En el Número de Noviembre:

  • Andalucía al día…
  • Entrevista a José A. Ramos, General Jefe del SE.PRO.NA.
  • El jabalí, el nuevo amo del monte
  • Medio Ambiente ultima dos decretos para la gestión de la caza en Andalucía
  • Podenco andaluz, dos estilos de caza
  • Sociedad de cazadores de Benajarafe

El nuevo amo del monte

Es un predador que no tiene enemigos naturales. De todo se alimenta y se adapta a todos los terrenos. El jabalí coloniza el territorio andaluz y se expande ya desde las sierras de Huelva a las más orientales, incluso en las campiñas donde halla refugio cerca. Se ha introducido en cotos de caza menor y, en algunos, ha sustituido al conejo como principal especie cinegética. Su proliferación tiene ciertas ventajas y algunos riesgos que hacen necesario controlar las poblaciones. Dicen que el perro es el mejor amigo del hombre y podría afirmarse también que el hombre es el único enemigo del jabalí.

De los 9.000 ejemplares capturados en el 2001 hemos pasado a los 20.000 de la temporada pasada.

El guardia civil Francisco Sánchez Moya, destacado en el puesto de Estepa (Sevilla) a finales del siglo XIX, conocía a la inmensa mayoría de los últimos bandoleros de Sierra Morena. El guardia conocía sus nombres, sus rostros y sus costumbres. Y, a la inversa, las partidas de Seis Dedos, Pernales, El Vivillo, Pedigón o Soniche sabían del valor de Sánchez Moya. Muchas fueron sus capturas y sus casos resueltos. Los bandoleros lo respetaban y se cuidaban de encontrárselo frente a frente, ya fuera en el monte, en una posada o en alguna feria de ganado, a la luz del día, o en una de aquellas calles empedradas en el silencio de la madrugada. También aquel guardia civil sentía un profundo respeto por aquellas bandas con las que muchas veces se jugó la vida. Sin embargo, su peor herida estando de servicio, a caballo por Sierra Morena, la capa verde engrasada, no se la causó la pistola ni la faca de un bandolero, sino el mordisco de un jabalí.

El jabalí es un predador. Se alimenta de todo tipo de hierbas y carroña y ataca también los nidos de perdices, las crías de conejo, cabra y corzo. Es un fantasma nocturno, capaz de recorrer hasta 40 kilómetros bajo la luz de la luna. Tiene tal voracidad y capacidad para adaptarse a cualquier medio que, a día de hoy, prácticamente ha colonizado todo el territorio andaluz, o quizás reconquistado, porque hay quien sostiene que hubo tiempos, muy antiguos, en los que el jabalí habitó todos nuestros campos.

Enrique Leyva, presidente de la Asociación de Titulares de Empresas y Cotos de Andalucía (Ateca), recuerda que, después de la Guerra Civil, la caza mayor se localizaba en dos núcleos muy concretos de la región: Hornachuelos y Andújar. El resto de las sierras estaban dedicadas a la ganadería y a la siembra de pastos.

El abandono del campo por parte del hombre, provocado en gran medida por el desarrollismo de los años 60, dejó las sierras desiertas, territorios propicios para la colonización. El ciervo se expandió gracias a reintroducciones artificiales, como la repoblación de unas 800 reses de Las Navas de la Concepción y Berrocal en la sierra de Huelva. «El jabalí no se ha repoblado nunca —precisa Leyva—. Come de todo y se adapta a todos los terrenos; su expansión ha sido natural». Y aún continúa.

Los datos oficiales de capturas de la Consejería de Medio Ambiente son muy reveladores. El jabalí sufrió un ligero declive a finales de los años 90, pero desde entonces el incremento ha sido muy notorio, pasando de unos 9.000 ejemplares capturados en el año 2001 a los 20.000 de la temporada pasada. El incremento ha sido de más de un cien por cien. Y no es un hecho generalizado entre las especies, como se puede comprobar estos datos con los del ciervo. En este caso, las capturas alcanzaron su récord en el año 2002, con unos 40.000 ejemplares cobrados. Desde ese momento, se inició una recesión que aún continúa y que hizo que el año pasado el dato de ejemplares cazados bajara hasta unos 34.000.

El jabalí no tiene enemigos naturales, ya que la presencia del lobo en los montes andaluces es prácticamente testimonial.

La previsión es que la cifra de jabalíes cobrados se siga multiplicando cada año, por la sencilla razón de que cada vez son más los cotos de caza menor en los que se autoriza su captura. Esto constituye una gran ventaja, puesto que los terrenos de caza mayor ocupan el 15 por ciento del mapa andaluz (1,7 millones de hectáreas), mientras que los cotos de menor abarcan el 85 por ciento restante (5,2 millones de hectáreas). Las zonas tradicionalmente despobladas de jabalíes, como las sierras de Málaga, el entorno de Palma del Río (Córdoba) o la Sierra Sur de Sevilla, están comenzando a acostumbrarse a la presencia de esta especie. La sociedad de cazadores de Antequera, tradicionalmente de caza menor, lleva varios años organizando cacerías de jabalíes y, dentro de su término municipal, la de Bobadilla, tiene previsto organizar este año su segunda montería. Según cuenta su presidente, el año pasado se cobraron 30 jabalíes de un total de 80 avistados. La razón no fue la falta de puntería en los 90 puestos, según explica, sino el corto alcance de las balas de escopeta del calibre 12 -la Junta no les ha autorizado el uso de armas rayadas y la falta de algunos puestos más. Este año insistirán, asegura el presidente, para que le autoricen al menos cien puestos, dada la densidad de jabalíes en el coto. Hay sierras tradicionalmente conejeras en las que el conejo no ha terminado de despuntar tras la mixomatosis y la EHV, en las que el jabalí se ha convertido en la especie reina de la caza, obligando a los cazadores a cambiar a la fuerza la afición.

La Dirección General del Medio Natural de la Junta de Andalucía ha mostrado buena disposición para autorizar aprovechamientos de especies de caza mayor en los cotos de caza menor con densidades aprovechables. «Hasta ahora, los cotos de caza menor no declaraban la presencia de jabalíes en sus planes técnicos, porque pensaban que podían tener problemas por ello, pero es justo lo contrario: se puede autorizar su captura sin ningún problema», explica el director general, José Guirado. Este aprovechamiento cinegético del jabalí se hace más necesario desde el momento en que se toma conciencia de la responsabilidad de los titulares de coto en los daños a los cultivos. Y el jabalí, como predador nato, puede llegar a destrozarlos.

Aparte de los daños, su expansión tiene otros factores negativos, como la hibridación de la especie por cruces con el ganado doméstico. Según apunta Antonio Pérez, directivo de la Federación Andaluza de Caza (FAC) para asuntos de caza mayor, en las sierras de Málaga, prácticamente todo el jabalí que existe está cruzado o montado. Algo similar ocurre en la comarca de Jerez de la Frontera (Cádiz), donde los cochinos se han asentado en los últimos tiempos. «Incluso se ven algunos con pelo blanco», apunta Pérez, que ha sido presidente durante años de la sociedad de cazadores de Hornachuelos.

Otro de los temores es el riesgo de transmisión de enfermedades desde el jabalí a la cabaña del cerdo ibérico. Por ello, la FAC ve con muy buenos ojos que la Junta de Andalucía ponga facilidades para el aprovechamiento del jabalí, al considerar que la caza es la única manera de tener controlada a la especie. De la misma opinión es Enrique Leyva, que insiste en la importancia de regular las densidades en zonas lindantes con cultivos.

El jabalí es un predador, pero no tiene predadores en el medio natural. Lo tuvo en su tiempo, pero la presencia del lobo en los montes andaluces es prácticamente testimonial. «El jabalí no tiene enemigos naturales», apunta el presidente de Ateca. El lobo resiste en algunos puntos de la sierra de Andújar y, según algunos estudios recientes, parece que podría haber cruzado hasta la zona alta del Bembézar, en el entorno de Hornachuelos y Cardeña, un enclave histórico y estratégico del jabalí.

Aparte de los daños a la agricultura y a la ganadería, la excesiva presencia del jabalí puede alterar la relación entre especies en los cotos. Allí donde haya jabalíes, conejos, perdices, cabras y corzos pueden tener problemas de coexistencia. «A la cría del corzo, literalmente, se la come», asegura Enrique Leyva, que apunta que lo mismo ocurre con las de cabra hispánica. Claro que normalmente se alcanza ese punto de equilibrio natural que permite que estas especies convivan bien integradas en el medio, por ejemplo, en Sierra Nevada y en Tejeda-Almijara.

El jabalí es un enemigo mortal para los huevos de perdiz. No los busca, pero acaba con los que encuentre a su paso. Y también termina destapando las madrigueras hasta comerse a los gazapos que halle en ella. «Donde hay jabalíes, la caza menor se puede ver afectada, pero siempre se alcanza un punto de equilibrio», apunta Leyva.

Pero el principal inconveniente no son los daños a la agricultura ni al resto de la fauna. Las explotaciones agrícolas tienen ciclos máximos de un año y los perjuicios causados por el jabalí en raras ocasiones hacen perder una cosecha entera. Las poblaciones de un coto pueden bajar por la presencia del jabalí, pero controlándolo se puede regenerar la vida en esos terrenos, en unos pocos años. Lo más difícil de recomponer es el monte, y ése sí que puede ser destrozado por una excesiva población de cochinos.

Sobre este aspecto, el presidente de Ateca muestra su mayor preocupación. «El monte no se restaura en cinco años ni en diez; se tarda una vida. Y hay fincas que están verdaderamente muy tocadas por los daños del jabalí».

La alteración del hábitat es, efectivamente, una de las peores consecuencias de la expansión del jabalí. De hecho, además de los efectos negativos en el monte, puede hacer de esparcidor de semillas silvestres en terrenos de cultivo, dando lugar a una naturalización no deseada por el agricultor.

Para ilustrar la capacidad de adaptación y supervivencia del jabalí, sirven algunos ejemplos apuntados por el directivo de caza mayor de la FAC. «Todos los veranos se rescatan varios jabalíes en los canales de riego del Bembézar». Cuando azota la canícula, acuden a beber y algunos resbalan y caen al canal, de donde ya no son capaces de salir. Igualmente, en esos años de sequía en los que no hay pasto, las ciervas más viejas se debilitan y llegan a morir de hambre, porque han perdido ya los dientes y no pueden ramonear, o sea comer de las ramas de los árboles. Cuando están agonizando, o bien ya muertas por inanición, se convierten en un objetivo perfecto para el jabalí, que las puede llegar a devorar con ansia felina.

El jabalí causa efectos devastadores en el monte, además de los daños en la agricultura.

El director general del Medio Natural de la Junta de Andalucía expone otro caso que muestra la extraordinaria capacidad de adaptación de la especie. «Alguna vez hemos ido a visitar las obras de una nueva carretera y hemos encontrado algún jabalí en medio del trazado comiendo insectos».

Este fenómeno ha propiciado un incremento notable en las licencias de caza mayor en Andalucía en los últimos años. El aumento de más del cien por cien de las capturas de 2001 a 2006 viene acompañado, evidentemente, de un incremento de los practicantes de su caza. El año pasado, la Junta de Andalucía concedió un total de 308.009 licencias para practicar la caza en la comunidad autónoma.

La colonización de nuevos territorios por parte de los jabalíes los hace enfrentarse a nuevas condiciones climatológicas y geográficas. Hay que tener en cuenta que Andalucía conjuga muchos tipos de hábitat y de microclimas, unas condiciones que, previsiblemente, tendrán consecuencias en los ciclos de vida de esta especie. Por el momento, según la Junta de Andalucía, se han detectado ciertas alteraciones en los ciclos reproductores, con gestaciones en épocas no habituales. Pero el fenómeno es tan reciente que no se dispone aún de datos científicos que permitan respaldar conclusiones.

El jabalí se extiende, se convierte en el nuevo amo del monte por la vía de los hechos. Nada le incomoda, a todo se adapta. Por ello, los entendidos apuntan que es imprescindible controlar esta expansión, para evitar que, además de en el dueño de la sierra, provoque desequilibrios naturales, esto es, que se convierta en su talón de Aquiles. Al héroe griego, nieto de Éaco, le alcanzó una flecha; a Francisco Sánchez Moya, el guardia civil que conocía a todos los bandoleros, le hirió el talón en Sierra Morena el bocado de un jabalí.

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