En el número de diciembre:

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  • Un perro de competición, ¿sirve para la caza?
  • Rifles monteros, ¿semiautomático, cerrojo, express o palanca?
  • Tras las becadas.
  • Vicente Silvestre, campeón de España de caza menor con perro.
  • En qué nos equivocamos tirando a los zorzales.

El contacto físico en la educación del perro

Cuando las personas se ven ascendidas a posiciones dominantes es frecuente que sean incapaces de relacionarse de modo respetuoso y cercano con quien se encuentra en posición de inferioridad. En este sentido nos encontramos con la figura del déspota, tan frecuente tristemente en el ámbito canino, y en especial dentro del apartado del trabajo, donde las exigencias se acrecientan.

Hay dos formas de cuidar a nuestro perro: proporcionarle un fundamento sólido, y disponerle un refugio seguro donde apartarse del mundo hostil humano

El deseo de encontrar al perro perfecto que satisfaga todas nuestras expectativas es una fantasía imposible de alcanzar. Cuando la experiencia nos muestra que ningún perro colmará jamás toda insatisfacción que arrastramos jornada tras jornada, dejamos de contemplar a nuestro can desde el prisma de nuestros deseos y anhelos venatorios y empezamos a verle de un modo más realista. Entonces, el apego por el animal se tambalea. Está claro que el grado en que el animal satisface las expectativas del cazador determina la estabilidad de la relación, y con frecuencia predice la longevidad de la relación. Suele establecerse así un peligroso círculo vicioso donde el humano exige a la bestia sin reportarle nada a cambio, polo que ésta, a su vez, no aporta lo suficiente como para recibir gratificación.

El problema principal es que generalmente el círculo se rompe de forma drástica y dramática. Perros confinados en la perrera, abandonados, o que de mano en mano van como «la farsa monea». En definitiva, otra fracaso más del que además, como siempre, culpamos al perro, quien si pudiera argumentaría como defensa, «no has sido para mí, amo, sino una fuente de angustia y miedo. No he recibido de ti apoyo emocional alguno que sirviera de fundamento sólido a mi conducta».

El fundamento emocional

El adiestramiento persigue como fin último una conducta definitiva y funcional que el perro debe adoptar con la positividad y motivación necesarias como para garantizar su continuidad. Pero yo me pregunto: ¿es esto posible desde la mera exigencia e imposición? ¿Bastaría quizá con una carantoña ocasional o un pedacito de salchicha y «buen chico!» cuando el perrillo se comporta? La respuesta definitivamente es «no». La caricia es un elemento básico, pero la cosa va mucho más allá. Está científicamente demostrado que existe una biología de la relación que influye de manera decisiva, tanto en el equilibrio emocional como físico del individuo. Todo perro se sentirá más feliz cuando la vida le proporciona un fundamento seguro desde el que emprender sus acciones. Su problema estriba en que él no controla su vida. Es otro, el dueño, quien la regula a voluntad. Hay dos formas diferentes de cuidar a nuestro perro, proporcionarle un fundamento sólido, y disponerle un refugio seguro donde apartarse del mundo hostil humano. La primera ofrece aportaciones emocionales, la segunda materiales.

El perro de caza suele adolecer de las primeras. Y sin ellas esa enriquecedora experiencia de unidad con el perro, es decir, de fusión de identidad con el animal durante el ejercicio venatorio, se hace inalcanzable.

Sin intercambio emocional es imposible asumir la necesaria perspectiva del can, que se consolida cuando el cazador es capaz de contemplar las cosas desde su punto de vista, cosa poco frecuente entre cazadores y que cuando se alcanza cobra especial resonancia durante el lance.

Estrés emocional y conducta

Las relaciones con el humano para el perro pueden ser fuente tanto de alegría como de angustia. Está contrastado que el apoyo emocional que hombre y animal se dan mutuamente tiene un impacto positivo sobre la salud. El ejemplo más claro lo tenemos en binomios tan estrechos como los perros de terapia de asistencia. En el sentido inverso se confirma que los perros que carecen de relaciones afectuosas continuadas con sus dueños poseen una salud más frágil y una sensibilidad emocional mayor. Y en los casos extremos en que el perro es receptáculo de malos tratos físicos o psíquicos, el nivel de estrés acumulado, con la constante tasa disparada de cortisol que le mantiene en estado permanente de alerta y angustia, se produce un evidente deterioro del organismo.

Los perros que carecen de relaciones afectuosas continuadas con sus dueños poseen una salud más frágil y una sensibilidad emocional mayor

Estas situaciones comunes afectan significativamente tanto al desarrollo del cachorro como a la salud física v mental del adulto. El perro somatiza la situación de estrés continuado con síntomas comunes como alopecias, trastornos digestivos, depresiones, etc... que son bien conocidos por todos.

La mayoría de dueños y adiestradores se enojan con demasiada facilidad con sus confusos perros por los motivos más triviales. Entonces tienden a resolver todo conflicto a voces cuando no a cachetazos. Estos enfados desmedidos desencadenan en los perros un aumento de la tasa de hormonas relacionadas con el estrés.

Cuando esas situaciones se acumulan el sistema inmunitario del animal se resiente, y está totalmente comprobado que los perros que se encuentran en manos de amos pacientes, calmados y afectuosos, poseen funciones inmunitarias con valores más altos, tienen una menor incidencia de enfermedades y son más longevos que los individuos con problemas de relación con sus dueños o aislados socialmente.

Recientes estudios realizados en el Reino Unido sobre perros guía subrayan la importancia del apoyo biológico que proporcionan las relaciones estables y equilibradas del can con su cuidador, entrenador y usuario, y cómo éstas favorecen la actitud y capacidad en el trabajo.

El contacto físico como bálsamo

Los perros con un vínculo afectivo sólido con su educador tienen un periodo de recuperación emocional mucho más rápido tras la aplicación puntual del castigo, y en especial al recibir a modo de compensación, la caricia de su dueño al enmendar la conducta. Así se favorece el aprendizaje, cosa que no ocurre con los alumnos desvinculados, ansiosos o desconfiados, que suelen sentirse permanentemente amenazados y se muestran hostiles ante las exigencias del trabajo.

El contacto de la mano del hombre con su auxiliar demuestra ser muy tranquilizador y la mejor vía de rescate emocional. Pero tristemente se observa con mayor frecuencia entre los cazadores, una reticencia al contacto físico con el can. El cazador no suele prodigarse en caricias, quizás por una equivocada tendencia a evitar toda actitud «ñoña» o sensiblera, pero el cazador frío y distante se equivoca.

El contacto físico acogedor produce la liberación en el organismo de la hormona llamada oxitocina que viene a aliviar la ansiedad, ya que los niveles de lo hormona del estrés, el cortisol, caen en picado.

La caricia, pues, contribuye a la imprescindible «homeostesis», es decir, al equilibrio emocional del sujeto sin el que todo aprendizaje se bloquea.

El contacto de la mano del hombre con su auxiliar demuestra ser muy tranquilizador y la mejor vía de rescate emocional

La oxitocina también afecta al umbral del dolor haciendo al perro menos sensible, y por lo tanto, preparándolo para acción. Parece ser que la permanencia de la oxitocina en el cerebro es solamente de unos cuantos minutos, pero a través de una relación positiva y próxima, y pródiga en interacciones afectuosas y contacto físico, el perro recibe una fuente relativamente estable de ese bálsamo neuroquímico. Este es uno de los principales beneficios del afecto del que muchos perros adolecen, y que es, sin duda, la mayor fuente de bienestar biológico.

Ante una experiencia hostil o traumática, el perro equilibrado mantiene la referencia de su dueño como el «lugar» más seguro que puede encontrar. El desequilibrio probablemente buscará el coche.

Por otra parte, este indispensable fluir emocional no es unidireccional, sino que afecta a ambos, dueño y perro. Cada uno desempeña un papel activo en las respuestas fisiológicas y emocionales del otro. Existe un acoplamiento biológico de modo que el propio cazador cercano, se encuentra beneficiado al recibir signos positivos del can que son contagiosos. Perro y cazador forman entonces en el campo una «unidad psicobiológica», mutuamente reguladora de emociones. Las caricias no sólo ayudan al perro, sino que permiten una regulación bidireccional en la que está demostrado que casan una influencia biológica recíproca. A nivel biológico, acariciar a un animal sosegado disminuye nuestra presión sanguínea con los efectos beneficiosos que esto conlleva. Seamos pues más afectuosos y acariciemos más a nuestros perros.

Ricardo Vicente Corredera. Fotos J. Santacara y M. Moreno

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"Relaciones caninas"
lml
17/02/2008 21:11:20
Soy cazador y sin embargo estoy completamente de acuerdo con lo que expresa el artículo. Yo lo pongo en práctica y puedo decir que resulta realmente gratificante para ambas partes (perro y dueño). El problema muchas veces viene por la falta de tiempo; nos falta tiempo para todo en esta época que vivimos. Que nuestros perros nos perdonen.Un saludo.

 

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