

En el número de enero:
- Conejos con podencos. Francisco Rodríguez Dávila
- Los cazadores se manifestarán. José Ignacio Ñudi
- XXIX Campeonato de España de Caza Menor Con Perro. José Ignacio Ñudi
- La vacuna de la paciencia. Israel H. Tabernero y José Ignacio Ñudi
- El ojeo de nuestros lectores. J.I.Ñ.
- A falta de pan... Emilio Jiménez y Perico Castejón
- Entrevista a Javier Bohórquez. Israel H. Tabernero
- Miras y visores para montear. Juan Francisco París
- Nueva Benelli Beccaccia. Juan F. París
- Kit Rimfire. J.F.P.
- Binoculares Shilba Nitrox. J.F.P
- La importancia del pedigrí. Antonio López Espada
- Escaparate canino. Antonio López Espada
- Nuevos tratamientos contra la leishmaniosis. Juan José García Estévez
Antropología social de la caza
No vamos a remontarnos aquí a la prehistoria mítica de cazadores recolectores como argumenta Robert Ardrey en «La Hipótesis del Cazador» defendiendo la caza como motor original de nuestra inteligencia social humana. Ni a enumerar la sucesiva necesidad o sentido social que ha tenido la caza en los diversos momentos históricos. Importa el aquí y el ahora, un momento histórico heredero de ese pasado remoto y cercano pero diferente en sí mismo con el nacimiento del cazador deportivo.

Desde el punto de vista de la antropología social, hoy la caza legal, sostenible, preocupada por la conservación, sensible a los cambios negativos que se han dando en el medio ambiente, tiene un gran valor cultural y sigue formando parte de nuestra identidad social. Los cazadores y la actividad cinegética conforman un fenómeno cultural aún por investigar.
Para un antropólogo social la caza es un fenómeno apasionante, sin embargo en España sigue siendo una «asignatura pendiente». Roberto Sánchez Garrido, antropólogo de la Universidad de Murcia, lleva varios años investigando qué es la caza hoy en su «creación, recreación y representación». Pero pocos más.
Para un antropólogo, la rica variedad de palabras y formas de aludir al medio natural, la amplia panoplia de estrategias individuales y grupales de acecho, el sentido mítico y mágico de aproximación al entorno natural, el conjunto de normas y reglas orales que son únicas en cada especialidad cinegética y sobre todo el universo narrativo y memorístico que ancla afectivamente a los cazadores con los lugares de caza y con la fauna es un espacio virgen de investigación apasionante. Además, para nosotros los cazadores, que este estudio se produzca es muy importante ya que sólo desde este enfoque holístico que permite la antropología podemos descubrir la importancia cultural que tiene esta actividad para nuestra sociedad y sólo desde ahí, desde una aproximación científica, podemos enfrentarnos a las simplificaciones y estereotipos.
La antropología social conforma el estudio de los mitos y creencias, de los sistemas de organización social y su sentido, de las raíces culturales que conforman la organización urbana, económica, política, afectiva de una comunidad, sus formas de consumo de alimentos, su relación con el entorno, las formas de expresión artística, las relaciones de parentesco...
En su nacimiento, antropólogos como RadcliffeBrown, Malinowski, Pritchard, Leech, Benedict, Mead y otros muchos pusieron las bases de una visión global e integral de lo que somos. Aquí en España, Caro Baroja y Lisón Tolosana son ilustres herederos de los anteriores.
Para un lego en el terna, la antropología suena a cuestiones lejanas, a pasado remoto, a tribus «primitivas», a Atapuerca, pero la ciencia de la antropología estudia el aquí y el ahora de muestras sociedades más urbanas y desarrolladas. Sin embargo, a pesar de que se ha puesto de moda la paleoantropología gracias al equipo que dirige Arsuaga, la antropología social es la pariente pobre y dentro de ella el estudio de la caza una cuestión marginal, apenas unos pocos antropólogos entre los que honra citar a Zulaika, Jiménez de Madariaga y a Sánchez Garrido se han preocupado y se preocupan por investigar la caza como fenómeno social con una mirada objetiva.
Ser cazadores no es practicar una actividad cinegética sino ser, pertenecer y tener una cultura amenazada de extinción. Próximamente haremos una síntesis de cómo se puede hacer una defensa de la caza desde la antropología social y de cómo, si ésta desapareciera, si la actividad cinegética fuera prohibida, se perdería una parte fundamental de nuestra identidad social en relación con el entorno natural empobreciendo la cultura de nuestra especie.Comentarios (2)
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09/01/2008 21:48:51
Una pregunta: ¿alguien financia o ha pensado en financiar este tipo de estudios? A lo mejor eso sería una forma clara, concreta y práctica de apoyar la caza.
17/01/2008 1:13:30
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