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Desarrollo rural, agrosistemas y caza menor
Jesús Nadal
Las poblaciones de caza menor y sus hábitats dependen de los impactos que contra la naturaleza ocasionan los sistemas de producción agresivos. Los consumidores no asumimos los costes externos de los productos, aquellos que se derivan de los daños ocasionados a los ecosistemas. Por eso es necesario convertir la actividad humana en ecocompatible, si deseamos recuperar las poblaciones de caza menor silvestre.
El precio que pagamos por los alimentos —procedentes del mundo rural— incluyen los costos de producción, los intermediarios, el proveedor y el vendedor, estos sólo son los consumos internos del producto. Sin embargo, ese alimento ha tenido otros costes sociales —«daños»— que no están incluidos en ese precio, como los que se derivan de los males producidos a la naturaleza por el uso de pesticidas, los atropellos de los vehículos, la contaminación, la degradación de la tierra y el agua, el procesamiento de las materias primas implicadas en su elaboración y la cuota correspondiente por la degradación de los sistemas naturales que todo ello implica.
Si las personas recibimos beneficios económicos por contaminar, agotar los recursos naturales, degradar los ecosistemas, desperdiciar la materia y energía que extraemos de la tierra; cambiar la estrategia en la producción primaria —agrícola, ganadera o silvícola— para hacerla ecocompatible, se trataría de un claro suicidio económico para el agricultor, ganadero o silvicultor, empeñado en conservar la naturaleza. Sin duda, las ganancias por esta actividad del sector primario, disminuirían. Más pronto o tarde, nuestra empresa acabaría en bancarrota y nuestros empleados perderían su puesto de trabajo.

Los beneficios económicos que percibimos por el daño que con nuestras actividades ocasionamos en los ecosistemas, la tierra y el agua, debido a que no pagamos su necesaria restauración, son los costos externos de la producción de bienes. Precisamente la PAC, su condicionalidad y las medidas agroambientales, deberían ser la reumeración de los urbanitas al sector rural, para que la producción de éstos fuese menos agresiva con el ecosistema y de más calidad. En contraposición a las disposiciones de la Unión Europea , sorprendentemente en nuestro país, estas ayudas no sólo no promueven los usos blandos de la tierra —aquellos que son ecocompatibles— sino que premian la agroganadería más dura y agresiva con los sistemas naturales. ¿Por qué aquí no se ayuda a la conservación y se sanciona la destrucción? que todavía no hayamos llegado a la degradación que ostentan los paisajes de nuestros vecinos centroeuropeos, resulta un argumento tonto y de miras estrechas. Precisamente nuestro principal recurso y reclamo, es la mayor calidad de vida que disfrutamos, ya que por ahora vivimos en un entorno mucho menos degradado que ellos ¿por cuánto tiempo?

Fig. 1. Relación de las actividades humanas con los ecosistemas, cuanto mayor es nuestro PIB —Producto Interior Bruto— más impactamos en la naturaleza.
La abundancia de las especies de caza menor es un excelente índice para evaluar la calidad de la vida en nuestro entorno. Las perdices, conejos, liebres, etc, aportan oportunidades para el ocio, el deporte, la cultura, la economía y la funcionalidad ecológica de los agrosistemas. Estos animales no sobreviven en los paisajes impactados cuando la intensificación y dureza de los usos agrícolas, ganaderos, sílvicolas, urbanos e industriales, degrada sus hábitats. El deterioro de los hábitats en los agrosistemas ha ocasionado un alarmante declive en las poblaciones de caza menor. Los cazadores y naturalistas que cuidan estas especies, en primera instancia son los ciudadanos más perjudicados por esta situación. Luchar por la recuperación de la fauna silvestre que vive en las superficies agroganaderas, es una causa totalmente perdida, ya que el cambio de escenario, exige inteligentes negociaciones y poder en la OMC —Organización Mundial del Comercio— para conseguir que se asuman los costes externos de los productos. A pesar de ello, disponemos de buenas herramientas para poner parches que frenen la pérdida de las poblaciones y habitats silvestres. ¿Por qué no usamos la PAC, su condicionalidad y las ayudas agroambientales para conseguirlo? Esto sí que puede estar al alcance de nuestra mano si nos ocupamos de ello, ya que existe legislación europea, estatal y de las comunidades autónomas que hacen posible la producción primaria ecocompatible en algún grado. El problema radica en su aplicación local debido a la tergiversación interpretativa de la legislación, que hacen en las comunidades autónomas y el estado los productivistas —políticos, financieros, directores generales, técnicos, etc.— que no quieren asumir ninguna parte de los costos externos.

Fig. 2. Índice de ecocondiconalidad positivo, correlaciona positivamente la abundancia de las especies antropófilas con el mayor número de impactos humanos.
Nuestra sociedad ambientalmente corrupta, con mentalidad de ecologista urbanita radical infundida desde el sector mediático, necesita herramientas para evaluar los daños que su PIB —Producto Interior Bruto— ocasiona a la naturaleza. Tanto como se hace barata la vida, degradamos nuestros paisajes y mejoramos el PIB, pero perdemos su calidad, indispensable para la tierra y cultura mediterránea. En Canadá hay fabulosos lagos llenos de salmónidos, en muchos de ellos esta prohibida la pesca por su exceso de contaminación, en otros embalses, grandes carteles anuncian que puedes pescar, pero que esta prohibido comerse los peces por los riesgos que eso entraña para tu salud. No debemos permitir que el desarrollo rural implique más contaminación y pérdida de biodiversidad. La producción primaria se basa en la simplificación de los sistemas naturales para evitar la competencia y obtener los máximos rendimientos. Por eso, los agrosistemas habitualmente son ecosistemas muy simples y demasiado lábiles. El declive de las poblaciones de caza menor y de la fauna asociada a los sistemas agroganderos es una muestra evidente de ello. Con la globalización de la economía, la agresividad contra la naturaleza en los sistemas de producción primaria, ha alcanzado cotas insospechadas de impacto negativo sobre los seres vivos. Tanto que en pocos años se ha hecho desaparecer un gran número de especies. Una muestra irrefutable de ello, es el profundo declive que las especies de caza menor silvestre presentan en todos los agrosistemas más intensivos del planeta.

Fig. 3. Índice de ecocondiconalidad negativo, correlaciona negativamente la abundancia de las especies silvestres con el mayor número de impactos humanos.
Hoy necesitamos índices que nos permitan cuantificar el impacto negativo que ocasiona en los ecosistemas la producción primaria agresiva. Los índices nos permiten evaluar si realmente se están aplicando medidas para hacer la producción ecocompatible y, si de verdad comenzamos a pagar alguno de los múltiples costos externos, que egoísta y sistemáticamente estamos dejando a las próximas generaciones. Si la naturaleza del mundo rural hoy esta mucho más degradada que ayer ¿qué tierra vamos a dejar a nuestros hijos? Los índices de ecocompatibilidad dan una respuesta cuantificada a nuestra pregunta y lo que es mejor, son una buena herramienta para destapar las corrupciones del poder económico. Ellos son los indicadores más útiles, para orientar el desarrollo rural positivamente hasta el nivel de calidad de vida que deseamos.
Un índice de ecocompatibilidad es una variable que evalúa la funcionalidad de una parte de la comunidad de fauna silvestre y su relación con la degradación del biotopo donde viven estos animales. En los índices podemos encontrar dos posibles tipos de associación entre ambos sucesos —las poblaciones silvestres y el deterioro del hábitat—, si la correlación entre ambos conceptos es positiva, cuanto más se degrada el medio más abundante es esa parte en la comunidad animal. Por ejemplo, cuanto más se deteriora el agrosistema mayor es la abundancia de ratas, urracas y zorros. El caso contrario es la asociación negativa entre los dos hechos, cuanto más se impacta negativamente sobre el hábitat, más cercanas de la extinción se encuentran las perdices, liebres y conejos silvestres.

Fig. 4. Balance entre la destrucción y construcción de hábitats silvestres. La PAC, su condicionalidad, las ayudas agroambientales determinan cuanto asumimos los costes externos de la producción, por ello si esta es ecocompatible.
Se pueden utilizar muchos otros índices con distintas especies típicas de los agrosistemas, pero precisamente la caza menor, son los animales indicadores más útiles para nuestros intereses y los generales, debido a la cultura diversa que nos relaciona con ella —cinegética, culinaria, literaria, doméstica, económica, ecológica, etc.—. No debemos dejar que se aplique ninguna medida de desarrollo rural, de la PAC, de cualquier otra acción de apoyo que tanto necesita el campo, sobre la que no sean evaluados sus impactos contra la naturaleza mediante buenos índices de ecocompatibilidad, ya que la caza, el futuro de la calidad de vida y la herencia para las futuras generaciones dependen de ello.
Los sistemas naturales son siempre dinámicos, los agrosistemas por sus continuas transformaciones están sometidos a fuertes y dañinos colapsos ecológicos. Un ejemplo de esto son las concentraciones parcelarias, si las evaluamos con índices de ecocompatibilidad, vemos como hemos realizado una gran inversión para finalmente aumentar los costes externos de la producción primaria, que todos evitamos pagar. Pero que tendrán que afrontar las próximas generaciones, si de nuevo desean conocer a algún pájaro que haya nacido en el campo. Debemos exigir un desarrollo rural ecocompatible que no nos quite —robe— calidad de vida, a cambio alimentos —productos— baratos porque no pagamos los costes externos.
Dr. Jesús Nadal. UdL
Texto compartido con Federcaza, mayo 2006.
Comentarios (3)
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03/05/2006 20:57:09
Mas vale que escribieras un articulo sobre el daño que hace esa gente y no sobre los pobres agricultores.
De paso te hago una pregunta: ¿No crees que la misma fauna, como pueden ser las aguilas, hacen mal sobre la caza menor?
05/05/2006 0:52:53
La replica a este comentario por parte de Andruis, sencillamente es "grosera" por su falta de argumentos.
Un saludo
07/05/2006 23:44:47
gracias por compartir su conocimiento con todos los cazadores. EL cazador del futuro, deberá ser, además de conservacionista, ecologista (ecologismo integral) que interprete este mundo de forma global, que tenga en cuenta con respecto a su especie (Homo Sapiens)el papel que le toca asumir y el número de seres humanos que podemos vivir en "Gaia"-Planeta Tierra (cuestión lo del número, a mi juicio, fundamental).
La cuestión es si tenemos oportunidad de reconducir la situación. En lo que se refiere a la caza, el hábitat de las diferentes especies que actúan en nuestros cotos está en precario (desde los años 70 la densidad de insectos a caído un 80%, datos de Tom Gullick). Desde la administración (Administracionesss) a través de los Políticos, se legisla, para proteger los bienes de las personas y de la sociedad y es aquí donde está el problema y la solución.
¿Como podemos modificar esta situación?.
Cada vez somos menos cazadores, además salvo contadas excepciones, las asociaciones, no dan respuesta no dan solución. Son muchas las sociedades que apoyadas por las Federaciones, se dedican a la suelta en los cotos. En caso de tener voluntad de mejorar las poblaciones de especies de caza, estas sociedades, no pueden luchar con la necesidad productiva de nuestros campos.
Ha de ser la administración, la que entienda que es necesario cambiar las cosas. Cada vez hemos de estar más cerca de los ecologistas, crear trabajos conjuntos, que se nos vea como lo que queremos ser, responsables con el medio que nos da de vivir y nos da la vida.
Un saludo.
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