En el Número de Junio:

  • Nuevos hábitats del corzo, nuevas dificualtades para cazarlo.
  • El encanto del noroeste corcero.
  • Para recechar, nada como saber orientarse.
  • Claves para aprovechar las esperas nocturnas al jabalí.
  • La importancia de la salmonelosis en venados y cochinos.
  • Internacional: los leones de Durment.
  • Armas al detalle: rifle Ruger 77 RSI MK II.

Sobre el muflón y el arruí en cotos de caza


1. En primer lugar hay que indicar que el arruí representa una mayor amenaza que el muflón, debido a su tendencia nómada y expansiva, carácter generalista y alta tasa reproductiva. De ahí que haya que actuar con bastante más cautela a la hora de adquirir ejemplares de esta especie para un coto de caza.

2. Desde un punto de vista ecológico y conservacionista no es aconsejable su presencia en cotos de caza por el peligro potencial que representan para la fauna y flora autóctonas.

3. Si están presentes será primordial la acotación de los cotos de caza por medio de vallados cinegéticos infranqueables. En un principio ha de asegurarse que las especies exóticas permanezcan dentro de los límites del acotado. Comparativamente el arruí es más problemático, no sólo por su ya comentada tendencia expansionista, sino además por su capacidad de salto y fortaleza que le permite franquear mallas cinegéticas no suficientemente elevadas y robustas.

4. No debiera permitirse su presencia en áreas de vegetación endémica o de gran valor medioambiental, sí éstas son susceptibles de incorporarse a su dieta. Como prevención, y previo a la realización de estudios finos de la dieta del muflón y el arruí, habría de evitarse su inclusión en cotos localizados en áreas de vegetación de interés para la conservación de la biodiversidad.


5. Por sus características ecológicas: selección de hábitat, dieta, costumbres... Ambas especies son potenciales competidoras de otros ungulados autóctonos. Esto habrá de tenerse en cuenta a la hora de crear cotos de caza mayor en donde convivan varias especies de ungulados. La prioridad ha de ser la de mantener especies autóctonas frente a las alóctonas.

6. En cotos multiespecíficos se intentará evitar la presencia de especies con similares requerimientos ecológicos. No solamente habría que considerar la competencia exótico vs. nativo, sino también la de aquellas especies que utilicen el mismo nicho. La inclusión en un mismo coto de caza de dos especies primordialmente pastadoras, como el ciervo común y el gamo, puede conllevar una tasa de competencia que origine una disminución en la eficacia de adquisición de recursos por alguna de ellas o por ambas, así como una disminución del éxito
reproductivo de las poblaciones.

7. En cotos multiespecíficos se habrá de controlar la densidad de herbívoros para evitar una presión excesiva sobre la cubierta vegetal. Esta premisa es válida para cualquier tipo de ungulado.

Criterios acerca de la presencia del gamo en cotos de caza


1. Probablemente habitaba zonas boscosas y prados de la Península Ibérica tras la última glaciación. Los mapas de vegetación de Europa de hace 20.000 años indican la presencia de estepas acompañadas de áreas forestales por la mayor parte del sur del continente, incluida la Península Ibérica (Ray y Adams, 2001); un hábitat en principio idóneo para el mantenimiento de poblaciones de grandes herbívoros, tales como ciervos comunes y gamos.

2. En un principio no hay razones paleontológicas ni biológicas que hagan pensar que el gamo no sólo no alcanzó por sí mismo la Península Ibérica, sino que permaneció en ella tras la retirada de los últimos hielos glaciales. Por lo que no deberíamos considerarla una especie exótica. Futuros estudios interespecíficos podrían aclarar el nivel de competencia y, por tanto, evolución en simpatría o alopatría con otros cérvidos. Si existe un cierto nivel de coevolución y un reparto de los recursos entre ciervos comunes y gamos, se podría defender su convivencia en simpatría durante siglos.

3. Su introducción en cotos de caza puede provocar competencia y desplazamiento del ciervo común y el corzo, por coincidir en el uso del hábitat y dieta.

Ficha Técnica


Criterios para la certificación de la calidad cinegética en España

Editores: Juan Carranza y Juan Mario Vargas (Universidad de Extremadura)

Autores: Alonso Álvarez de Toledo, Gerardo Pajares, Pedro Fernández Llario, Florencio Markina, Andrés Gutiérrez, Jorge Cassinello...

Páginas: 169

Especies introducidas de caza mayor

Acaba de aparecer el libro «Criterios para la Certificación de la Calidad Cinegética en España», editado por Juan Carranza y Juan Mario Vargas y que cuenta con los escritos de personalidades de reconocidos prestigio en los ámbitos científico y cinegético-conservacionista. A continuación, y debido al interés que esta obra puede tener para nuestros lectores, reproducimos uno de sus capítulos, «Especies introducidas de caza mayor», de Jorge Cassinello.


La distribución del arruí en aquellas zonas en donde se ha introducido con fines cinegéticos ha ido aumentando progresivamente.

Existen dos bóvidos de origen exótico presentes en cotos de caza españoles: el muflón (Ovis aries) y el arruí (Ammotragus lervia). Ambos de orígenes bien diferentes pero que se han adaptado perfectamente a los ecosistemas españoles. Su novedad como trofeo ha originado una creciente demanda, sobre todo en el caso del arruí, por lo que su presencia en cotos de caza privados es cada vez más habitual.

Orígenes

Todos los indicios indican que el muflón es el ancestro directo de la oveja doméstica (Pfeffer, 1967; Bunch et al., 1978; Poplin, 1979). De ahí que recientemente se haya llegado al acuerdo de identificarlo como Ovis aries, la denominación taxonómica que se utilizó en primer lugar para definir a aquélla (UICN/SSC, 2000; BZN, 2003). Hay constancia paleontológica referente a hace unos dos millones de años que nos indica la existencia de una serie de oleadas de especies de género Ovis recorriendo Europa procedentes del este asiático, pero las cuales no llegaron a establecerse permanentemente.

Con la introducción de especies exóticas se ha fomentado el interés, previamente inexistente, unos nuevos y atractivos trofeos en los aficionados a la caza.

A comienzos del Neolítico, con el cambio de actitud humana y su desarrollo como especie cazadora-recolectora, el muflón o un ancestro de él debió alcanzar la península anatólica. El hombre comenzó a aprovechar los recursos que le proveía (leche, abrigo, carne) y comenzaría una etapa de domesticación primaria. El actual muflón europeo parece ser el resultado de un proceso secundario de asilvestración que tendría lugar en algunas islas mediterráneas, tales como Córcega, Cerdeña y Chipre (Pfeffer, 1967). Ello explicaría por otro lado la aparentemente caprichosa librea que muestra, resultado de una serie de cruces causados por el hombre del Neolítico. En el resto de Europa se seleccionaron y desarrollaron en cambio muy diversas razas de ovejas utilizadas como ganado doméstico. Posteriormente el muflón se ha venido introduciendo en otras zonas de Europa desde mediados del siglo XIX con intereses cinegéticos (v.g., Cugnasse, 200; Feuereisel, 2000; Markov y Penev, 2000).


Los primeros ejemplares de muflón traídos a España procedían de Córcega y se soltaron en el Coto Nacional de Cazarla en 1954; en la actualidad puede haber unos 6.000 ejemplares.

Los primeros ejemplares traídos a España procedían de Córcega y se soltaron en el Coto Nacional de Cazorla en 1954; en la actualidad puede haber unos 6.000 ejemplares. Desde entonces han proliferado las introducciones en otros muchos cotos y Reservas Nacionales y en cotos privados de caza. En cuanto a la distribución actual de la especie en nuestro país (Rodríguez-Luengo et al., 2002), destacan las poblaciones en la Serranía de Cuenca, con más de 400 ejemplares en la actualidad, en fincas cinegéticas castello-manchegas, Cazorla y norte de Cataluña. En Canarias ha sido introducido en el Parque Nacional de las Cañadas del Teide (Tenerife), en donde seguramente constituye una seria amenaza para la flora endémica; debe haber unos 400 individuos en la actualidad.


En la actualidad el gamo se encuentra distribuido a lo largo de todo el territorio peninsular español, destacando las poblaciones del noreste, Serranía de Cuenca, Montes de Toledo, Ciudad Real, Sierra de Cazorla, Doñana y Cádiz.

El arruí es la única especie del género Ammotragus cuya distribución original debió abarcar cualquier zona montañosa presente en el norte de África, hasta alcanzar aproximadamente el paralelo 15º (Brentjes, 1980). Probablemente se diferenció durante las últimas etapas glaciales del Paleolítico y, según algunos autores, se trataría de la forma ancestral de las ovejas y cabras modernas (géneros Ovis y Capra), debido a las características morfológicas intermedias y comportamentales poco especializadas que presenta. Su distribución actual en su África natal está poco documentada, presentando una marcada heterogeneidad según las zonas, pero podemos asegurar un fuerte declive generalizado y el riesgo de que algunas poblaciones (seguramente subespecies únicas) lleguen a desaparecer en los próximos años (Alados y Shackleton, 1997; Cassinello, 2002; Wacher et al., 2002).

En cambio, la distribución del arruí en aquellas zonas en donde se ha introducido con fines cinegéticos y ha conseguido adaptarse con éxito, esencialmente algunos estados del sur de los Estados Unidos y España, ha ido aumentando progresivamente (v.g., Casinello, 1998; 2002), por lo que no sólo no se teme por su viabilidad futura, sino que representa un reto conservacionista por cuanto su capacidad generalista y de adaptación le hace un formidable competidor frente a ungulados autóctonos (Simpson et al., 1978; Cassinello et al., 2006) y una amenaza para la flora endémica (Rodríguez-Piñero y Rodríguez-Luengo, 1992). En Estados Unidos se le puede encontrar en los estados de Californa, Nuevo México y Texas (Gray, 1985), mientras que en España está presente en amplias zonas montañosas del sureste peninsular, con dos focos principales de expansión: Sierra Espuña y las sierras alicantinas de Peñarroya y Aitana (Cassinello et al., 2004).


El muflón, a pesar de mostrar algunos movimientos estacionales, principalmente entre valles y montañas, suele tener una tendencia sedentaria, con movimientos escasos entre poblaciones por parte de machos, lo que permite el intercambio genético.

La población de Sierra Espuña se originó con la introducción de 36 ejemplares procedentes de zoológicos en 1970. Se tiene constancia de un incremento poblacional anual del 30% en la década que siguió a su introducción. En 1991 se contaba ya con una población cercana a los dos millares, repartidos además por sierras cercanas, tales como la de las Cabras, del Burete y el Gigante (Cassinello, 2000). A pesar de que al año siguiente tuvo lugar una epidemia de sarna sarcóptica (Sarcoptes scabiei) que diezmó considerablemente la población de arruís (González-Candela et al., 2001), la recuperación de la misma fue espectacular, alcanzándose el millar de ejemplares en el año 2000 y aumentando asimismo considerablemente el rango de expansión de la especie. En la actualidad, y siempre haciendo referencia a poblaciones en libertad, no incluidas dentro de cotos de caza acotados, la presencia del arruí en España se circunscribe principalmente al sureste, incluyendo las provincias de Alicante, Albacete, Murcia, Almería, Granada y Jaén (Cassinello et al., 2004).

Las características ecológicas y comportamentales del arruí le convierten en un competidor potencial de la cabra montés.

Existen tres focos que han dado origen a dos poblaciones, las cuales en principio no han llegado a entrar en contacto: la ya comentada suelta de animales en la Sierra de Espuña, y la reciente escapada de animales de dos cotos de caza alicantinos, localizados en las sierras de Peñaroya y Aitana, quizá a comienzos de los años noventa. Asimismo, tenernos noticias de una población libre localizada en la Sierra de Pela (Badajoz), también procedente de un coto de caza, pero de difícil capacidad de expansión dado el aislamiento geográfico de la zona (F. Pérez, com. Pers.). Fuera del ámbito peninsular, fue introducido a comienzos de los años setenta en la Isla de La Palma (Islas Canarias) (Ornistudio, 1992; Cassinello, 2000), en donde representa una amenaza directa para la flora endémica insular (Rodríguez-Piñero y Rodríguez-Luengo, 1992).


Repercusiones

La presencia de estas especies exóticas en los ecosistemas españoles da lugar a una serie de repercusiones en diferentes ámbitos.

Repercusiones ecológicas

  • Herbivoría sobre plantas protegidas o endémicas. La presencia de ambas especies en las Islas Canarias conlleva un evidente riesgo sobre la flora insular, por lo que urge llevar a cabo estudios de impacto sobre las especies endémicas presentes en las dos islas en donde habitan muflones (Tenerife) y arruís (La Palma).
  • Competencia por los recursos con ungulados autóctonos. Carecemos de datos de campo que nos permitan confirmar este particular, pero los estudios autoecológicos nos indican un alto grado de coincidencias a priori tanto en el uso de recursos (alimentación) como en sus hábitos y distribución. En un principio el muflón, debido a sus hábitos principalmente pastadores (Rodríguez-Luengo et al., 1998; Heroldová y Homolka, 2000), podría representar un competidor de los cérvidos ibéricos: ciervo común (Cervus elaphus), gamo (Dama dama) y corzo (Capreolus capreolus). Tiene tendencia a ocupar zonas de ecotono entre bosque y pradera, con ciertos movimientos estacionales en altitud, por lo que el nivel de competencia dependerá asimismo de la selección de hábitat presente en dichos cérvidos. En cuanto al arruí, sus características ecológicas y comportamentales le convierten en un competidor potencial de la cabra montés.

  • En un principio no hay razones paleontológicas ni biológicas que hagan pensar que el gamo no sólo no alcanzó por sí mismo la Península Ibérica, sino que permaneció en ella tras la retirada de los últimos hielos glaciale, por lo que no deberíamos considerarla una especie exótica.
  • Transmisión de parásitos a especies autóctonas. Recientes estudios preliminares llevados a cabo en poblaciones cautivas de arruí han comprobado la existencia de nuevas especies de nematodos parásitos intestinales (J. Ortiz, com. Pers.). Desconocemos el alcance que la propagación de dichos parásitos puede causar en otras especies de ungulados autóctonos en aquellas zonas en donde convivan en simpatría con poblaciones de arruí, pero el riesgo de que se transmitan enfermedades ajenas a los ecosistemas ibéricos no puede descartarse aún.
  • Expansión descontrolada. Esta repercusión ocasionada por la presencia de especies exóticas ha de asociarse también exclusivamente con el arruí. El muflón, a pesar de mostrar algunos movimientos estacionales, principalmente entre valles y montañas, suele tener una tendencia sedentaria, con movimientos escasos entre poblaciones por parte de machos, lo que permite el intercambio genético: en cambio, las hembras suelen ser filopátricas. En el caso del arruí el panorama es bien distinto. Se han establecido movimientos de expansión considerables en las poblaciones introducidas en los Estados Unidos (Dickinson y Simpson, 1980), así como en las españolas del sureste (Cassinello, 200: Cassinello et al., 2004). Tras establecerse en la Sierra de Espuña, su dispersión alcanzó un radio de ochenta kilómetros a los pocos meses. Cada año se ha ido constatado un avance considerable del área de presencia de la especie en el sureste, por lo que su nivel colonizador, acompañado de una potente tasa reproductiva (alrededor del 30% anual), multiplica considerablemente sus efectos sobre el ecosistema. Sin duda el clima favorable, la baja densidad humana presente en el sureste ibérico y la práctica ausencia de depredadores facilitan el nivel de expansión del arruí en la Península.

Repercusiones ganaderas

  • Riesgo de hibridación con ovejas domésticas. Es el caso exclusivo del muflón, el cual tiene la capacidad de cruzarse sin problemas con el ganado ovino, al tratarse de la misma especie, tal y como, ya se ha comentado anteriormente. Este es un riesgo para el propio ganado, con indeseables resultados híbridos, como para la población de muflón, que podría verse alterada morfológicamente, de tal modo que perdiera su interés cinegético.
  • Competencia por los recursos con el ganado. Tanto muflones como arruís pueden ocupar áreas utilizadas tradicionalmente por el ganado doméstico y los pastores, por lo que su presencia puede originar un conflicto de intereses con la actividad ganadera, particularmente el arruí, con su ya comentado proceso de expansión, hoy por hoy carente de toda monitorización.

Repercusiones sociales

  • Nuevo interés cinegético. Con la introducción de especies exóticas, ajenas a la fauna propia de nuestro país, se ha fomentado el interés, previamente inexistente, por unos nuevos y atractivos trofeos en los aficionados a la caza. Tras el error cometido en dichas introducciones se ha intentado en algún caso corregirlo, como es el caso del arruí en La Palma, dadas las potenciales repercusiones negativas sobre flora y fauna endémicas, sin embargo nos encontramos en la actualidad con intereses encontrados: por un lado el de los cazadores, favorables a la presencia de estos nuevos trofeos, y por otro los ecólogos, que temen por el equilibrio de unos ecosistemas ya de por sí muy dañados por la actividad humana.
  • Conflicto con los intereses de ganaderos y agricultores. Asimismo, la presencia del arruí en tierras murcianas ha despertado intereses encontrados. Tanto ganaderos, por la competencia con el ganado ya comentada, como agricultores, por la presencia continuada de arruís en sus cosechas, han mostrado su malestar por las pérdidas económicas que les ocasiona la presencia de este gran herbívoro en sus tierras. En el caso de los agricultores, de algún modo palian la presencia de los arruís con el vallado de sus tierras, un vallado extra que representa un considerable desembolso económico.
  • Conflicto con los intereses de los conservacionistas. Las introducciones de especies exóticas es la práctica, si no abolida, al menos cada vez menos frecuente, pues los estudios ecológicos han demostrado los claros efectos negativos que originan en el funcionamiento del ecosistema huésped. En el caso de las especies que nos ocupan, es particularmente dañina la presencia de un herbívoro generalista y de gran capacidad expansiva como el arruí. Urge llevar a cabo estudios científicos que corroboren los efectos que está ocasionado sobre el medio, pero indudablemente, su presencia debiera minimizarse al máximo, estas medidas chocan frontalmente con los intereses cinegéticos creados en las zonas en donde han sido introducidos, destacando de nuevo el caso de las Islas Canarias.

¿Ha de ser considerado el gamo especie exótica?

Se trata de un cérvido procedente de Asia que colonizó el continente europeo durante el Paleolítico.

El muflón tiene tendencia a ocupar zonas de ecotono entre bosque y pradera, con ciertos movimientos estacionales en altitud.

Hay evidencias paleontológicas que indican que sufrió un serio declive poblacional y retroceso en su distribución durante las glaciaciones que tuvieron lugar en aquel tiempo geológico. Se estima que las poblaciones supervivientes quedaron relegadas a las áreas menos afectadas por los hielos perpetuos de la última glaciación (Wurm) hace 10.000 años (Masseti, 1996). Tras la última glaciación, los hábitats predominantes en la Europa meridional eran la estepa forestal y la tundra (Ray y Adams, 2001), siendo el primero óptimo para el establecimiento de un herbívoro como el gamo.


Sin duda el clima favorable, la baja densidad humana presente en el sureste ibérico y la práctica ausencia de depredadores facilitan el nivel de expansión del arruí en la Península.

Esto querría decir que el gamo permanecía en las zonas más meridionales de Europa hasta que el hombre moderno comenzó a influir en su distribución. Hay constancia histórica de la reintroducción de la especie en todo el continente europeo por parte de fenicios y romanos, muy aficionados a la caza. Asimismo, en la Edad Media se propició la presencia de este cérvido en parques y sitios de caza (Chapman y Chapman, 1975). En la actualidad se encuentra distribuido a lo largo de todo el territorio peninsular español. Destacan las poblaciones del noreste, Serranía de Cuenca, Montes de Toledo, Ciudad Real, Sierra de Cazorla, Doñana y Cádiz (Braza, 2002).

 
Fotos: Jorge Sierra, C. Torres y archivo de Caza Mayor

 

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