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  • Corzos en octubre
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Perros y ladridos excesivos


Las quejas motivadas por los ladridos exagerados o los aullidos de los perros, lejos de ser una simple molestia o una frivolidad, ante denuncias de los vecinos (que pueden ser justificadas) se convierten en un grave problema que en algunos casos nos obligará a tomar medidas más o menos drásticas.

Una de las muchas razones por las que el hombre utilizó al perro como animal de compañía era por su utilidad como guardián (una oveja, por ejemplo, no avisa cuando se acerca un intruso), de ahí la valía de los ladridos del can. Pero no cualquier perro reúne cualidades para tal misión, existe una selección de razas que incluyen aquellas que son aptas para la vigilancia.

Por razones distintas, las razas empleadas a la caza se sirven también del ladrido para avisar de la localización de la pieza (especialmente en caza mayor), a semejanza de los perros pastores que ladran para poder conducir el ganado. Todo ello ha condicionado a determinados animales en ese sentido y, entonces, ¿cuándo los ladridos son excesivos? ¿Existen perros más ladradores? ¿Podría tratarse en algún caso de un trastorno o de una enfermedad? Intentaré contestar posteriormente a estas preguntas.

El ejercicio físico es importante al reducir la ansiedad y cansar al perro, con lo que se mostrará menos excitable.

En primer lugar esclareceré los distintos tipos de sonidos producidos por el perro, lo que podríamos llamar «vocabulario canino». Los principales son:

LADRIDO. Sonido potente para avisar, ante un intruso, en defensa del territorio; o en el caso de la caza, de la presencia de un animal detenido. Es propio de los perros domésticos y casi no se encuentra en la naturaleza, siendo fruto de la selección del hombre, para la guarda, caza o pastoreo.

AULLIDO. Sonido más «salvaje» y ancestral que aparece con mayor frecuencia en las razas de perros consideradas más primitivas (como los nórdicos) y por ello más emparentadas con el lobo. Es una comunicación en la distancia que mantendría unida a la jauría.

GEMIDO. En general se relaciona con dolor, tristeza, ansiedad, búsqueda de atención por parte del dueño, etc.

GRUÑIDO. Se trata de una vocalización claramente agresiva, bien sea ofensiva o defensiva.

«GIPIO». Es un sonido de excitación, entre el gemido y el ladrido que suele aparecer durante la caza, al seguir de cerca a un animal en carrera, siendo por ello muy típico de la actividad cinegética.


Aquellos perros muy nerviosos o muy excitables responderán ladrando con frecuencia, al igual que los animales jóvenes son en general más ladradores.

El ladrido es la forma de vocalización más común entre los perros a diferencia de otros cánidos salvajes, fruto como decíamos, de la propia selección del hombre. El perro ladra por ejemplo en una montería para avisar al resto de la manada de la presencia de una pieza o al seguir un rastro en el caso de los sabuesos; siendo estas conductas imprescindible en la actividad cinegética. Por otra parte, los ladridos pueden producirse para manifestar alegría, al recibirnos, cuando sienten miedo, tristeza, agresividad, etc., siendo en algunos casos síntoma de alguna enfermedad como por ejemplo en estados de ansiedad. Aquellos perros muy nerviosos o muy excitables responderán ladrando con frecuencia, al igual que los animales jóvenes son en general más ladradores.

Los ladridos pueden ser considerados excesivos en función de varios parámetros, como la tolerancia de las propias personas, la existencia o no de vecinos, la potencia o intensidad de los ladridos, su frecuencia o si son o no episodios pasajeros como, por ejemplo, en un cachorro. Los perros responden con frecuencia a los ladridos de otro congénere, aunque pueden reaccionar también a múltiples estímulos visuales o sonoros.

Los collares «antiladridos» que tanto se han popularizado no están en absoluto exentos de riesgo para el animal.

Algunas causas: son perros muy vigilantes y ladran al ver a través de las vallas metálicas a las personas o a otros perros, son animales hiperactivos o incluso por aburrimiento. En algunos casos se produce un reforzamiento de esta conducta si, pongamos por caso, ponemos a un perro poco ladrador con otro que lo es mucho, aprendiendo a hacerlo el primero; de igual forma si el animal sabe que ladrando conseguirá algo que desea (comida, que le saquen de una jaula, etc.) se reforzará la conducta al satisfacer su deseo. En el caso de los animales que ven pasar personas, animales o vehículos mientras les ladran, es otro claro ejemplo de refuerzo positivo a la conducta ladradora. Algunas razas han sido especialmente seleccionadas como las de caza o pastoreo. Entre los perros de caza los perros de rastro en general y los sabuesos en particular son especialmente ladradores, con una voz grave y potente que puede resultar muy molesta.

Todos los ladridos excesivos pueden resultar molestos, dependiendo del entorno del animal, pero será fundamental determinar la causa de ellos para poder instaurar el tratamiento oportuno. Lógicamente nada tiene que ver la problemática de una rehala con la de un perro de caza menor que comparta nuestro hogar. El historial del perro, los momentos y circunstancias en que se producen los ladridos, tiempo que lleva haciéndolo, el lugar en el que vive, etc. serán fundamentales para realizar una correcta aproximación al problema. El error en el diagnóstico conducirá inequívocamente a la aplicación de un tratamiento equivocado, con un posible efecto contraproducente. Castigar a un perro cuando ladra por miedo a las tormentas soto conseguirá aumentar su estado de ansiedad y con ello empeorar el problema.

El tratamiento de la vocalización excesiva será muy variado pudiendo consistir en cambios en el entorno para evitar la excesiva estimulación, meter al animal en casa o en un lugar cerrado si vive en un jardín, cubrir las zonas que permitan ver el paso de las personas, premiarlo cuando no ladre a las personas que pasan, etc. Si el animal padece fobia a las tormentas evitaremos que permanezca en el exterior en estos momentos o cuando tiren petardos, pudiendo ser interesante utilizar sedantes u otra medicación en momentos puntuales. El ejercicio físico es importante al reducir la ansiedad y cansar al perro, con lo que se mostrará menos excitable. Si la ansiedad es una parte importante del problema (debe ser exclusivamente diagnosticada por el veterinario), como por ejemplo en la «ansiedad por separación», el uso de medicamentos (ansiolíticos), unidos a modificaciones en la conducta estarán indicados, obteniéndose buenos resultados. El castigo no es fácil de llevar a cabo con eficacia, si bien en determinados casos puede ser de interés.

Mención aparte merecen los collares «antiladridos» que tanto se han popularizado y que no están en absoluto exentos de riesgo para el animal en cuanto al equilibrio psíquico, pues en general son inocuos físicamente hablando. Este tipo de collares vienen anunciados con frecuencia en revistas de perros, especialmente en las de caza. Son dispositivos que en manos profesionales y utilizados correctamente tienen sus indicaciones y su indiscutible utilidad. Consisten en un collar que lleva adaptado un aparato constituido por un sensor de vibraciones (ladrido) y que produce como respuesta una señal desagradable para el perro. Esta señal puede ser una leve descarga eléctrica o un «spray» de citronela (sustancia de fuerte olor a limón que molesta al perro). El uso sólo puede realizarse cuando hayamos excluido un problema de ansiedad o fobia en el animal, y cuando no exista estimulación externa para los ladridos del perro. Tienen como ventaja el funcionamiento independiente de la presencia del dueño, por lo que pueden ser usados en ausencia de este y sin que el perro lo pueda relacionar con él. Sus principales problemas vienen derivados de su mala utilización, demasiado extendida por desgracia, y su mal funcionamiento en el caso de aullidos o gemidos en lugar del ladrido. Después de todo lo visto es importante insistir en que una cosa es una conducta patológica de un perro (ansiedad) y otra distinta es una conducta normal pero que nos suponga una molestia (ladridos guardianes).

Antiguamente en situaciones extremas en las que existían denuncias en comisaría y problemas graves para los propietarios, se planteaban soluciones drásticas como la cirugía de las cuerdas bucales para evitar que ladrara, un mal menor si la única alternativa consistía en deshacerse del perro regalándolo, abandonándolo o incluso llegando a la eutanasia.

En la actualidad y fruto del mejor conocimiento de la conducta del perro y de los tratamientos, tanto de modificación de la conducta como de los medicamentosos, esta cirugía está fuera de lugar siendo más que cuestionada desde el punto de vista del bienestar animal.

 
Por MANUEL LÁZARO RUBIO/Clínica Veterinaria Mirasierra
 
Fotos: SHUTTERSTOCK Y ARCHIVO DE FEDERCAZA

 

Comentarios (1)

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esto es de lo mas vil y cruel
ponchooo
04/10/2007 2:32:08
Cómo el hombre puede fabricar esto para los perros? Citronela? Descarga eléctrica? POR FAVOR!!! Esto se tendría que usar con la misma gente... Muy vil. El perro , si ladra, es por un motivo... Si está aburrido pues que lo saquen a caminar, si ve otro perro es por su instinto... SEAMOS UN POCO MAS CONSIDERADOS CON LOS ANIMALES Y NO TAN INTOLERANTES POR FAVOR

 

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