidas previamente, así como la de animales híbridos (con perdiz griega y chucar fundamentalmente) utilizados en ciertas granjas para aumentar las producciones, problemas que se ven muy minimizados si se utilizan animales con un origen perfectamente identificado y definido.

Conclusiones

Si nos fijamos en todos los factores de regresión poblacional que actúan sobre la perdiz roja, podemos apreciar cómo detrás de todos ellos se encuentra la acción del ser humano sobre la naturaleza. Es una especie íntimamente ligada al uso que el hombre hace de su hábitat, y sometida a todas las variaciones que éste hace del mismo. Así, la progresiva despoblación de las zonas rurales conlleva un cambio en los usos que tradicionalmente se hacía de los recursos naturales, de forma que la agricultura de hoy en día produce una gran homogeneización paisajística: sólo se siembra lo que es rentable y da dinero, no como antes en que, además, se cultivaban otras especies para consumo familiar y el paisaje era un verdadero mosaico de cultivos que favorecía mucho a la fauna. Igualmente conlleva el abandono del monte: no hay entresacas de leña al haber menos vecinos e imponerse las calefacciones de gasoil, con lo que el monte avanza y cada vez está más sucio, perjudicando a especies como la perdiz roja, si bien ha favorecido a otras como el jabalí. Y, además, hay un cambio notable en la mentalidad de la gente a la hora de valorar el entorno que le rodea: antes era un recurso aprovechable que interesaba mantener y cuidar, mientras que ahora, en la sociedad de consumo en que vivimos, sólo se mira su aspecto económico, la producción que de él se pueda sacar.

A la vista está que la perdiz roja es un animal ciertamente vulnerable, acuciado por numerosos factores que actúan en detrimento de su progresión demográfica, pero que año tras año consigue alimentar nuestras esperanzas de recuperación de sus efectivos, sin que consigamos olvidar el ruido característico de su arranque al vuelo al inicio de cada temporada cinegética.

José Antonio Pérez Garrido, Carlos Díez Valle y Daniel Bartolomé Rodríguez
(Comité Científico de WAVES, Sociedad Euromediterránea para la Vigilancia de la Fauna Salvaje)
1 comentarios
08 feb 2008 23:09
ARGU
Hola:Creno que tiene mucha razon pero:

En mi coto de caza hay cazadores que cazan en cuadrilla de hasta 10 personas y me gustaria saber cual es el limite maximo que establece la ley para la caza menor sin tratarse de batidas ni descastes lo que es domingo a domingo

por favor me gustari la opinion de la gente y una solucion a este "problema" para plantearlo en la proxima reunion de cazadores del coto.ene mucha razon pero mire:

 

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DISTRIBUCIÓN GEOGRÁFICA

 

Si bien consideramos a la perdiz roja un bien peninsular, presente en prácticamente todo el territorio nacional, hay que tener en cuenta que también presenta poblaciones autóctonas en el centro y sur de Francia y noroeste de Italia y Córcega. Otras poblaciones europeas provienen de reintroducciones debidas a su elevado interés cinegético, como son las de las Islas Baleares (s. XIII), Gran Canaria (s. XVI), sur de Inglaterra (ss. XVII y XVIII), y, finalmente, núcleos dispersos en Alemania, Hungría, Noruega, Suecia y Estados Unidos (s. XX).

BIBLIOGRAFÍA

 

BALLESTEROS, F. (1998). Perdiz roja. En: Las especies de caza en España. Biología, ecología y conservación. Estudio y gestión del medio. Colección Técnica, Oviedo. 138-148.

GAUDIOSO,V.R.;ALONSO, M.E.; ROBLES, R.; GARRIDO, J.A.; OLMEDO, J.A. (2002). Effects of housing and breeding system on the reproductive capacity of the Red-Legged Partridge (Alectoris rufa). Poultry Science. 81: 169-172.

NADAL, J. (1995). Impacto de la predación en las poblaciones de perdiz roja. En: Caza y vida silvestre. Fundación La Caixa. Editorial Aedos. 31-59.

PÉREZ, J.A.; DÍEZ, C. (2002). Utilización de técnicas de radioseguimiento para la valoración de supervivencia y causas de mortalidad de la perdiz roja (Alectoris rufa) empleada en repoblación. Estudios y proyectos del Máster Universitario Internacional en Gestión y Conservación de la Fauna Salvaje Euromediterránea, pp: 321-334.

RANDI, E; MERIGGI,A; LORENZINI, R; FUSCO,G;ALKON, P.U. (1992). Biochemical analysis of relationships of Mediterranean Alectoris partridges.The Auk 109(2): 358-367.