En el Número de Febrero:

  • Una asignatura pendiente. Israel H. Tabernero
  • Los polémicos conejos del Valle de la Albaida. Alejandro Chinchilla
  • Museo del Reclamo. José Ignacio Ñudi.
  • Rectificar es de sabios. Francisco Cuenca Anata
  • Los venados seleccionan el sexo de sus crías. Oscar Rodríguez
  • Campeonato de España de Cetrería. Pablo Montiel
  • Monterías: Para todos los gustos... Varios autores
  • De ronda. Alfonso Antonio Marín
  • Los "gatos" de Etosha. Diego Ayala
  • Entrevista a Fernando de Andrada-Vanderwilde. J. I. Ñ.
  • Cómo elegir visor. Juan F. París
  • Franchi Witeegold. F. F. P
  • Sauer 202 Edición Limitada. J. F. P.
  • El "desentrenamiento" en veda. Juan José García Estévez.
  • Cazar y guisar. Ramón J. Soria
  • Deporte noble. Eduardo Coca Vita
  • El jabalí, de papel. Tico Medina
  • Todos los picotazos... Mariano Aguayo

La paloma vuelve sobre sus pasos

La pasa, la entrada en la Península de palomas torcaces procedentes de Europa, ha sido un poco más tardía y, lo más novedoso, volvió a cruzar por los pasos más tradicionales y del interior, rompiendo con lo acontecido en las últimas campañas, en las que se había dado un aumento de los bandos por los pasos más próximos al Cantábrico. Por otro lado, la salud de la especie, estudiada con mimo en Francia desde hace al menos 30 años, se califica de buena, incluso los censos marcan un aumento poblacional.

Como ocurre año tras año cuando avanza el otoño, los pasos naturales limitados por los Pirineos occidentales y el Golfo de Vizcaya volvieron a poblarse, en mayor o menor medida, de puntitos negros: unas veces más cercanos y otras a lo lejos. Se trata de un viaje ancestral en el que millones de aves, entre ellas las torcaces, entran en la Península buscando la comida que le proporcionará un invierno más suave. Este tránsito de palomas torcaces y, en menor medida, de zuritas —las dos especies migratorias que pasan el invierno en el suroeste de la Península y, también, en el sur de Francia— ha generado desde mucho tiempo atrás una importantísima afición entre miles de cazadores que las aguardan en los tradicionales puntos de paso. Esta afición, muy arraigada y con un fuerte componente social, hizo necesaria una reglamentación específica que se remonta a los tiempos de Carlos III.

Los censos ofrecen datos positivos y esperanzadores para esta caza tradicional.

Sin retrotraerse a tres siglos atrás, cabe señalar que la campaña de 2006 ha sido algo más tardía que en los años precedentes. La pasa se ha hecho de rogar pero, finalmente, muchos cazadores han concluido con un buen balance. Este año ha sido especial en este sentido, ya que las palomas han vuelto a entrar por donde solían muchos años atrás, de forma que los grandes bandos se han dejado ver especialmente por las tierras del interior, en lugar de las tierras más próximas al Cantábrico, con mucho protagonismo en anteriores cursos, algo que se había convertido ya en habitual.

«Hacía años que no veíamos tanta paloma por los puestos de tierra Estella. Hemos tenido 10 días muy buenos, a finales de octubre y principios de noviembre, con bandos grandes. Es la primera vez en años que veo tanta paloma», explicaba el 17 de noviembre Roberto Chandía, un cazador de Zúñiga perteneciente a la Federación Navarra de Caza.


Los cazadores disparan sus semiautomáticas al mismo tiempo. Se suelen utilizar cartuchos potentes y perdigones muy gruesos para intentar bajar las palomas de las nubes.

Su opinión está refutada por otras voces, como la del presidente de la Asociación de Cazadores de Navarra (Adecana), Miguel Iñigo: «La campaña empezó mal, pero tuvo un cambio muy importante a finales de octubre y a principios de noviembre, cuando se vieron bandos abundantes de paloma... y también de grullas y anátidas. Ha sido una temporada tardía, pero buena».

Estas sensaciones contrastaban, lógicamente, con las reflejadas por un periódico guipuzcoano, que hablaba a principios de noviembre de «otra mala temporada de caza de paloma en los valles cantábricos», y de cómo los cazadores habían visto, en general, «muy poca paloma». Quedará esperar a la temporada próxima para ver si se consolida esta tendencia.

Poblaciones sanas

En cualquier caso, el balance de la campaña se diluye en un análisis mucho más global e importante para esta especie migratoria, como es observar la situación actual de sus poblaciones, sujetas a estudios científicos y fiables. Al respecto, destaca el papel desempeñado por el Grupo Internacional sobre la Fauna Silvestre (GIIFS), creado en 2000 y que en España representa José María Usarraga Unsáin, director del Proyecto de Caza Sostenible en Especies Migradoras. Independientemente de las vicisitudes que condicionen una temporada, como pueden ser las condiciones climatológicas o la presión cinegética, el GIIFS ofrece datos muy optimistas.

Según Usarraga, «existen entre las palomas torcaces tres tipos o grupos importantes: las de largo recorrido, de corto y sedentarias. Es muy complicado realizar censos de especies migratorias, por lo que los únicos datos de que disponemos son los del Tuker, y afectan a todo el Paleártico Occidental, que abarca todo el oeste y el norte de Europa y el norte de África», apunta. Los datos que se manejan aún no están demasiado afinados, ya que existen países que realizan censos desde los años 70 y otros que empezaron en los 90, de forma que «se espera que en 2009 se pueda hacer una estimación más real. Los métodos se están perfeccionando», señala Usarraga.

De momento, se calcula un abanico muy amplio de población de paloma torcaz en Europa, que oscilaría «entre los 9 y los 17 millones de parejas reproductoras», mientras que la paloma zurita, especie mucho menos numerosa, tendría «entre las 520.000 y las 720.000 parejas».

De todas ellas, se calcula que entre 2 y 3 millones cruzan cada año los Pirineos para pasar el invierno en el suroeste de la Península Ibérica en zonas como Extremadura, la cuenca del Tajo o el Alentejo portugués, y otras muchas eligen las vías marítimas, de forma que pueden llegar a estas zonas de invernada peninsular entre 5 millones y 5,5 millones de palomas. También existe un importante foco de invernada en el suroeste de Francia, en la región de las Landas.

Los censos ofrecen datos positivos y esperanzadores: «En los últimos siete años se ven las curvas de conteo un ligero incremento, es decir, hay unas poblaciones estables y con tendencia al alza», apunta Usarraga, que aplica en consecuencia este comentario a la temporada actual. «La paloma pasa, como todos los años, sólo que con esa ligera tendencia alcista que he comentado. Dentro de eso, hay que contar con que siempre habrá puestos en los que se cace más o menos, pero eso no se puede predecir. La paloma es un animal gregario que migra en grandes concentraciones, centradas a mediados de octubre y principios de noviembre, pero no hay un paso concreto», señala el director del Proyecto Caza Sostenible en Especies Migratorias.

Las migraciones y sus factores

La migración de esta especie está condicionada por la falta de alimento o el clima. Precisamente este último motivo podría justificar el paso tardío que se ha dado este año, en una tendencia que ya se había observado en las últimas temporadas. Para Usarraga, esta pequeña modificación en los hábitos de las migratorias «podría tratarse de otro efecto del cambio climático», asegura. Asimismo, es bien sabido que las vías de paso son las zonas con altos próximas a los Pirineos, que ofrecen mejor tiempo que las elevadas cumbres de la cordillera, tan a menudo cubierta de nubes provocadas por el viento sur.


En estos puestos de pasa está permitido doblar puesto.

Llama poderosamente la atención el buen estado de salud del que hablan los científicos respecto a esta ave migratoria, a pesar de que se reconoce que sufre altas tasas de mortandad. «De hecho, existen zonas de Europa en la que la paloma está considerada una plaga, corno en la cuenca del Rhur, en Alemania, o en Inglaterra», indica Usarraga. En ese sentido, desde el GIIFS se observa la existencia de «un aumento de la sedenterización y urbanización de determinadas poblaciones de palomas torcaces» en las grandes ciudades europeas, como Madrid, París y Londres.

Los estudios poblacionales de los que se nutre el GIIFS son censos de migración realizados desde mediados de octubre hasta la última semana de noviembre en cinco puntos claves de observación: Urrugne, Sare, Banca, Arneguy, los cuatro en Francia, e Irati, ya en Navarra. Entre los cuatro primeros, se contabilizaron en 2005 un total de 2.161.877 aves. Asimismo, elabora un segundo grupo de censos de invernadas que se llevan a cabo de diciembre a enero en los dormideros de la cuenca del Tajo —España y Portugal— y en la zona de las Landas —sur de Francia—, en un trabajo concienzudo y muy coordinado en el que intervienen casi medio millar de personas. Para ello, colaboran desde hace siete años las Federaciones del sur de Francia y las Federaciones territoriales de Euskadi; todo ello integrado, finalmente en 2005, en el proyecto de Caza Sostenible en Especies Migratorias, en el que están involucradas las Federaciones francesas y las Administraciones españolas. Como indica Usarraga, este trabajo transfronterizo, en equipo, «es la única manera de conocer la realidad de un ave migratoria».

Los datos aportados por estos estudios hacen concluir que, al menos en los próximos años, la presencia de las palomas en la línea que une los Pirineos con la cuenca del Tajo está asegurada. El clima, o el cambio climático, marcarán de forma decisiva los trayectos de las torcaces.

Primera huelga de palomeros en 500 años

La temporada de paloma ha dejado una anécdota significativa, como es la primera huelga de palomeros en Etxalar en 500 años. En esta localidad navarra, en concreto en el Collado de Larmendi, se desarrolla de forma ancestral una caza paloma mediante redes, en las que se enredan las aves después de ser dirigidas mediante paletas, trapos y otros artilugios.


El puesto de Etxalar que ha provocado la primera huelga de los palomeros en 500 años.

Sin embargo, en esta ocasión no se instaló la red, y ello a causa de las protestas a causa de la modificación del puesto número 3, que se elevó 80 centímetros por encima de lo permitido, una medida que dificulta la caza en los puestos vecinos. A modo de queja, los palomeros instalaron letreros en la Txabola de Gaztelu, la borda en la que se refugian del mal tiempo y en la que guardan sus aperos, con la leyenda Usazaleak greban, Udaletxearekin desadostasuna —Palomeros en huelga, en desacuerdo con el Ayuntamiento—. La huelga estropeó así la fiesta de las palomas, celebrada tradicionalmente a principios de octubre y con la que se homenajea este tipo de caza ancestral que data del siglo XV y permitida en Etxalar mediante una disposición adicional establecida en la Ley de Caza en Navarra. Etxalar es el único punto en la península en el que se autoriza la caza de palomas con red.

Los estudios transfronterizos

Como animal migratorio, la paloma precisa estudios y medidas globales en los que se involucren territorios muy distantes entre sí, pero que poseen igual importancia en el ciclo vital de esta ave. En esta línea, adquiere gran importancia el GIIFS (giifs.org), el Grupo de Investigación Internacional sobre la Fauna Silvestre, creado «con el objeto de armonizar los estudios sobre las especies migratorias y transfronterizas entre los diferentes países». El GIIFS, compuesto por el Giifs de Francia y el Giifs de Euskadi, se presenta como una vía para «definir las medidas de conservación oportunas; instaurar un aprovechamiento racional que integre en particular el mantenimiento de las actividades cinegéticas, teniendo en cuenta la variedad de las culturas y tradiciones; y asesorar a cualquier autoridad competente en el ámbito regional, nacional e internacional». Está financiado por la Federación de Cazadores de Euskadi, la Federación de Cazadores de Guipúzcoa, el Gobierno Vasco, las Diputaciónes Forales de Gipuzkoa, Araba y Bizkaia, la Federación Española de Caza, la Federación Regional de Caza de Aquitaine, la Federación Regional de Caza de Midi-Pyrénées, el Consejo Regional de Aquitaine, el Consejo Regional de MidiPyrénées y el Fondo Aquitaine-Euskad. Cuenta asimismo con más de una veintena de administraciones, asociaciones o servicios de diverso tipo entre sus colaboradores.

Los cazadores disparan sus semiautomáticas al mismo tiempo. Se suelen utilizar cartuchos potentes y perdigones muy gruesos para intentar bajar las palomas de las nubes.

En estos puestos de pasa está permitido doblar puesto. Sobre estas líneas, el puesto de Etxalar que ha provocado la primera huelga de los palomeros en 500 años.

 

Pablo Almárcegui
Fotos: Juan Mari Ondikol
Foto apertura: Ramón Arambarri

 

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