Poblaciones de liebres, su problemática y gestión

Se estima que en Europa Occidental se cazan alrededor de cinco millones de liebres. Además, esta región es la principal consumidora, tanto de liebre muerta con fines gastronómicos (procedente principalmente de Argentina, Nueva Zelanda y Australia) como en vivo para repoblar.

J. Palacios, M. Rodríguez y T. Yanes | 18/01/2008

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Igualmente nefasto para la liebre es el abandono de las tierras agrícolas

En Australia y Nueva Zelanda, donde la liebre fue introducida a mediados del siglo pasado con fines cinegéticos, la especie no presentó una explosión demográfica como sucedió con el conejo, por lo que se dictaron normas legales para restringir su aprovechamiento cinegético. La primera normativa fue dictada en Caterbury (Nueva Zelanda) en 1880 (Flux et al., 1990). Generalmente se considera que la liebre es una de las especies que ha producido un menor impacto sobre los ecosistemas en los lugares donde ha sido introducida.


© Manfred Danegger.

En España la liebre se ha visto favorecida desde tiempos históricos por las labores de deforestación y roturación de campos que se han desarrollado por el hombre con el fin de generar campos de cultivo y pastos. Sin embargo, en los últimos decenios la liebre ha comenzado también a tener problemas en España. Vamos a repasar de una forma breve los principales puntos en relación con la gestión de la liebre en España.

Problemática

1.- Modificaciones en el medio

En los últimos treinta años la forma de explotar los terrenos agrícolas ha provocado una transformación del medio en el que viven numerosas especies, produciendo su rarificación.


© Valentín Guisande.

El tipo de concentración parcelaria llevada a cabo en España ha originado una homogeneización del paisaje reduciendo notoriamente la presencia de refugios y la diversificación del alimento disponible para la fauna salvaje. En las zonas donde se ha llevado a cabo el proceso concentrador han desaparecido los linderos, el viñedo y prácticamente la vegetación leñosa, habiendo sido sustituido el mosaico de cultivos por monocultivos de cereal atravesados por una gran red de caminos y carreteras.

Igualmente nefasto para la liebre es el caso opuesto, el abandono de las tierras agrícolas en zonas de montaña como consecuencia de la baja rentabilidad de éstas y la imposibilidad de mecanizar las labores agrícolas en dichas zonas.

El incremento del número de carreteras también tiene una incidencia directa sobre el número de liebres que mueren atropelladas.

2.- Sobrecaza


Las rapaces son mucho menos numerosas que hace unos años, por lo que el número de liebres que pueden predar en un coto no es muy significativo.

En España este incremento de cazadores ha sido grande al haberse multiplicado por siete el número de cazadores en cuarenta años. A este incremento debemos añadir una serie de factores que han causado una mayor presión de caza sobre la liebre, como son:

—La disminución drástica del conejo, principal especie de caza menor de nuestro país.

—La mayor accesibilidad a numerosas zonas que antes permanecían incomunicadas, gracias a la mejora de la red de caminos y carreteras.

—El incremento del parque de vehículos privados.

—La ausencia de modificaciones significativas de la legislación sobre caza en numerosas autonomías a pesar de los cambios sociales y económicos que han tenido lugar en España.

En numerosos cotos de nuestro país la gestión cinegética es prácticamente nula, lo que explica las bajísimas densidades de liebre que éstos llegan a alcanzar a pesar de poseer unas adecuadas características ecológicas.

3.- Modificaciones en las tierras agrícolas

Hay que tener muy en cuenta la presión que los perros errantes y los gatos asilvestrados causan en las liebres

La incorporación a la agricultura de las nuevas tecnologías, así como el uso masivo de productos fitosanitarios, ha provocado una importante transformación en el campo español, especialmente en las zonas llanas, donde la liebre solía alcanzar una mayor densidad.

La mecanización del campo ha propiciado la roturación de prácticamente todas las zonas aptas para el cultivo con la consiguiente desaparición de los linderos y eriales, que proporcionaban buenos perdederos a las liebres. Además, estas transformaciones se producen en un período de tiempo muy reducido —escasos días— lo que potencia su efecto negativo. Las labores de la maquinaria también pueden dar al traste con la vida de los lebratos.

Las labores de siega realizadas por las cosechadoras tienen un efecto negativo directo, al arrollar algunos ejemplares jóvenes, e indirecto al dejar el campo sin protección vertical donde se pueda refugiar la fauna.


Para que la población de liebres en un coto se mantenga, una buena práctica es limitar el número de piezas por cazador y día.
© Foto Ardeidas.

Con respecto a los productos fitosanitarios, si bien se ha producido en las últimas décadas una explosión en cuanto a su utilización, parece haber aparecido también una mayor concienciación ecológica de algunos agricultores que rechazan los productos de alta toxicidad. Existe además una mayor oferta de productos poco nocivos para los animales de sangre caliente, aunque, por desgracia, algunos agricultores siguen manteniendo la insana y errónea costumbre de utilizar mayores concentraciones de producto de las recomendadas por los fabricantes e incluso la utilización de dos productos mezclados.

4.- Furtivismo

La mayoría de las veces se realizan sueltas sin haber resuelto las causas que han provocado la disminución de los efectivos

El tema de las sanciones carece en nuestro país de una adecuada coordinación, por lo que se están produciendo fuertes diferencias en cuanto a la cuantía entre autonomías colindantes; además de existir diferentes modelos de gestión para los cotos y distintas figuras legales.

Si a esto le añadimos una creciente falta de respeto a las autoridades existentes en el campo, junto a una mayor accesibilidad a todo tipo de hábitats y unos medios enormemente sofisticados para la captura de animales, vemos que el furtivo dispone actualmente de una situación de ventaja en diversas zonas del país, alcanzado una relevancia que hasta ahora no había tenido. En la actualidad se ha pasado de una situación en la que el furtivo cazaba para comer a otra en la que el furtivo suele ser una persona que caza por ocio.

5.- Depredadores

Aunque son éstos los que se llevan los mayores ataques de las sociedades de cazadores, consideramos que su influencia sobre las poblaciones cinegéticas, y más concretamente sobre las liebres, es mucho más reducida que cualquiera de los factores antes mencionados.


No hay que pensar en el zorro como principal predador de liebres. También sufren los ataques de jabalíes, perros, gatos, córvidos...
© Foto Ardeidas.

Las poblaciones de depredadores altamente especializados, como son águila real (Aquila chrysaetos), águila imperial (Aquila heliaca adalberti), búho real (Bubo bubo), etc., son menores que las que existían hace cincuenta años, cuando las especies cinegéticas eran mucho más abundantes. Además, la disminución de la caza se ha producido por igual tanto en zonas donde estas especies se localizan como en otras donde no están presentes.

Sólo los predadores oportunistas como zorro, jabalí, perros errantes, gatos domésticos asilvestrados y córvidos han presentado un incremento espectacular, que ha sido causado por el hombre al poner al alcance de estos oportunistas grandes cantidades de recursos tróficos complementarios, como los proporcionados por los basureros, granjas, depósitos de residuos de mataderos, etcétera.

La potenciación de las poblaciones de liebre se debe abordar actuando sobre el medio donde ésta vive

Desgraciadamente, la actuación de estas sociedades de cazadores, titulares de los cotos de caza, no suelen incidir sobre estas fuentes de alimentación complementarias que son las verdaderas culpables de las grandes densidades que llegan a alcanzar estos depredadores oportunistas. La eliminación directa de estos depredadores suele ser compensada inmediatamente por la ocupación del nicho ecológico vacío por animales procedentes de los cotos colindantes, así como por un incremento del número de crías en cada camada.

Por último, hay que tener especialmente en cuenta la presión que los perros errantes y los perros que acompañan al ganado causan en la fauna cinegética, y muy concretamente en las poblaciones de liebres, así como de los gatos domésticos semi-asilvestrados que, por sus hábitos nocturnos, pasan, generalmente, desapercibidos.

6.- Repoblaciones ilegales con liebres


Para que en un coto aumente la densidad de liebres es imprescindible un adecuado programa de gestión de la especie. © Foto Ardeidas.

El deseo de muchos cazadores y titulares de cotos de caza de aumentar de una forma rápida el número de liebres existentes en sus cotos, lleva a éstos a realizar una serie de repoblaciones con esta especie, la mayor parte de las veces de una forma ilegal ya que carecen de cualquier tipo de garantía sanitaria así como de los preceptivos permisos de la administración.

La mayor parte de las veces se realizan estas sueltas sin haber acometido la resolución de las causas que han provocado esta disminución de los efectivos. Dado que cualquier tipo de repoblación conlleva un riesgo, sería deseable utilizar sólo esta medida cuando han fracasado otras de gestión o, por lo menos, cuando las circunstancias que han provocado la escasez de liebres han sido corregidas.

Especialmente graves consideramos las repoblaciones que se realizan a partir de ejemplares procedentes de parcelas cercadas que suelen sustentar altas densidades de liebre. En estos casos los riesgos de que las liebres soltadas puedan contagiar enfermedades a las liebres salvajes se multiplican extraordinariamente, produciendo en ocasiones mortandades que podrían haber sido fácilmente evitadas.

Gestión de poblaciones de liebre

Las mejoras del medio no deben limitarse a actuaciones tendentes a la plantación de determinadas especies vegetales, sino que también deben referirse al manejo de los cultivos y de la ganadería

La potenciación de las poblaciones de liebre se puede abordar actuando sobre el medio donde ésta vive, de modo que sea capaz de mantener unas mayores densidades, o actuando directamente sobre la especie.

1.- Actuaciones en el medio

En determinadas zonas tales como áreas de montaña, en las que el abandono del campo se ha convertido en una constante, la siembra de cultivos resulta de capital importancia para la recuperación de las poblaciones de liebre y de otras especies cinegéticas. También es interesante el cultivo en las llanuras cerealistas de girasol y viñedo en pequeñas superficies. En estas tierras cerealistas los escasos linderos con retamas u otra vegetación leñosa deben ser especialmente potenciados al constituirse en refugios muy apetecidos, especialmente en otoño e invierno, cuando no existe un adecuado grado de protección en los campos, cumpliendo, además, la misión de funcionar como perdederos para despistar a sus posibles perseguidores.


Una causa que origina grandes emigraciones de liebres de los cotos es la quema de rastrojos, por la destrucción de áreas de refugio.

Las mejoras del medio no deben limitarse sólo a actuaciones tendentes a la plantación de determinadas especies vegetales, sino que también deben referirse al manejo de los cultivos y de la ganadería. Actualmente los productos fitosanitarios resultan imprescindibles para obtener una renta adecuada, existiendo en el mercado una larga lista entre los que podemos elegir, debiéndose utilizar, siempre y cuando sea posible, todos aquellos productos que tengan una baja toxicidad para el hombre y para los animales de sangre caliente. Asimismo, el uso de herbicidas tiene un efecto negativo sobre las liebres al disminuir notoriamente la diversidad botánica, recomendándose dejar sin tratar una franja perimetral en las parcelas de unos cinco metros, con lo que se logra incrementar notablemente  esta fuente de alimentación, no sólo para la liebre, sino especialmente para las perdices y codornices.

Las cosechadoras tienen un efecto negativo directo al arrollar lebratos, e indirecto al eliminar la protección vertical

Las quemas de rastrojos, verdadera plaga en algunas zonas, debería ser una práctica a erradicar por las consecuencias tan nefastas que provocan, tanto para el suelo como para la fauna, pudiendo llegar a originar fuertes mortandades de liebres o migraciones de éstas (McBride, 1988).

Las cosechadoras pueden reducir drásticamente el número de bajas que producen si inician las labores de cosechado desde el centro de la parcela hacia afuera, al proporcionar una vía de escape de la fauna que se encuentra en la parcela, en vez de acorralarlas en el centro como sucede al cosechar de afuera a dentro. Es especialmente perjudicial para la fauna la actuación de las cosechadoras durante la noche.

Las actuaciones en caminos y carreteras han de centrarse en la limitación del acceso, evitando de esta forma la entrada de furtivos y el atropello de animales, si bien esta actuación es difícil dada la titularidad pública de muchos de ellos.

2.- Actuaciones sobre las poblaciones de liebres

Aunque a determinadas personas les cueste reconocerlo, es la propia caza uno de los principales factores limitantes de la densidad de la fauna. Actualmente es necesario tomar medidas tendentes a limitar las piezas que se pueden cazar en gran parte de los cotos existentes en nuestro país.

Las medidas que se pueden tomar son algunas de las que vamos a exponer a continuación, si bien insistimos en el hecho de que previamente se deben analizar para cada coto las características ecológicas y sociales de cada zona y después decidir cuáles se aplican:

a) En aquellas zonas donde no aparece una cantidad apreciable de vegetación leñosa y exista tradición de caza con galgo, la liebre debería quedar exclusivamente reservada para esta modalidad cinegética.

b) Limitación del número de piezas por cazador y día.

c) Fijación de lugares de concentración de vehículos.

d) Limitación del horario de caza.

e) Limitación en el número de cazadores en función de la posibilidad de caza que permiten las poblaciones.

f) No apertura de la media veda.

g) Control selectivo de depredadores.

h) Repoblaciones. La repoblación con liebres se debe realizar con el fin de aumentar la densidad de la especie y sólo cuando se hayan identificado y corregido las causas que motivaron su disminución; de no hacerse así la repoblación será inútil.

Jesús Palacios Alberti, Mariano Rodríguez Alonso y Tomás Yanes García.
Miembros del Comité Científico de WAVES (Sociedad Euromediterránea para la Vigilancia de la Fauna Salvaje).

 

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