Fracaso reproductor

Jesús Nadal

 

Un año que es un desastre meteorológicamente lo es también por la frecuencia e intensidad de los incendios, por el fracaso de las cosechas, por la pertinaz sequía y por el azote de la piedra. ¿Cuánto daño ha sufrido el coto? Las medidas que cada sociedad de cazadores tiene que aprobar para evitar que el declive en sus perdices silvestres sea más profundo deben ser proporcionales al fracaso reproductor de éstas.

Pagar por no cazar. Los presidentes y los cazadores más sensibles de las sociedades hispanas conocen desde hace años la dureza de esta batalla.

Los buenos gestores, como Tom Gullick, que lleva más de treinta años cuidando perdices en «La Mancha», siguen una estrategia que les permite afrontar sin grandes problemas los años en los que la perdiz no cría. En otros casos, los dirigentes mejor formados de la RFEC, como Santiago Iturmendi —presidente de la DBC—, ya hace tiempo que están recomendando a sus sociedades de cazadores retrasar la apertura de la perdiz hasta principios de Noviembre y reducir a una pieza por cazador y día el límite de capturas en las temporadas malas. Además de adelantar el cierre de la temporada, si lo visto en las primeras jornadas así lo aconseja.

Pagar por no cazar. Los presidentes y los cazadores más sensibles de las sociedades hispanas conocen desde hace años la dureza de esta batalla. La precariedad de la producción del campo es así, esto lo tienen bien asumido las gentes del entorno rural. ¿Cuántos socios se darán de baja en las temporadas malas para no abonar las cuotas de los permisos? ¿Cuántos contratos de arrendamiento se van a romper? ¿Cuántos puestos de guardas de caza se van a perder? Muchos cazadores colgarán la escopeta, otros cambiarán a la caza de plástico. Cuando en un año la naturaleza no tiene agua, el coto se desertiza tanto en sus hábitats como en la cantidad de animales que alberga. Precisamente ahí radica el valor de lo natural por su escasez y choca frontalmente con lo artificial —la perdiz de plástico— por su constante abundancia.

Es inevitable que el número de cazadores disminuya porque también desaparecen las oportunidades de caza, los terrenos útiles para cazar y las poblaciones silvestres. Si la reducción no es más drástica se debe a que los cotos de caza intensiva y las sueltas son cada vez más frecuentes. Sin embargo, este sucedáneo artificial genera graves inconvenientes para la conservación de las poblaciones silvestres —sobrepresión de caza, de los predadores, transmisión de enfermedades, contaminación y monomorfismo genético— y derivas que impactan negativamente en la ecología de nuestros sistemas naturales —rotura de los equilibrios en los sistemas: ecopatológicos, predador-presa, de competencia y exclusión—. Desgraciadamente esto ocurre sin que nos demos cuenta de ello, sin que tan siquiera podamos evaluar acertadamente cuánta responsabilidad indirecta nos corresponde por formar parte del sistema.

De nuevo, recientemente ha aumentado el impacto de los cebos envenenados sobre las poblaciones de rapaces. Algunas de nuestras más preciadas especies, como el quebrantahuesos, el águila imperial, el águila real y muchas otras, son muy sensibles a sus efectos. Se asocia esta práctica a los cotos donde se hacen sueltas de perdices. No tiene sentido que para cuidar perdices de plástico hagamos desaparecer de la península ninguna de sus joyas naturales. Precisamente, las rapaces más nobles son nuestro mejor aliado para la conservación de las poblaciones de perdices silvestres. El control de los predadores debe hacerse con el trampeo tradicional legalmente autorizado, que se dirige acertadamente sobre el zorro, el perro errante, el gato asilvestrado, las urracas y las cornejas. Es muy caro este control por la cantidad de días y esfuerzo que hay que dedicar a ello. Pero eso no justifica el uso indiscriminado de venenos. El precio más barato de la perdiz de plástico no acredita que se arruinen los mejores trabajos para la conservación de la naturaleza de nuestro país, como el que lleva treinta años haciendo Rafael Heredia con el quebrantahuesos.

¿Qué hacer cuando las perdices han fracasado en la reproducción? Las situaciones pueden ser distintas. En primer lugar debemos saber si el número de perdices antes de cazar es igual o menor que el que teníamos al final de la temporada anterior, cuando terminó la caza. En segundo lugar si la abundancia —densidad— en el coto es alta, media o baja. Todo esto se puede conocer de distintas formas. La mejor de ellas es hacer censos regularmente, al menos antes de cazar, después de cazar y justo al fin de la reproducción. Tom Gullick habitualmente hace esos conteos y alguno más, exigiendo a sus cifras la máxima precisión. La estrategia de Tom es no cazar nunca más de un tercio de la población de otoño, además de mantener la mayor densidad posible con mejoras del hábitat y un eficaz control de predadores. Su astucia le permite cazar sin problemas los años desastre —con un gran fracaso reproductor— ya que sus poblaciones alcanzan densidades insospechables.

En otro nivel de densidad, hay muchas sociedades de cazadores que siguen una táctica similar en el Norte de la península. Ellos, por ser sensibles a la baja densidad de sus poblaciones de perdices silvestres, siempre cazan con extrema prudencia. Conocen la acentuada mortalidad de perdices que ocurre los inviernos duros, cuando el suelo permanece helado más de 10 días seguidos. También algunos de esos cotos han vivido el desastre que, para las poblaciones silvestres, supusieron las sueltas duras —plástico barato en gran número—. Por todo ello cuidan y miman con todo su celo la población de perdiz silvestre, más si todavía las perdices subsisten en baja densidad, a pesar de los daños de la concentración parcelaria, la agricultura moderna y la falta de permisos legales para el necesario control de predadores.

En Italia tienen prohibida la caza de la perdiz, en Francia como mucho se autorizan diez días de caza, en la mayoría de la Unión Europea se cazan faisanes de granja que se sueltan en maizales donde se ojean. Desde que los cazadores centroeuropeos se quedaron sin perdices, intentan recuperar sus poblaciones con repoblaciones. Esas repoblaciones no han sido útiles para reconstituir las poblaciones desaparecidas, pero sí para la caza intensiva. Aunque siempre quedan fincas y espacios con ejemplares silvestres. Algunas sociedades de cazadores europeos, cansadas del plástico porque no lo consideran válido para educar a sus perros, han decidido iniciar programas serios de repoblación para recuperar sus poblaciones silvestres. Los que comienzan a tener éxito hacen caza sin muerte con perros, sin escopeta. ¡Han tenido que pasar 50 años hasta que por fin pueden pensar en salir al campo para ver un pájaro que ha nacido y vive allí!

Las opciones que tenemos en las temporadas desastre dependen de los objetivos de nuestra sociedad. Quizás todavía no nos hemos planteado el futuro a largo plazo. Vivimos con una junta rectora sin compromiso, que está allí para sostener la sociedad con la inercia del pasado, de un sistema que no ha pensado en desastres naturales. Si nuestro POC está bien planteado contemplará qué debemos hacer en los años malos. Si no es así y el técnico es de confianza, debemos requerirle para estudiar a fondo la situación concreta. Un buen técnico puede proponer las soluciones más adecuadas a nuestro problema, porque conoce los condicionantes que sobre el mismo operan. Un año malo debe servir para tomar la dirección correcta en la sociedad de cazadores. Eso exige que respondamos a varias preguntas clave: ¿Qué queremos cazar? ¿Cuánto dinero y colaboración estamos dispuestos a aportar? Podremos conservar la caza silvestre si nuestras respuestas son coherentes y delimitan objetivos alcanzables. Pero estaremos destinados al plástico si nuestra opción es la deserción barata. Sin aportaciones dinerarias, ni tampoco en trabajo para la correcta gestión, poco o nada podemos ayudar a conservar y recuperar las poblaciones silvestres.

Las opciones deben estar en armonía con los objetivos a medio y largo plazo en la gestión del coto. Las situaciones de fin del contrato o inestabilidad en la junta directiva no justifican los expolios a la naturaleza, mucho menos en años catastróficos para la perdiz roja silvestre. La alternativa de no cazar es la más ética —pagar por no cazar—. Abandonar el pago de las cuotas si la sociedad decide no cazar supone la máxima traición porque se necesita invertir más dinero en el cuidado del coto, de los hábitats y sus pobladores silvestres. La caza sin muerte puede contribuir a mantener nuestra afición y la de nuestro perro. La selección de cazar moderadamente es acertada, cuando la densidad de perdices lo puede tolerar y se toman las medidas oportunas como: retrasar la apertura, reducir el número de días de caza, adelantar el cierre, fijar horarios reducidos y limitar al máximo posible los cupos de capturas.


El uso rentable de la tierra (globalizado) conduce a su degradación y al uso del plástico

Elegir los reforzamientos con animales de plástico —granja— es aceptable cuando el procedimiento son las sueltas blandas, bien programadas con animales de calidad. Diseñadas para no impactar negativamente en las poblaciones silvestres, ni en sus hábitats. Mejor opción es practicar esta caza de plástico en los cotos intensivos preparados para este fin. Hacer la caza normal, como si no hubiese pasado nada, seguramente nos cansará pronto, cuando después de varias jornadas comprendamos que es inútil seguir intentándolo, porque es improbable encontrar alguna perdiz. Esto resulta poco inteligente, ya que las próximas temporadas pueden ser muy similares. A no ser que las perdices de los cotos vecinos —si están bien cuidados— repueblen gratuitamente nuestros predios, como sucede habitualmente.

Opciones/Valores Es aceptable éticamente Compatible con la conservación de la naturaleza Conveniente económicamente
No cazar
No
Cazar moderadamente
No
Caza de plástico
No
Sí, si es blanda
Caza normal
No
No
No

Los años malos necesitan buenos planes de choque para que no aumente el desastre, ni el declive de la perdiz roja silvestre. Resulta imprescindible por ello la aproximación de las estrategias de gestión entre cotos vecinos. Las actuaciones sumadas del conjunto de varios cotos lindantes ayudan en gran medida a recuperar más rápida y eficazmente las poblaciones de perdices. Una buena opción es comunicar a los vecinos las acciones que hemos tomado en el coto para proteger las poblaciones de animales silvestres. Debemos de instarles a que adopten compromisos similares. Conviene dar a conocer estas decisiones a la Administración y al público, con el propósito de hacerles ver cuánto dinero nos gastamos en conservar la naturaleza y de demandar su ayuda para este fin. Con todo ello, podremos garantizar la supervivencia de la perdiz roja silvestre.

 

Dr. Jesús Nadal. UdL

 

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años buenos y malos
juan fidel
29/03/2006 17:49:09
La cría de las poblaciones perdiceras está relacionado con la duración de la "primavera perdicera", en un año determinado viene dado por las temperaturas y la humedad del suelo.
Para un lugar determinado la bondad de sus "primaveras perdiceras" vendré dado por la precipitación mediana (por ejemplo) y las temperaturas medias mensuales descontando las probabilidades de situaciones extremas (granizadas, heladas tardías..)

La solución de los años malos es alargar las primaveras perdiceras (conservar la duración de las primaveras perdiceras mediante la conservación adecuada de la humedad del suelo y de lindes). Si la madre del cereal es el suelo natural, la made de la perdiz es el herbazal de primavera en las zonas de secano. Corecta la gestión del coto ejemplo, aunque por mi parte aunque bueno no considero acertado el aproverchamiento 1/3 de la población de perdices todos los años sean buenos o malos. Para afrontar el problema de los años malos es otra la solución adecuada.

 

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