En el Número de Octubre:

  • Un caso insólito: Denuncian a un cazador por perder a su perro.- J. de Vizcarra
  • Buen año para la caza menor y mayor.- Varios autores
  • Entrevista a Alberto Contador.- José Ignacio Ñudi
  • La plaga de topillos.- Miguel Ángel Romero y Magdalena Iturmendi
  • La pasa de paloma y zorzales.- Javier Atxa
  • Poetas de mi tierra cazadora.- José Luis Martínez
  • Caza al salto y en mano de la perdiz silvestre.- Miguel Ángel Romero
  • Cuidado con las repoblaciones de faisanes.- Varios autores
  • La cátedra del maestro Abad.- Francisco Gragera e Isidoro Barragán
  • Monterías: A dar la cara.- Emilio Jiménez y Perico Castejón
  • Entrevista a José Manuel Rodríguez Andújar.- José Ignacio Ñudi
  • Los cuatro llantos del barón.- Sabino Santos
  • Armas de última generación.- Juan E París
  • Mauser M-03 Extreme Serie Especial.- JER
  • Weatherby Sporter .300 Wby. Mag..- J.F.P
  • Razas de laboratorio.- Antonio López Espada
  • El que se mueva... sale en la foto.- Manuel Pedrosa
  • XX Edición del Campeonato Gallego de caza, modalidad San Huberto.- Xoxé Lugris
  • Escaparate canino.- Antonio López
  • Un nuevo cachorro (III).- Juan José Garcia Estévez
  • Baja o atto pasión.- Ramón J. Soria
  • Un lince con carabina.- Lucas Llanes Borrero
  • Esperas en blanco.- Eduardo Coca Vita
  • Como dijo Miguel de Cervantes.- Tico Medina
  • Carta abierta al sr. Castejón, dueño de rehala.- Mariano Aguayo

 

Para saber más y ver otras fotografías:

www.bublegum.net/hectorgarrido

«Viaje a la luz de Doñana», de Héctor Garrido. Editorial Rueda, Madrid (2006)

www.editorialrueda.com

Doñana desde el cielo

Todo depende del lugar o la distancia a la que se haga la fotografía. Esto es lo que parece demostrarnos Héctor Garrido, fotógrafo y ornitólogo de la Estación Biológica de Doñana, que tiene el privilegio de sobrevolar todos los meses en avioneta este emblemático parque nacional para realizar censos de sus aves acuáticas, y, como ven, tomar estas imágenes tan curiosas como espectaculares.


Lo que ven arriba no son símbolos extraterrestres, sino desbroces en el matorral viejo para favorecer a las poblaciones de conejos.

Durante los últimos quince años he sobrevolado Doñana constantemente, al principio como aprendiz, y finalmente como censador de las aves acuáticas de este importantísimo enclave natural. Se trata de una de las labores de la Estación Biológica de Doñana (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) mediante la que se realizan estimas mensuales del número y distribución espacial de una serie de especies de aves acuáticas.


Sobrevolando flamencos en vuelo.

El censo aéreo mensual resultante es clave para el día a día del espacio natural, con numerosas utilidades, tanto en conservación, como en aplicaciones meramente científicas o como eficaz herramienta de gestión en temas de tanta importancia como la regulación de la Orden Anual de Vedas para la caza de aves acuáticas en el conjunto de las marismas del Guadalquivir.


Dos flamencos en vuelo.

Pero desde un principio, para mí, los vuelos sobre Doñana han tenido otra significación añadida. De forma paralela a mi profesión de ornitólogo se unía desde siempre una desmedida afición a la fotografía y, mes a mes, desde la ventanilla de mi avión he ido capturando todo aquello que atraía el objetivo de mi cámara.


Manchas anulares de alimentación dejadas por un bando de flamencos en el fondo de un lucio.

En principio eran fotografías que me resultaban tan nuevas, tan diferentes, que nunca pensé que pudieran tener un especial interés más allá de lo anecdótico. Desde luego no había visto nunca nada parecido publicado. De hecho encontraba multitud de elementos en el paisaje aéreo que habían pasado desapercibidos a los ojos de los fotógrafos, tanto dentro como fuera del espacio aéreo de Doñana. Allá donde volara, fueran serranías o campos de cultivo, la orilla del mar o el desierto del Sáhara, encontraba paisajes inéditos.


Flamencos en el lucio del Membrillo

Y así fue como la colección de fotografías aéreas singulares fue creciendo. Sin embargo, iban quedando archivadas ya que no parecían tener otra utilidad que la de saciar al fotógrafo que las disparaba. No sabría explicar muy bien por qué pensaba que aquel material no iba a interesar demasiado a nadie y en consecuencia estaba destinado a acumular polvo en los cajones.


El tremendo laberinto de canales y esteros de la vecina marisma del Odiel, muy cerca de la capital onubense.

La revelación

 Pero en el año 2000 alguien me trajo cariñosamente desde París un magnífico libro de fotografías que acababa de ver la luz y que; por supuesto salvando las distancias, recogía fotografías aéreas realizadas con ese mismo espíritu que yo había pensado que a nadie debía interesar. Era, como no podía ser de otro modo, 365 jours pour la terre, de Yann Arthus-Bertrand.


Lo que parece nieve no es otra cosa que arena, las llamadas dunas móviles que se «tragan» pinares enteros.

Por la respuesta que pude percibir a través de los medios de comunicación en los meses siguientes, comprendí que aquellas imágenes tan parecidas en esencia a las que yo mismo llevaba años realizando, sí podían ser de interés general y supuse que igual no era ninguna tontería desempolvar las mías y comenzar a compartirlas.

Así, durante todo un año preparé un primer contacto entre mis fotografías aéreas y el público que llevó el título «Doñana a través de los ojos de un pájaro», y que consistió en una exposición itinerante; recogida también en un libro y un CD. La acogida del público fue tan cálida que me animó a preparar una nueva exposición, esta vez «Doñana desde una nube», que fue mostrada en diferentes salas de Madrid, Vitoria; La Coruña; Sevilla, Huelva, Portugal...


Cuando se hicieron estos desbroces en la Estación Biológica de Doñana para eliminar el matorral viejo, nadie podía imaginar los extraños dibujos que se verían desde el cielo.

Poco a poco el paisaje inspiró nuevas fotografías más trabajadas y, sobre todo; menos casuales. Una parte de ellas han sido recogidas en el reciente libro «Viaje a la luz de Doñana» y muchas de ellas se conservan aún inéditas, ya que forman parte de la que pretende ser una nueva exposición sobre las maravillosas texturas que ofrecen las marismas cuando se observan desde el aire.


Una nube blanca y rosa, una inmensa bandada de flamencos.

Hay mil cotos de Doñana o quizás muchos más. Cada vez que la sobrevuelo me parece que es la primera vez. La capacidad de cambio de su paisaje es realmente asombrosa. Su superficie puede estar seca y resquebrajada, cubierta completamente de una lámina de agua o de un mar inmenso y verde de castañuela. Puede albergar un puñado de aves sedientas en los años menos favorables o sobrepasar ampliamente el medio millón de patos que, apretados, revoltosos, pasan en todas las direcciones bajo la barriga del avión. Cincuenta mil flamencos pueden teñir el paisaje de rojos y blancos alrededor de sus colonias de cría sobre el inmenso verde de la castañuela de la marisma de Hinojos.


Un grupo de flamencos que comían en el humedal, ante la presencia de la avioneta del censo, han corrido a reunirse, dejando esos curiosos rastros en el fango

Cada mes, bajo el avión, siento con nitidez el latir de la vida y el transcurrir de los ciclos biológicos en un espacio natural único e irrepetible. Cada mes, desde el aire, puedo percibir también cómo el cerco se va cerrando alrededor de este trozo desgajado del paraíso y cómo la presión del desarrollo ha llegado al umbral de su puerta.

Héctor Garrido
Estación Biológica de Doñana
Consejo Superior de Investigaciones Científicas

 

Comentarios (1)

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Doñana
BLASER-2
09/10/2007 0:54:36
Un excelente articulo,ilustrado con unas magnificas fotografias.

 

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