En el Número de Noviembre:

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  • «Ríomonte», la sociedad de los cazadores de León

  • El águila imperial sí tiene quien la quiera

  • Primer balance de la EEC

  • De feria

  • Galgos sobre liebre mecánica

La caza en su estado puro

Disfrutamos de una jornada de caza a gamas y muflonas con arco, y retornamos al origen de la Humanidad en una dehesa salmantina, con lluvias incesantes que nos deparó una de las caras más habituales de la cinegética, el bolo.

El fuerte aire desvelaba la posición de los cazadores

El pasado mes de octubre entró con fuertes lluvias en toda España, aun así La Caza y su Mundo Castilla y León se desplazó hasta tierras salmantinas para acompañar a un grupo de cazadores en una de las modalidades de caza más vistosa y natural de cuantas se practican en el panorama cinegético, la caza con arco.

Como no podía ser de otra manera, cumplimos el compromiso adquirido y nos mojamos con nuestros protagonistas, en el más amplio sentido de la palabra. La caza, como el fútbol, es así…

El plan de caza era abatir gamas y muflonas en una finca en la que su número era muy superior a la capacidad de carga con la que contaba el coto. Para regular la población se hacía necesario actuar en consecuencia. Tras una noche lluviosa, todo hacía presagiar una jornada de caza deslucida y, por desgracia, así fue.

Nada más llegar a la finca que se iba a cazar, la lluvia hizo acto de presencia de una manera intensa. Tras varias horas de conversación, el grupo de cazadores con la afición a flor de piel y viendo que la lluvia amainaba, decidió probar suerte y salir al campo en busca de las reses. Mientras montaban las puntas de las flechas y tensaban las cuerdas, la lluvia volvió a arreciar, cosa que ya no cambiaría durante toda la jornada.

Primer intento


En la foto, los cazadores eligen las puntas de flecha más adecuadas.

Alguno de los arqueros quiso probar con el rececho para acercarse a las «pelotas» de hembras pero el fuerte aire, que acompañaba a la lluvia, revocaba por todas partes desvelando a los animales la presencia del cazador y provocando la estampida mucho antes de que el arquero hubiera conseguido aproximarse a una distancia de tiro con garantías de éxito. Tras varios intentos, la única posibilidad de tiro la tuvo Ramón con una muflona, que tuvo a la «Providencia» de su parte y escapó en busca del refugio del monte. Los cazadores se reunieron con el fin de buscar otro método para intentar hacerse con alguna res, ya que mediante el rececho sería difícil lograr el objetivo.

Segundo intento

Se decidió dar pequeños ganchos en los que tres arqueros moverían el cazadero con una doble intención: Tratar de acercarse a alguna hembra descuidada e intentar ponerla frente a su flecha o si esto fallaba, lo cual ocurrió en todas las ocasiones, provocar que la estampida se dirigiera hacia el resto de los arqueros que se hallaban camuflados, formando una línea al igual que en las batidas que se realizan con rifles o escopetas.

La efectividad de los arcos se consigue a 40 metros

A priori todo hacía pensar que, de esta manera, si se conseguiría realizar algún lance con garantías. Pero, de nuevo, la suerte no estaba del lado de este grupo de apasionados de esta modalidad ya que el número de arqueros que formaban la cuadrilla era de ocho, y como tres hacían la labor de intentar dirigir las reses, sólo quedaban cinco personas para cubrir demasiado espacio y los animales se colaban por los espacios vacios.


Montando cuidadosamente las flechas antes de comenzar la cacería.

A todos los problemas que ya se planteaban, hubo que añadir uno más, y no fue otro que en el cazadero había vacas, la gran  mayoría con crías recién nacidas, lo cual significaba que acercarse a ellas implicaba un riesgo ya que al ver extraños acercándose, no dudaban en iniciar un trote amenazante hacia el cazador que cometiera tal desafío. Por lo tanto, y para prevenir posibles carreras, y a falta de un buen capote, las zonas en las que había ganado se dejaron sin cazar. Viva la Fiesta… La naturaleza es sabia y en esta ocasión dejó ver como las muflonas y gamas estaban atentas al comportamiento del ganado y si las vacas se mostraban nerviosas era síntoma inequívoco de que algo raro sucedía y sin más iniciaban la huida.


El aire que acompañaba a la lluvia durante la jornada alertaba a los gamos que huían mucho antes de que los arqueros se acercaran lo suficiente.

La cantidad de caza en el coto charro era patente ya que, en ocasiones, cuando los animales escapaban, se dejaban ver, siempre en la lejanía, manadas muy numerosas de hembras, sobre todo de gamas, aunque la cantidad de muflonas también era alta. Pero como ocurre en todas las modalidades de caza, cuando más ilusión se tiene, la jornada va y sale del revés, y en este caso después de todo un año esperando, el tiempo la echó a perder y nos demostró que la caza tiene estos componentes. Nunca está asegurado el morral, tal y como sucedía en los orígenes de la Humanidad al hombre que tenía que encontrar el sustento con su arco y sus flechas.

La equipación

Este tipo de caza sin duda remonta al aficionado que la practica a tiempos lejanos, en los que para poder comer carne, y a falta de armas de fuego, eran los arcos el arte de caza más utilizado. Hoy en día los arcos han evolucionado mucho, desde que se empezaran a usar en la Edad Media. Con los arcos que se usan en la actualidad, se consigue una precisión muy alta, aunque la distancia a la que son efectivos en la caza real no supera en exceso los 30 ó 40 metros, nada  comparable a la que se logra con cualquier rifle o escopeta. Esto significa que la ciencia de esta caza radica en que hay que aproximarse mucho a la pieza sin que ella desconfíe de nuestra presencia para evitar la huida.


Intercambio de opiniones sobre uno de los lances de la mañana.

Para esta modalidad se utilizan varias clases de arcos, aunque los más empleados son, sin lugar a dudas, los de poleas. Este tipo de arco se vale de un sistema de poleas con el que se consigue una potencia de lanzado bastante alta, de unas sesenta o setenta libras aproximadamente.

Otro tipo de arco es el llamado Long bow, que es un arco basado en los primeros artilugios utilizados en la antigüedad que se componían de una lámina de madera con una cuerda que busca desarrollar la potencia que se consigue al flexionar la madera y curvarla lo suficiente.

Los nervios tornaron las oportunidades en fallos

Los arcos de hoy en día utilizan materiales más sofisticados y las cuerdas también son de materiales sintéticos que buscan evitar la distensión de la cuerda.

Las flechas suelen ser de fibra de carbono, que buscan el menor peso, resistencia al viento e indeformabilidad. En la punta de la flecha van montadas cuchillas de un tamaño variable, buscando la máxima penetrabilidad.

Al pasado con toda la tecnología

A pesar de todos los contratiempos con los que se contó a lo largo de la jornada, los cazadores, cuya afición se remonta al origen de la Humanidad, pusieron todo de su parte y con mucha dificultad consiguieron un par de lances en las que los nervios también jugaron una mala pasada y se tornaron en inexplicables fallos.


Ramón, uno de los arqueros, acercándose con sigilo a una muflona.

Uno de los arqueros, Mikel, que se iniciaba por primera vez en la caza real con arco, tuvo su oportunidad con una gama, que en el justo momento en el que apretó el disparador, la res se movió y la flecha pasó a escasos centímetros de ella, pero suficientes para no alcanzarla.

Algunos de los arqueros también tuvieron su oportunidad, aunque a distancias demasiado largas para que hubiera posibilidad de hacer un disparo certero.

Otro de los arqueros, tuvo un lance muy claro. Una gama se plantó frente a él y cuando abrió el arco y se dispuso a apuntarla, tuvo la mala suerte de que una gota de agua se había parado en la mira que llevan en la cuerda, dejando pasar la que a la postre sería su mejor oportunidad de disparo.


El grupo de arqueros dispuesto a reponer fuerzas tras un duro día.

Como suele ocurrir en la caza, a pesar de que la jornada no resultó como cabía esperar, un buen almuerzo entre amigos nos alegró el estómago y sirvió para secar la ropa al calor de una buena lumbre.

Con la decepción en nuestras caras, pero con la firme promesa de que en otra ocasión y con una climatología más favorable volveríamos por este magnífico coto salmantino a intentar disfrutar de esta caza en todo su esplendor, nos despedimos de este grupo de apasionados de la caza más tradicional de las que se practican en el ámbito cinegético.

Dámaso Jorreto Molinero

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