En el Número de Abril-Junio:

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  • Caza en Extremadura. Terrenos cinegéticos (I)
  • Jornadas gastronómicas de caza en Aldebarán
  • Literatura cinegética
  • Comercio. Coto de pesca
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El corzo en la Sierra de San Pedro

 

¿Vuelta a los orígenes?

Es la evolución de las poblaciones extremeñas de corzo, un ejemplo de cómo se han desarrollado estas en el contexto ibérico, todo un fenómeno en el que entran a formar parte numerosas variables relacionadas con la naturaleza. De una población que debió ocupar buena parte de nuestras sierras y montes, tal y como se desprende de la documentación a partir del siglo XVI, a principios de los años ochenta se veía relegada al único lugar de toda nuestra región: los aledaños del pico Villuercas, donde además no parecían ser abundantes.

Su desaparición hubiera estado cantada de no ser por los cambios en materia de explotación agroganadera y cinegética.

Esta población estaba aislada muy posiblemente del resto de los montes de Toledo y su desaparición hubiera estado cantada de no ser por los cambios que en materia de explotación agroganadera y cinegética se dieron a raíz de la incorporación de España a la Comunidad Europea y el propio devenir de nuestras circunstancias. Y de esa pequeña burbuja que se veía acantonada entre robles, encinas y castaños, pasamos a la tremenda explosión poblacional de la que aún somos testigos.


Demos un somero repaso a la situación actual de nuestro corzo: por supuesto que hoy podemos encontrar a esta especie en toda la comarca natural de Las Villuercas y desde aquí se ha proyectado hasta las sierras del Pedro Gómez en los aledaños de Trujillo: ha corrido hasta la sierra de Cañaveral y se pueden ver en el Portezuelo e incluso se localizan los primeros ejemplares en las sierras de Montánchez y alrededores de Alcuéscar. En la provincia de Badajoz han entrado y se expanden por todo el Cíjara y cubre la comarca de Los Montes, han bajado hasta la sierra de Siruela y su presencia es conocida desde Capilla hasta Cabeza del Buey. Todo, en poco más de quince años y con sus propios recursos.

Corredores naturales

El abandono del campo es uno de los principales argumentos que se utilizan para la explicación de esta expansión. Si nos fijamos en el recorrido de esta población a partir de su origen y hasta los lugares citados anteriormente, que es en los que hoy se encuentra, veríamos que se trazan invasiones lineales a partir de su origen y que se proyectan y divergen una vez llegados a determinados lugares.

Estas proyecciones lineales son los corredores naturales: áreas semiabandonadas, con escasa presencia humana y donde los individuos encuentran refugio y comida. Son los ríos y las sierras los lugares por excelencia para permitir el paso de la fauna y del corzo en particular; estas últimas, sirven además como espacios de extensión de las poblaciones y como renuevo de la propia expansión ya que, a partir de ellas, surgirán nuevas divergencias con una intensidad mayor de la que llegaran a esa zona. Los ríos son los espacios naturales que verdaderamente sirven de cordones de conexión entre unas y otras comarcas. Un ejemplo de esto es el río Almonte, uno de los corredores naturales y uno de los espacios más singulares de Extremadura y que a punto ha estado de ser inundado con el beneplácito de nuestra administración. Este río, que nace en el mismo pico Villuercas, permite la conexión entre esta sierra y todos los encinares que se extienden hacia las tierras de Trujillo o Cáceres, o hacia el norte, enlazando con otro corredor natural como es el Tajo. El río Almonte sirve de conexión con otros ríos de importancia faunística, como es el Tozo, el Magasca o el Tamuja, cauces que sirven para explicar la presencia del corzo en determinados lugares.


Poblaciones esponjosas

Pero debemos de ser cautos y no llevarnos a engaño con esta expansión, cautos a la hora de manejar y explotar cinegéticamente estas poblaciones. El corzo es un animal territorial y cuando un individuo se asienta en un lugar puede ocupar un amplio espacio solo o en pareja; no olvidemos que tanto machos como hembras son territoriales. El hecho de que haya corzos en un lugar no significa que llegan en una oleada espesa e invasiva que se asientan definitivamente y con fuerza en ese espacio. Lo normal es que lleguen individuos aislados, a veces separados del resto de la población de la que proceden y tanteando de alguna manera las posibilidades de permanecer en esa nueva zona; esto ha sucedido en Extremadura en algunos términos y tales exploraciones no llegaron a tener éxito en su momento. En todo caso, establecerán unas fronteras que defenderán ante la posible llegada de otros congéneres y que, si llegan, deberán asentarse atendiendo al mismo patrón territorial.

La creación de esos territorios está expuesta de una manera seria a la viabilidad de su propietario y, para que esto sea así, debe haber un renuevo importante que puedan sustituirle en el caso de fracaso, pues importante es la mortalidad del corzo y muchos los factores que juegan en su contra.

El aprovechamiento cinegético debe por tanto establecerse una vez que han pasado varios años desde la llegada de los primeros individuos y una vez que la densidad de la población se mueva en un mínimo superior a los cinco individuos cada cien hectáreas. Esto supondría el establecimiento de unos dos machos cada cien hectáreas y en torno a tres hembras, con un reclutamiento anual medio teórico de una cría macho y dos hembras, en los momentos de la colonización.

El corzo en San Pedro

Y en las puertas de esta sierra, núcleo cinegético por excelencia en Extremadura, es donde va se encuentra el corzo extremeño. Es de los pocos lugares en España donde se detalla la evolución de sus poblaciones y las causas de su desaparición: el montero de Alpotreque es a quien debemos esta herencia y algunos de los trofeos de corzos de San Pedro que abatiera en su momento, aún conservados por sus descendientes.


Que siempre se haya asociado al corzo con lugares húmedos, con hierba fresca y tiernos brotes, no es sino el error de tantos años de lectura cinegética centroeuropea. El corzo, como bien lo demuestra el corzo extremeño, es capaz de vivir en el áspero jaral y soportar los tórridos veranos extremeños, y tal y como está recogido en la documentación a partir del XVI; más allá de este tiempo, podríamos incluso pensar en que el corzo haya vivido durante miles de años en sierras como la de San Pedro antes de que acabáramos con sus poblaciones.

En San Pedro se deben dar, por tanto, todas las condiciones para que esta especie se asiente de nuevo y pueda campar como lo hiciera hace casi un siglo. Es cierto que el corzo se va a encontrar ahora con una serie de elementos que antes no conociera, como es la proliferación de alambradas, las altas densidades de cervuno y la inclusión de otras especies que antes no existieran.

A pesar de ello San Pedro sigue siendo un lugar potencialmente interesante para la instalación de esta especie, valles muy apetecibles para el asentamiento de territorios reducidos de hembras y machos y lugares de frontera entre montes y dehesas que, en esta expansión extremeña, están siendo muy apetecidas por las parejas de corzos. Pequeños huertos, umbrías añojas, pastizales rodeados de monte, madroñales..., son muchos los lugares en los que podrían asentarse los corzos y tener una población en su conjunto conectada entre sí y con posibilidades muy ciertas de aprovechamiento cinegético.

La entrada en San Pedro es dificultosa, así como su asentamiento. Pero si existe voluntad por parte de propietarios y administración, podrían adecuarse lugares a la espera de esta especie, favorecer la densidad originaria y tener en esta especie un nuevo recurso cinegético que complemente el de monterías y recechos a ciervos y jabalíes principalmente.

De esta forma tendríamos una especie que nunca debió desaparecer en estas manchas señeras y podrá incluso favorecer la llegada y establecimiento de otra que en los años noventa abandonó Extremadura al desaparecer de la sierra de San Pedro.

Por Patricio Mateos-Quesada.
Biólogo. Grupo Corzo de la RFEC

 

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