Cuenta la leyenda que los dioses decidieron crear un lugar en el que Oriente y Occidente se unieran. Deseaban fusionar las dos culturas en una nueva que aglutinara lo mejor y más hermoso de ambas. Y así nació Turquía.

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Los íbices bezoar nos harán adentrarnos en el fantástico mundo de la caza de la alta montaña en Asia.

Tras siglos de dominación otomana, Turquía huele a Oriente, pero no a desierto. Jalonada por grandes valles, altas montañas, algunas incluso de nieves perpetuas, no deja de ser un país mediterráneo con otra cultura. Nos podremos encontrar, en la «raya» de la caza asiática y europea, especies como el jabalí y el rebeco que tanto nos recordarán los lances al más puro estilo europeo, junto con los íbices bezoar que nos harán adentrarnos tímidamente en el fantástico mundo de la caza de alta montaña en Asia.

Localización geográfica


Trofeo de íbex bezoar.

Constituida por una parte europea —la Tracia Oriental— al sur, y una parte asiática —la península de Anatolia y la Armenia turca— separadas por el estrecho de los Dardanelos, el mar de Mármara (al norte) y el estrecho del Bósforo, formando una especie de «puente» entre Oriente y Occidente, Turquía se encuentra a caballo entre Europa y Asia (aunque sólo el 3 % de Turquía se encuentra en el continente europeo). Limita con el Egeo al oeste y con el Mediterráneo al sur, y tiene fronteras al noroeste con Grecia y Bulgaria, al este con Georgia, Armenia e Irán y al sur con Irak y Siria. Se divide en siete regiones geográficas: Mármara, Egeo, Mediterráneo, Anatolia Central, Mar Negro, Anatolia Oriental y Anatolia Suroriental.

Tracia es una meseta con dos pequeñas cordilleras, los montes Istranca y los montes Tekir, que se extienden hasta la Península de Gallípoli. Anatolia (Asia Menor) es una enorme meseta de tierras altas rodeada de montañas: al norte, y lindante con el mar Negro, las montañas del Ponto; al sur, las montañas meridionales con los montes Tauro; al oeste, una serie de cordilleras y valles la separan del Egeo; y hacia el este, en la frontera con Siria e Irak, las montañas del Kurdistán. En el extremo este, la meseta de Anatolia va elevándose hasta alcanzar la región más montañosa de Turquía, los  montes de Armenia con el bíblico monte Ararat, que con sus 5.185 metros es el pico más alto. En esta región nacen los ríos Tigris y Eúfrates, que fluyen hacia el sur hasta el golfo Pérsico.

Turquía es una zona de abundante actividad sísmica, lo que ha dibujado de manera singular su orografía.

Turquía es también zona de abundante actividad sísmica: en las montañas y tierras altas de Asia Menor abundan los volcanes y son frecuentes los terremotos. El mismo monte Ararat es un volcán extinguido. Esta actividad ha dibujado de una manera singular toda la orografía del país, conformando lugares muy peculiares, como el lago Van, la mayor masa de agua del país, que se formó como consecuencia de una gran erupción volcánica que impidió la salida de lo que ahora es el fondo del lago. Sus aguas son de un intenso color turquesa y, pese a su belleza, apenas tiene vida, ya que su elevado nivel de sal provoca que casi no existan peces u otro tipo de vida animal. La abrupta orografía de la meseta central, con sus cordilleras y macizos montañosos, dificultan enormemente las comunicaciones en el centro del país, sobre todo en invierno, cuando la nieve hace su aparición y provoca, en muchas ocasiones, que los distritos orientales queden aislados del resto del país.

Historia


El impresionante monte Ararat, extinto volcán y pico más alto del país, con 5.185 metros de altitud.

Anatolia ha estado habitada desde hace más de 8.000 años, si bien los primeros datos de la historia de Turquía nos llegan con los hititas, hacia el año 1500 a. C. Más tarde, algunas partes de Anatolia cayeron bajo el poder de los frigios y los lidios, mientras que los griegos fundaban ciudades como Mileto, Efeso y Pérgamo, en la costa del Egeo, o Bizancio en el estrecho del Bósforo, en el siglo VIII a. C. Posteriormente, tras estar bajo el dominio persa, Anatolia fue conquistada por Alejandro Magno en el año 324 a. C. A su muerte, los generales que habían luchado a su lado se reparten el gobierno que en el 133 a. C., pasa a ser provincia del Imperio Romano. En el 96 d. C., el emperador Constantino dispuso la reconstrucción de Bizancio renombrándola como Constantinopla, siendo la capital del Imperio Romano de Oriente. Sobrevivió a la caída del Imperio Romano de Occidente (año 395 d. C.) hasta el 1071, año en que los turcos selyúcidas derrotaron al ejército bizantino. Este Imperio mantuvo su pujanza hasta el año 1243 debido, sobre todo, a los invasores mongoles mandados por Gengis Khan que, tras numerosas incursiones, diezmaron y debilitaron considerablemente el Imperio. En el año 1326, la invasión de los otomanos —tribu turca del norte de Anatolia— acabó por derrumbar los restos del Imperio Bizantino. En 1453 atacaron Constantinopla y le dieron el nombre de Estambul. El poder del Imperio Otomano alcanzó su cenit durante el reinado del sultán Suleiman «El Magnífico» (1520–1566), extendiéndose desde Marruecos hasta Persia y desde Hungría a Yemen. Pero, tras la batalla de Lepanto en 1571, inició su declive que pudo conservar algún vigor hasta el siglo XIX cuando naciones como Grecia, Rumania, Servia y Montenegro se liberaron y obtuvieron algunos territorios adicionales. Por su parte, Austria, Inglaterra y Rusia se repartieron también varios territorios, desmembrándole todavía más.


El jabalí turco en áreas de influencia musulmana es un animal al que no se le molesta. © Ardeidas.

La intervención del país en la I Guerra Mundial al lado de Alemania originó su caída definitiva. Tras la firma del tratado de repartición de territorios, tropas griegas penetraron en tierras anatolias. Mustafà Kemal, rebautizado como «Ataturk, padre de los turcos», levantó en armas el país y consiguió tras cuatro años de lucha expulsar a los griegos, convirtiéndose en 1923 en el presidente de la nueva República de Turquía, que transformó en un Estado moderno y laico, rompiendo con la tradición islámica a la que despojó de su condición de religión del Estado, prohibió la poligamia, introdujo el alfabeto latino en sustitución de la escritura árabe y trasladó la capital a Ankara. En la actualidad, Turquía cuenta con un parlamento elegido democráticamente.

Clima

Si queremos abatir las cinco especies más importantes, haremos dos expediciones totalmente distintas.

Con un extenso frente marítimo, presenta en general un clima continental, caracterizándose por el clima mediterráneo de las áreas costeras meridionales y occidentales, y el clima templado-húmedo de los territorios septentrionales. Las costas del mar Egeo y Mediterráneo presentan veranos secos y cálidos e inviernos suaves y lluviosos. En el interior existen grandes oscilaciones (calor tórrido de día y noches muy frías) con pocas lluvias. Hacia el este, las temperaturas medias son bajas y con precipitaciones en forma de nieve. El área septentrional es la de más lluvias, pero con temperaturas uniformes.

La caza en Turquía


Debido a la escasa densidad de población en algunas zonas, el lobo está muy extendido. © Ardeidas.

Lo principal que hay que tener en cuenta a la hora de adentrarse en la caza de este país es que si queremos abatir las cinco especies más importantes —cabra bezoar, rebeco, oso, lobo y jabalí— y convencemos a una orgánica para que nos lo permita, haremos dos expediciones totalmente diferentes en una. Realizaremos una expedición de alta montaña, con lo que ello conlleva, y luego una cacería en bosque, por lo que deberemos complementar dos equipos de ropa, armas y demás bártulos. Alguno de los paquetes se ofertan para los dos tipos de cacería; la mayoría para un único animal. Por algo será.

A la hora de contratar una cacería en Turquía, hay que tener presente que las orgánicas que las ofertan pueden incluir o no en sus precios el alojamiento (que son campamentos, cabañas de montaña u hoteles, dependiendo de la zona donde se caza), comidas diarias, traslados hasta el cazadero (generalmente en todoterrenos), licencias de caza, permisos de aduanas, tasas gubernamentales, guías, certificados veterinarios y CITES… pero generalmente lo que nunca suele estar incluido son los billetes de vuelo entre España-Turquía / Turquía-España, las tasas por trofeo, así como el embalaje y la preparación de éstos. Como siempre que salgamos al extranjero, es interesante contratar un seguro médico y de asistencia de viajes.

Caza en montaña

No es Gredos, precisamente, ni tampoco los Pirineos. El pico más alto del país tiene casi el doble que el Teide y eso, como es habitual en todas las cacerías de alta montaña, se nota en las piernas y en los pulmones.


Las zonas turcas de caza de montaña son cordilleras abruptas de cortantes rocas.

En las zonas montañosas podremos cazar el bezoar o íbex de bezoar (Capra aegagrus aegagrus), que es, por decirlo de alguna manera, el íbex asiático más próximo. Su distribución llega desde Turquía hasta Afganistán pasando por Irán y cadenas montañosas próximas. En Turquía puede cazarse en varias zonas del sur, pero lo más recomendable es la zona central y sudeste de los montes Tauro y el norte de Anatolia. Es un íbex de tamaño mediano, imprescindible en el salón del buen aficionado y, con los tiempos que corren, el mejor destino es Turquía.

En cuanto al rebeco de Anatolia (Rupicapra rupicapra asiatica) podemos encontrarle al norte y este del país, en las montañas Kackar que son una buena zona de caza al noroeste de la región del mar Negro. La mejor época de caza va desde mediados de agosto a mitad de noviembre y  hay zonas en las que es fácil combinar su caza con la del lobo. Cuando tengan en la retícula de su visor a uno de estos animales no se entretengan en adivinar sus diferencias con el resto de los rebecos del mundo: son iguales, lo que cambia es el ambiente que les rodea y unas pequeñas protuberancias parecidas a medrones, inapreciables desde la distancia, en la parte frontal de sus cuernos.

Caza en bosque

Evidentemente, para que haya una población más que aceptable de osos, jabalíes y lobos se dan dos circunstancias que son: el tipo de bosques que hay en el país y la despoblación de las zonas donde estos animales habitan, aunque, por supuesto, la religión hace que los jabalíes sean más abundantes de lo normal.


El oso asiático es más pequeño que el europeo, pero esa condición no merma la emoción de su caza. © Ardeidas.

La zona de caza del oso (Ursus arctos syriacus) es la del noroeste de la región del mar Negro, y también se pueden abatir osos a lo largo de la región centro y sur de Turquía, siendo la mejor época la que va desde mediados de septiembre a finales de febrero. Las esperas con luna llena se hacen de mayo a octubre, y en esta época también se pueden recechar. Los recechos en la nieve en las zonas altas se realizan de enero a marzo.

En lo referente al jabalí (Sus scrofa), no es cuento: en Turquía hay cochinos espectaculares, grandes y abundantes, y lo más importante es que la mayoría de los cazadores que acuden tras ellos son extranjeros, sobre todo en las zonas de mayor influencia musulmana. Uniendo todo esto, se pueden traer a casa magníficos trofeos. Las mejores zonas están en el centro de la región de Anatolia y se puede cazar de dos formas: en batida con diez o doce ojeadores y algunos perros, dando hasta cinco ganchos seguidos, lo que resulta muy distraído; y en espera, donde se consiguen los mejores trofeos. Para lo primero la mejor época va desde septiembre a febrero, y para la segunda modalidad lo mejor es entre mayo y octubre.

Es difícil contratar exclusivamente para ir a cazar lobos (Canis lupus) en este país. Por lo que hemos podido comprobar, les toca el papel de comparsas, como combinación con otro tipo de cacerías. Las mejores épocas son entre diciembre y marzo y sus zonas de mayor abundancia el centro y este del país.

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