La unión de agua y tierra se constituye en un medio capaz de sustentar una gran riqueza vegetal y faunística, la cual ha aprovechado el hombre desde tiempos remotos, estando únicamente limitado su asentamiento por aspectos sanitarios.

Palacios, Rodríguez y Yanes

En las últimas décadas el número de humedales de nueva creación o recuperados supera a los destruidos

Pero a pesar de la gran riqueza faunística y ecológica de las zonas húmedas, el paludismo y otras enfermedades les dio una fama de insalubres hasta el presente siglo, lo que unido al deseo de transformarlas en tierras de cultivo o pastoreo (la Ley de 24 de julio de 1918 que ha estado vigente hasta 1985), daba la propiedad de la tierra a aquellas personas que procedían a desecar lagunas, marismas y zonas pantanosas. Estos hechos provocaron, según las estimaciones más optimistas, la desaparición de al menos el 60% de las zonas húmedas continentales españolas; de esta forma, desaparecieron lagunas como la de La Janda (Cádiz) —la mayor que ha existido en España con cuarenta kilómetros de largo y seis de ancho—, la laguna de Antela (Orense), la laguna de la Nava (Palencia), la laguna de Duero (Valladolid), parte de las Marismas del Guadalquivir, parte del delta del Ebro y un largo etcétera.


Pato colorado.

Si bien es cierto que durante dicho período desaparecieron numerosas zonas húmedas, no es menos cierto que han sido muchos los embalses construidos durante la misma etapa, los cuales por sus características de gran fluctuación y alta profundidad no han sido capaces de sustituir ecológicamente a las zonas húmedas desecadas de escasa profundidad y dotadas de vegetación palustre. Es por ello que a mediados del siglo pasado nos encontrábamos con un panorama desolador para las anátidas y la fauna asociada a los humedales, ya que la reducción de éstos había provocado un descenso de sus poblaciones que, además, se había visto obligada a concentrarse en unas pocas zonas húmedas.

A partir de mediados del pasado siglo se empieza a producir un importante cambio en esta situación. Especialmente importante fue la declaración de los Parques Nacionales de Doñana, en 1969, y de las Tablas de Daimiel en 1973, la promulgación de una nueva Ley de Caza en 1970, por la que se regulaba la caza de acuáticas, y la neutralización de la Ley 24 de Desecación de Zonas Húmedas, por otra legislación, aunque sobre el papel dicha legislación permaneciera en vigor hasta 1985.


Ejemplar de ánade real. ©Fernando Cámara. Foto Ardeidas.

Desde mediados de los años ochenta y coincidiendo con la aparición de los gobiernos autónomos, se produce una proliferación de espacios naturales protegidos (parques naturales, reservas naturales, etc.) que incluían parcial o totalmente la mayor parte de las zonas húmedas con una cierta importancia. En esta época la concentración de anátidas en unas pocas zonas húmedas sigue siendo notoria, como demuestra el hecho de que en el invierno de 1989 (desde comienzos de los setenta en España, al igual que en el resto de Europa, se censan a mediados de enero los principales humedales) casi el 80% de las anátidas se censaban en tan sólo siete zonas húmedas: en las Marismas del Guadalquivir se censaban el 53,5%; en el delta del Ebro, el 8,4%; en la Albufera de Valencia, el 5,2%; la laguna de Gallocanta concentraba el 5,1%; el embalse de Orellana, el 2,6%; las Tablas de Daimiel, el 1,9%; y las Lagunas de Villafáfila, el 1,8%, mientras que otras 487 localidades se distribuían el 21,5% restante. A finales de esta década se produce un nuevo marco legislativo con la aparición de la Ley 4/89 de Conservación de los Espacios Naturales y de la Flora y Fauna Silvestre, y que es desarrollada por tres reales decretos: el R. D. 1095/1989, de 8 de septiembre, por el que se declaran las especies objeto de caza y pesca y se establecen normas para su protección, el R. D. 1118/1989 por el que se determinan las especies objeto de caza y pesca comercializable y el R. D. 439/1990 por el que se regula el Catálogo de Especies Amenazadas. Esta normativa básica ha servido a su vez para la creación de una compleja normativa por las comunidades autonómicas.


©Fernando Cámara. Foto Ardeidas.

En la década de los noventa se produce un creciente interés de la sociedad por los humedales y su fauna asociada, ya que además de mantenerse el interés cinegético de estas zonas se le añade un creciente interés turístico; así el Parque Nacional de Doñana recibe alrededor de un millón de visitantes y la Reserva de las Lagunas de Villafáfila ha pasado de contar con menos de 1.000 visitantes al año a principios de los noventa, a superar los 60.000 en 1998.

Estos hechos ha influido en un cambio en la tendencia regresiva de los humedales en las últimas décadas, ya que aunque se sigue produciendo la desaparición de algunos humedales como consecuencia de la sobreexplotación de los acuíferos, vertidos, construcciones humanas, etc., el número de humedales de nueva creación o recuperados supera a los destruidos. Como ejemplo, podríamos citar las actuaciones realizadas en las lagunas de las Salinas (Zamora), Fuentes de Nava (Palencia), Tablas de Daimiel (Ciudad Real), Aigüamolls (Gerona), represas para la fauna en el embalse de Orellana (Badajoz), graveras de Arganda (Madrid), Azud de Riolobos (Salamanca), etcétera. (Ver tabla 1).

Anátidas y RAMSAR


Pato cuchara, especie no cazable en España. ©Fernando Cámara. Foto Ardeidas.

A comienzos del presente siglo se produce otro importante cambio al prohibirse la caza con perdigones de plomo en las zonas húmedas incluidas en el convenio de RAMSAR a partir de enero de 2000, y en dichas zonas se concentran la mayor parte de las anátidas españolas. En los estudios realizados en España sobre la intoxicación por plomo por Mateo et al. a mediados de los noventa, se determina que el 51,14% de las anátidas tenían indicios de haber consumido en algún momento perdigones de plomo y esta cifra se elevaba hasta el 70 % en las anátidas buceadoras, lo que muy probablemente implicaba que el número de anátidas muertas por intoxicación de plomo sería superior al de aves acuáticas cazadas en nuestro país.

Muchas personas pensarían que con este panorama la situación de las anátidas silvestres seguramente habría mejorado notoriamente, pero a costa de hacer desaparecer el que ha sido de forma tradicional el principal aprovechamiento de estas aves en casi todo el planeta, y que es la caza. Sin embargo, nada más lejos de la realidad: la caza de acuáticas, que en general no ha contado con un gran número de adeptos en nuestro país, presenta actualmente un futuro muy esperanzador, ya que, si bien es cierto que se han incrementado los espacios naturales protegidos, la mayoría de ellos tienen normas de gestión que intentan compaginar la conservación, los usos tradicionales (agricultura, ganadería, caza y pesca) con los nuevos usos, como el turismo. Además, el claro incremento de las poblaciones de la mayor parte de las anátidas cinegéticas existentes en nuestro país ha ido acompañada de una dispersión, siendo más frecuentes éstas en zonas húmedas donde antes su presencia era excepcional y donde se desarrolla un actividad cinegética muy satisfactoria en cuanto a resultados.


La caza de acuáticas presenta buenas perspectivas, pues es un aprovechamiento más de numerosos espacios naturales protegidos. ©Miguel A. de la Cruz. Foto Ardeidas.

Sirva como ejemplo el caso de la mayor de las aves cinegéticas de nuestro país: el ánsar común. Esta especie presentaba en los años sesenta, según Bernis, un panorama desolador: en ese momento ya habían desaparecido importantes zonas húmedas, como La Janda o La Nava, lo que había producido la concentración de prácticamente toda la población invernante de ánsar común en España (entre 5.000 y 10.000 ejemplares) en su último reducto de las Marismas del Guadalquivir. Esa pequeña población se ha ido incrementado hasta superar los 100.000 ejemplares a comienzos del 2000, y este incremento de la población ha ido unido a una dispersión de las poblaciones. Así, en la década de los setenta el número medio de humedales donde se lograban, en enero, censar ánsares comunes en España era tan sólo de 9, cifra que se ha incrementado a 24 en la década de los ochenta y a 80 en la década de los noventa, siendo actualmente superior a 100 el número de humedales con presencia de la especie. Si analizáramos únicamente las grandes zonas de invernada —considerando como tales aquéllas en las que se producen invernadas superiores a 1.000 ejemplares— nos encontraríamos que se ha pasado de una situación donde únicamente las Marismas del Guadalquivir alcanzaban esta cifra en la década de los setenta, a dos humedales en los ochenta, a 4 en la década de los noventa y a 8 para los años 2000 y 2001.

Formas de caza


Una de las formas más típicas de abatir acuáticas es en tiradas desde puesto fijo. ©Fernando Cámara. Foto Ardeidas.

Finalmente queremos hacer un pequeño repaso a los sistemas más habituales con los que se cazan las acuáticas en nuestro país y que se podrían agrupar en un sistema anárquico y llevado a cabo por cazadores aislados a la espera sin puesto fijo o al salto. Éste es el sistema elegido para pequeñas zonas húmedas en las que la caza de acuáticas es poco relevante y en las que se suele aplicar el criterio de cazar la mayor cantidad de ejemplares posible sin aplicar ningún tipo de restricción. Una segunda forma altamente organizada y en el que se paga mucho dinero por cazar, consiste en tiradas organizadas con puestos fijos bien situados. Existen al menos cien cotos de caza que organizan de media una seis tiradas (seis jornadas), dependiendo del número de puestos que se sitúan en cada jornada, del tamaño de la zona húmeda y de la autorización administrativa (que sólo suele limitar el número de tiradas y de puestos, casi nunca el número de animales a abatir), y un tercer método intermedio que se da, por ejemplo, en el delta del Ebro en el que cada miembro del coto, generalmente un cazador local, tiene una cabaña desde la que puede disparar a las anátidas durante unos determinados días y noches.

Jesús Palacios Alberti, Mariano Rodríguez Alonso y Tomás Yanes García. Miembros del Comité Científico de WAVES (Sociedad Euromediterránea para la Vigilancia de la Fauna Salvaje).

 

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danacord
danacord
26/12/2007
El pie de foto del cuchara es incorrecto, porque en la Comunidad extremeña se permite su caza en la Orden de Vedas 2007/08.

 

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