En la recámara

Últimamente se han puesto de moda expresiones como recámara larga, cono de forzamiento y back bore en toda la publicidad que recibimos y en las revistas de armas, pero... ¿Qué significan realmente? ¿Qué ventaja real aportan? ¿Justifican un cambio de arma? ¿Me he quedado obsoleto con mi escopeta de siempre?

Pedro A. Suárez | 29/12/2007

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Los tienen diferencias que hacen que quede un espacio con forma de anillo vacío intermedio entre el final del cartucho y el inicio del cañón

Nada de eso. Las innovaciones, que muchas veces no son más que una vuelta a soluciones antiguas en busca de mejoras, son exactamente lo dicho: búsqueda de mejoras. Pero la inquietud de los fabricantes no siempre desemboca en un avance revolucionario. Son más las veces que se quedan en una simple variante, aunque eso sí, casi siempre mejoran en algo la funcionalidad, el comportamiento del arma o sus prestaciones.

El cono de forzamiento


A pesar del enorme reborde que muestra, este cartucho de bala no sobrepasará los 70 mm una vez disparado.

Tomemos como ejemplo esta parte del cañón que hasta hace un par de años —hasta que se comenzó a hablar del back bore— parecía ser lo último, pero que se refiere a un concepto muy antiguo. Si medimos los diámetros exterior e interior de un cartucho típico promedio del calibre 12, vemos que éstos serán aproximadamente —según la marca— de 20 y 18 mm.

En otras palabras: el cartucho de plástico actual tiene una pared de un milímetro más o menos. La recámara, por tanto, tiene un interior de 20 y el cañón de 18. Al efectuar el disparo, el reborde de la vaina se estira y endereza de manera que el largo total del cartucho disparado es mayor que antes del tiro. Si esta sección del reborde no estuviera prevista en la forma de la recámara, tendríamos un pico importantísimo, y peligroso, de presión, ya que la carga de perdigones debería pasar por dentro de este reborde que, a su vez, estaría por dentro del diámetro del cañón. O sea, 16 mm.


La pared de los cartuchos modernos suele rondar el milímetro de espesor.

Para evitarlo, la recámara se prolonga hasta los 65 mm en las escopetas antiguas, hasta 70 en las modernas (de ahí la denominación de «calibre 12/70») y 76 mm en las magnum. Así que, en teoría, los perdigones pasarían directamente del diámetro interior del cartucho al interior de la sección de cañón, cuyo diámetro es muy similar. Pero los cartuchos no miden exactamente 65, 70 ó 76 mm, sino que tienen diferencias que hacen que quede un espacio con forma de anillo vacío intermedio entre el final del cartucho y el inicio del cañón. Los ingleses llaman a este espacio free bore o «de vuelo libre». Si el paso del diámetro de recámara al del cañón fuera un abrupto ángulo recto, tendríamos que la carga de perdigones sufriría un repentino frenazo al chocar contra el escalón resultante. Reapareciendo en este caso, aunque por un motivo diferente, el peligroso pico de presión apuntado.


Todos estos cartuchos son del calibre 12/70 a pesar de las diferencias de longitud.

La forma más elemental y primaria de eliminar este efecto pernicioso es hacer coincidir exactamente el largo de la vaina y el de la recámara, como en los revólveres, pero tampoco esto sirve para nuestro caso. Con los primeros se puede hacer porque las vainas metálicas de la cartuchería de revólver tiene unas dimensiones constantes y precisas, mientras que los cartuchos de escopeta, además de las diferencias de largo total que hemos dicho antes, tampoco tienen todos el mismo espesor en la pared de vaina. Entonces aparece la solución: un simple cono al que llamamos «de forzamiento». Se trata de interponer una sección cónica que hace decrecer el diámetro de la recámara paulatinamente hasta alcanzar el del cañón. Esta configuración se generalizó hace más de sesenta años y cualquier escopeta de mediana calidad, de construcción posterior a 1950, lo trae. Al principio, la longitud del cono de forzamiento era de un par de centímetros y funcionaba perfectamente. Pero más adelante se cayó en la cuenta que esto no era más que otro choque similar al de concentrar el plomeo –sólo que dispuesto más atrás–. Bajo esta premisa se probó a hacerlos más largos para ver si bajaban las presiones en recámara... pero nada: funcionaban exactamente igual. Pero entonces los tiradores de club se dieron cuenta de una cosa: las escopetas con conos de forzamiento largo tienen menos retroceso, lo que es algo importante para ellos, aunque no tanto para el cazador.

Long chambers (recámaras largas)


Al final los largos serán muy similares.

Se trata de un tipo diferente de alojamiento para el cartucho que no responde a las formas tradicionales en sus dos versiones de antigua y moderna. En lugar de ser un recibidor con la forma en negativo de un cartucho, seguido de un cono que desemboca en un cañón cilíndrico, este tipo de recámara es un cilindro muy largo —mayor de 80 mm—, seguido de un cono de forzamiento cuya longitud, en algunos casos, iguala al del propio cartucho. Ésta es la recámara de las escopetas magnum, también repetidoras, que se promocionan como aptas para disparar cartuchos de todas las longitudes. Si es poseedor de una de éstas (siempre que ya tenga un cierto uso) haga lo siguiente: disponga un folio en blanco en la pared delante de usted, ilumínelo con una luz potente difuminada y luego mire a través del cañón, bien limpio, hacia el folio. Verá que la superficie del cañón, que está pulida a espejo, brilla limpiamente. La recámara, aunque se atraviese un poquito el cañón para que la luz incida sobre las paredes de la misma, se verá gris debido a que su pulido es diferente al del cañón. Pero en donde debe estar el cono de forzamiento verá un aro oscuro que no desaparece aunque consiga poner la luz sobre él. Éste es el alo de fricción: la zona donde los perdigones dan contra la pared.

Con un cañón back bore de recámara magnum, se pueden disparar cartuchos de cualquier longitud

El cono de forzamiento actúa bien cuando la recámara es del largo exacto (más o menos) del cartucho. Los plomos, nada más salir de éste, se encuentran con el lado grande del cono y se deslizan suavemente por él como por un tobogán, para salir a un cañón cilíndrico que los evacua. Al disparar un cartucho normal en una recámara que lo aventaja en 10 ó 15 mm, tenemos un vuelo libre de esa misma longitud y, aunque después haya un cono, a la velocidad a la que se produce un disparo lo que sucede es un verdadero choque contra la pared. Y, lo que es peor, este tipo de práctica rompe los tacos contenedores que se ven prensados brutal e instantáneamente, entre los plomos y el cono, afectando al plomeo. Son esos tacos que vemos por el campo con un aspecto muy feo, como si los hubieran masticado (una escopeta fina y bien hecha —incluyendo las magnum—, siempre los deja intactos). A la luz de esta experiencia, últimamente se reflotó una teoría antigua:


Una vez disparado es cuando el cartucho se acerca más a los 70 mm de longitud.

El back bore

A primeros del siglo XX, armeros italianos, ingleses y Browning en Norteamérica, experimentaron con el back bore, que llamaron overbored (sobrecalibrado). La idea original no partió de la búsqueda del cono de forzamiento, que fue posterior, sino de la inquietud por mejorar el choke. Se pretendía conseguir que todo el cañón se convirtiera en un gran dispositivo concentrador más progresivo y que deformara menos los perdigones (que eran de plomo blando).


De arriba a abajo: 1.—La recámara tradicional de las escopetas no contempla el problema del free-bore. 2.—El cartucho disparado mantiene las diferencias de longitud con el largo de la cámara. 3.—Las recámaras con cono de forzamiento deforman menos los plomos y, por tanto, proveen una mejora en el plomeo. Sin embargo, se sigue formando halo de fricción. 4.—El back-bore, que no es una idea nueva, permite disparar cualquier largo de vaina con una escopeta magnum.

Se intentó de varias maneras: un cañón cilíndrico de calibre mayor que el nominal, una especie de cono de forzamiento que arrancaba con un diámetro mayor que la recámara para alcanzar más adelante el calibre correcto... Los hubo de todas las longitudes imaginables. Pero nada, el comportamiento final del tiro no se alteraba. En cambio, el back bore demostró ser eficaz en otros dos aspectos inesperados. El primero era que el retroceso se nota mucho más suave. El segundo, y más importante, era que el trauma del cañón ante cada disparo se convertía en algo mucho más aliviado. Después de una cantidad de tiros no aparecía el alo de fricción y tras miles de tiros los cañones seguían aparentando estar nuevos siempre que se limpiaran cada vez después de usar la escopeta.

Por aquellos tiempos la sola mejora en la vida de los cañones no era motivo suficiente y no compensaba el incremento de coste de producción. Pero hoy, desde la aparición en 1960 del compuesto iniciador clean bore y las pólvoras sin residuos, junto a las mejores en la munición y el efecto autolube de los tacos plásticos de baja fricción, el back bore vuelve a ser interesante. Con éste las cargas pesadas actuales se vuelven más confortables y los cartuchos con munición de acero o bismuto para humedales no estropean los cañones. Es más, con un cañón back bore de recámara magnum, sí se pueden disparar cartuchos de cualquier longitud sin perjuicios a largo plazo, ya que no aparece el alo de fricción. En conclusión: no se trata de que mi escopeta de siempre ya no esté a la altura ni que las nuevas las superen en prestaciones. Simplemente, son mejores.

Pedro A. Suárez

 

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