En el Número de Mayo:

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  • Trucos para cobrar las perdices tocadas.
  • A liebres entre retamas y tomillos.
  • El veneno sigue provocando muerte.
  • Repoblaciones de perdiz.
  • Cómo disfrutar de la naturaleza.
  • Los mejores terriers para la madriguera.
  • Recechos de corzos y acechos de cochinos.
  • Rifle Mannlicher Classic Light.
  • Escopeta Caesar Guerini Summit Trap.

Memorias de un jaulero andaluz


Damián Fermín Vaquero Amor
368 páginas
Sevilla 2006

Vicios y resabios del reclamo

Ya hemos mencionado en estas páginas la aparición de un nuevo y apasionante libro sobre una de las modalidades cinegéticas más tradicionales y que cuenta con gran número de aficionados en muchas zonas de nuestra geografía. Este mes traemos unas líneas de la obra de Damián Fermín Vaquero Amor, conocido jaulero andaluz, precisamente así titulada: Memorias de un jaulero andaluz.

No es difícil abrir el catálogo hacia los lugares diferentes, situando primero a los reclamos que nacen con vicios de comportamiento y a aquellos otros que, a la hora de su trabajo en el arbolete, sacan a relucir sus debilidades, corregibles algunas veces cuando son pollos nuevos, pero muy difíciles de enmendar si adquieren caprichos cuando son más de celos, variando, estilos y comportamientos, soportables si nos habían avisado en casa, pero imperdonables si aparecen en el tantillo sin causas que justifiquen tan desagradable hacer. Dichos vicios son los que vamos a tratar, que pueden disminuir o aumentar, según la calidad de nuestro perdigón o bien, a base de paciencia, enmendar determinadas actitudes si es que el pájaro en cuestión se merece nuestra atención y cuidados.

En principio, te aconsejo que adquieras un pollo suave, que no se altere más de lo normal como inquilino de un lugar que desconocía y que se adapte al cajón o jaula pasados unos seis u ocho días. Todo ello al margen de su presencia por tamaño, pluma, etc. Y en el caso de que te llegue por el medio que fuere, ya de adulto, con tres o más celos, lo mejor que harás es desecharlo en el caso que el o los vicios que tenga sean superiores a sus virtudes, conocidas o supuestas.

Aconsejo un pollo suave, que no se altere más de lo normal como inquilino de un lugar que desconocía y que se adapte al cajón o jaula pasados unos seis u ocho días.

Son vicios que se evidencian a primera vista los saltos en el jaulón y los intentos continuados de meter la cabeza entre los alambres o palillos y sacarla por los comederos, tratando de darse a la fuga; el picoteo permanente y con mucha rapidez en el techo o paredes del terreno; el volcarse hacia atrás en la jaula, lo que se conoce por tomar un trago, y que algunos hacen con tanta violencia que hasta llegan a ponerse la cabeza en la cola dando casi la vuelta de campana; el tirar las semillas que no les gustan; tocar la guitarra en los alambres de la jaula o recorrerlos de abajo hacia arriba; asustarse excesivamente cuando vamos a quitarlos del pulpitillo... Y mil y una costumbres más con las que nace o que pueden ser adquiridas, pero que casi siempre provienen del rechazo al hombre, de su falta de adaptación al nuevo medio; aunque ya hacemos la salvedad de cuándo y cómo podemos soportar tales caprichos, que antiguamente había que aguantar porque no era fácil hacerse con un equipo de dos o tres machos específicos.

Actualmente las granjas, los grandes ojeos y, en último caso, la saca en incubadoras procedentes de nidos estropeados y recriados con gallinas, facilitan la compra de algunos pollos que, por cierto, hemos de advertir suelen ser broncos si han sido criados por gallinas en corrales. Nadie nos da una explicación concreta, pero el caso es así de cierto en la mayoría de las ocasiones. ¿Cómo educamos a estos salvajes? No podemos fijar patrón de actuación concreta, pero el conocimiento del pollo, el trato diario, el manoseo, pueden ser la puerta de entrada. Y así, un pollastre desagradable que en principio, independientemente de su procedencia, nos rechaza, puede llegar a ser amansado. Por lo que, siguiendo esta pauta que yo tenía muy dejada, he conseguido «convencer» a un pollo de extraordinaria presencia que en principio era manso. y que se maleó con la compañía de los veteranos. Actualmente es reclamo puntero sin llegar a fenómeno, pero útil, de buen rendimiento y, sobre todo, tratable.

¿Cuál es la medicina más adecuada?

Mi paciencia y voluntad de llegar a comprobar el grado de aceptación que tenía Bruno, que éste es su nombre, imponiéndome la obligación de visitarlo a diario una o más veces, sacándole del cajón, dejándole corretear a su antojo durante media hora, racionándole la comida (pienso compuesto) de tal modo que siempre me esperaba con hambre y después de devolverlo a su cajón obsequiarle con unos granos de liga de semillas que poco a poco fue aceptando y que en la actualidad recibe sin saltar, tranquilo, mirando mis manos y titeando al comer los granos que deposito en el suelo del cajón. Bruno ya no es borracho, sigue nervioso, no es muy hembrero, pero ahí está: útil para el ejercicio que le es de obligación si es que quiere seguir formando parte del equipo de un veterano, al que los compañeros de correrías perdiceras, conejeras, palomeras o de otras especies (que todo nos gusta en bien y sereno hacer), acusan de exigente y delicado para y con sus reclamos. Ante tales acusaciones yo les pregunto: ¿es que yo no les doy cuanto les hace falta? Pues eso.

Esto en cuanto al volteo del pájaro en la jaula y cajón, pero válido para otros vicios y feas costumbres siempre desagradables. Ya lo sabes, compañero, la paciencia, el ser insistente y más «cabezón» que el perdigón, te ayudarán a conseguir reclamos mansos, siempre, claro está, que tengas la suerte de que sean dúctiles y receptores y convencidos por los halagos y preferencias que le dispenses, pero siempre teniendo en cuenta que la mayoría de los «otros», de los que no aceptan halagos, caricias ni excelencias alimenticias, aunque siempre se domestican más con un frecuente manoseo y obsequio de golosinas.

Resabios

Emparentados con los vicios, los resabios los adquieren en el cajón, la jaula o en el postero, bien por sustos o por sorpresas desagradables, porque el reclamo sea receloso en el escenario extraño, si es novato, o bien porque es traslado o el «cuelgue» no sean de su agrado. Suelen resabiarse más los pájaros fogosos que los mansos, dado su temperamento y desconfianza. Para los primeros el vuelo de una rapaz, la aparición de un perro, el cencerro de una cabra o cualquiera otra alteración en el entorno natural y, especialmente, un tiro a destiempo, son argumentos más que suficientes para rechazar de lleno nuestros propósitos, que no son otros que los de conseguir una respuesta tranquila y eficaz. A veces podernos perdonarles una salida tardía, ciertas paradas o descansos y algún que otro arreón sobre los alambres de la jaula, cuando tienen el campo a oída cercana o vista cierta. No es infrecuente esta actitud en pájaros fuertes.

El tiro a destiempo, cuando la jaula no está enfrascada en la pelea, causará impacto negativo y el resabio será más incurable si el perdigón es tímido.

He de hacer saber que las causas que más inciden en los resabios, son aquellas que nosotros les procuramos, como por ejemplo el notar y no enmendar que en determinado lugar o postero no están a gusto debido a que se ven ovejas o vacas, aunque no se acerquen al tollo, por lo que hemos de optar por cambiarlo a lugar más tranquilo. De no hacerlo así, es posible que la repetición del evento y presencia lejana del ganado, sea suficiente para hacerle bregar o apechugarse en el suelecillo de la jaula. Preferible este último estado.

Otra causa de resabios en los reclamos jóvenes son las entradas de rapaces que, por pequeñas que sean, hasta el tamaño del alcaudón, suelen «señalar» para siempre la memoria de la perdiz, máxime si es objeto de ataque directo a la jaula. Y no digamos el daño que reciben cuando son agredidos perdiendo plumas o recibiendo heridas. Yo he padecido esta desagradable situación y los resultados han sido generalmente de resabio irreparable. Por ello, debemos estar muy atentos cuando avistemos algún milano, halcón u otros congéneres.

Si al alumno de reclamo le entra algún guerrero de primer orden y no se calla, recibiéndolo con buenos modos, debemos tirarle pronto sin esperar a la hembra y, si entran ambos, darles tiempo para que alguno se oculte a la vista de la jaula, o tirar cuando haya certeza de que ambos se van a quedar seguros bajo el pollo. En caso contrario, el vuelo de uno de los dos entrantes le dará un sobresalto que no olvidará.

El berraqueo o rajeo suele provenir de alguna mala faena causada por el cazador, pero al ser también síntoma de miedo, debemos cerciorarnos si el resabio procedía de un propietario o cuquillero anterior, o adquirido recientemente. Es signo de cobardía el que se acoquineo pegue el «pechugazo» en la jaula ante la presencia de un par, hembrilla o macho de entrada normal. Resabio que podemos quitarle si lo llevamos a otros puestos, lo colgamos muy oculto para que no vea de lejos al que viene y, a la entrada, podemos tirarle por ver si nos acepta el tiro. El nos dará o quitará la razón.

Complejidad

Existe tal complejidad en esto de los resabios que cuando menos lo esperamos se nos niega un pájaro que apuntaba bien, por causa de cualquier insignificante detalle, o bien responde positiva e inesperadamente, en cuyo caso podemos abrigar esperanzas, repitiendo puesto. Pero la mayor culpa en los resabios incorregibles la tenernos nosotros mismos, ya que se producen a causa de los disparos que hacernos a destiempo, y que son de varios matices: cuando el reclamo no está «peleando» con el que matamos y sí con otro que nosotros no vemos: cuando no está en recibo o, lo que es igual, en lucha abierta con el entrante; cuando tiramos a la hembra para que vuelva el macho que es el que está en recibo... El tiro a destiempo y, especialmente, cuando la jaula no está enfrascada en la pelea, causará impacto negativo y el resabio será más incurable si nuestro joven y novel perdigón es tímido y no de muchos fueros. En este caso, de poco nos valdrá el que saquemos de nuevo en repetidas ocasiones aun dejando al campo cumplir ante la jaula. Nos quedaremos esperando respuesta positiva.

Cobardicas

Este antes dicho resabio y los otros anteriormente anotados se dan entre los tímidos y los cobardicas, porque los valientes, fogosos y bravos suelen responder normalmente, y no digamos los que van para figuras, a los que nada les extraña ni espanta en principio, pero tampoco están asegurados ya que en ocasiones suelen responder a las malas faenas al segundo o tercer celo. La recepción de escudo que hace la jaula al campo no puede considerarse como resabio y hemos de encuadrarla en muestra de fogosidad y momento culminante del celo, que ya sabemos los aficionados cómo atemperar a base de sueltas cuando volvemos de cazar (nunca antes de ir), restándole pienso de encele y semillas como cañamón o alpiste, dándole abundante verde y separándolo del resto de sus compañeros, si notamos que le vale de templanza, o bien obsequiándole con un buen baño de agua no muy fría, y suministrándole arena basta de río en el cajón donde quedará hasta el siguiente puesto.

Vicios o resabios, buenos o malos resultados, enseñanzas de buenas costumbres son hechos que se suceden en distintos estados del pájaro y, por supuesto, según su valor y casta, siendo el trato del jaulero parte esencial en el resultado del rendimiento en el que, repetimos, es de primordial importancia la calidad del pájaro y la aplicación de ese «librillo» que guardamos como cada maestrillo, que en eso de ser maestros no hay quien nos gane a los perdigones.
 
Damián Fermín Vaquero Amor

 

Comentarios (6)

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Vicios y virtudes
Sierra
14/05/2007 0:00:51
Hola Damian: Tus apuntes sobre el reclamo me parecen bastante interesantes y creo que sería un tema para tocar en el foro de reclamo con el fin de cambiar impresiones con los demás compañeros de afición.De todas maneras pronto aparecerán por aquí diversos comentarios.
Saludos
Sierra
Excelente, adecuado....
tibi
14/05/2007 11:16:50
y conciso. Permítame agradecerle su artículo, pues me ha parecido, muy interesante y aclaratorio, llegando a cualquier tipo de lector aficionado a este Arte.
Gracias.
David/Jaulero.
Mis mas sinceras felicitaciones
ACEBUCHAL
14/05/2007 14:22:59
por este artículo y por el conjunto del libro, que como bien se titula, nos ofrece las memorias de una "gran" jaulero andaluz. Te deseo suerte y salud, para que pronto nos puedas obsequiar con otra gran obra para incluir entre los "clásicos de la literatura del reclamo".

Por mi parte, quedas invitado a ilustrarlos con tus conocimientos sobre los vicios y resabios, de los que con gran seguridad, hablaremos largo y tendido en este foro.

Un fuerte abrazo.
Salvador/Acebuchal.
Mi enhorabuena por el articulo
PACO PORTALES
16/05/2007 9:36:30
Damian te felicito por el articulo sobre vicios y resabios, expones un abanico de casos tan amplio que se escapan pocos, lo que demuestra tu experiencia y sabiduria.
Me quedo con la paciencia, una de las virtudes esenciales, lástima que algunos entre ellos yo no tengamos el tiempo necesario que quisiéramos.
Un saludo y muchas gracias por tu exposición
vicios y resabios
carrasquillas
23/05/2007 9:33:24
enhorabuena por este articulo, no muy laargo pero con una sustancia importantisima para un cuquillero de los de verdad.
uan abrazo.
carrasquillas.
me he hemocionado al leer su articulo.
sanchezg
16/09/2015 22:40:18
ace muchos años honrro usted mi casa, con su presencia.yo hera un chaval.espero que cuando lea usted estas letras goze de una inmejorable salud. he recordado al mentar la palabra ENFRASCADO .me ha hecho usted recordar al pobre de mi padre, que siempre me decia. joaquin no tires hasta que el pajaro no este enfrascado .heran otros tiempos,pero la buena escuela no se deve perder.en ocasiones les digo, alos compañeros que cualquier dia voy a hacer una relacion de maestros del reclamo con los que me meti en los puestos de chaval.ya he comentado en otra ocasion, que todavia salgo con mi gran amigo curro que cuenta con 96 años y si caza este año dios lo quiera contara con un año mas.yo le deseo a usted que caze un monton de años mas, igual que el amigo curro me despido con un fuerte abraso, y espero verle pronto.

 

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