Paisajes eco-compatibles

Jesús Nadal

 

La percepción del paisaje: si llevo las manos al volante, veo un universo distinto del que puedo contemplar si soy pasajero y dedico mi atención al exterior de las ventanillas. La visión que obtengo desde la autopista también resulta distinta a la que consigo desde el AVE. En la carretera, las vallas, las basuras y los vertidos condicionan la mirada de diferente manera que las catenarias y la pedriza fecalizada, en las vías del tren.

Es frecuente que los rockeros se fotografíen sentados en los raíles o en el asfalto. Por sus conciertos, se pasan la vida viajando, y, además, quieren ir más allá también en sentido artístico, desean romper lo que entienden como las barreras estéticas de los demás músicos, también de los anteriores. Para la fauna silvestre, carreteras y vías no son sin embargo, una buena imagen. Allí, a menudo, vemos animales aplastados. Hace años, un maquinista del TALGO me contó que, circulando entre tozales, atropelló a nueve perdices a la vez. Del bando entero, sólo quedaron las plumas que se llevó el cierzo. Diariamente muchas rapaces se fríen en los cables de los tendidos eléctricos.

Con la red de autopistas y de ferrocarriles, además de ciertas ventajas económicas, laborales y de ocio, también ocasionamos daños graves a la fauna silvestre y al paisaje. Introducimos especies, matamos bastantes ejemplares de las autóctonas y contaminamos acústica, lumínica, física y químicamente. Pero sobre todo, construimos muros insalvables para el necesario intercambio genético de las poblaciones animales silvestres. Las autovías y las vías del AVE son una herramienta poderosa para extinguir la fauna salvaje. Cuanto más intenso sea su uso, menos vida natural existirá.

 Si a la suma de las redes de autopistas, AVEs, autovías, carreteras y vías readicionales, le añadimos las marañas de los tendidos eléctricos y telefónicos, las de los canales y aeropuertos, comprendemos una buena parte de la maquinaria de exterminio de la naturaleza peninsular.

Nos relajamos al atravesar montes y valles con la plenitud de la naturaleza hispana. Desde el interior del vehículo o del vagón, desde ese climatizado, cómodo y caro espacio, la percepción de lo que ocurre en el exterior es diferente de la que conseguimos cuando estamos en medio de él. Contrariamente a lo que apreciamos desde dentro de los carruajes, no nos encontramos con un continuo y extenso paisaje en franca recuperación. Desde afuera, desde la naturaleza, vemos un paisaje dividido, tachado, seccionado —como el ojo subreal de Buñuel y Dalí— por las autopistas y por el AVE. El filo de la navaja del progreso —del progreso tal y como lo entendemos mayoritariamente hoy—, ha levantado muros terribles. Sus hendiduras aíslan a las ya exiguas poblaciones de animales silvestres. Los restos de esta fauna subsisten en un entorno degradado y fragmentado, cada día mas agresivo con la naturaleza.

Si queremos conservar nuestra fauna silvestre, los nuevos planes de infraestructuras deben hacerse compatibles con ella. Si a la suma de las redes de autopistas, AVEs, autovías, carreteras y vías readicionales, le añadimos las marañas de los tendidos eléctricos y telefónicos, las de los canales y aeropuertos, comprendemos una buena parte de la maquinaria de exterminio de la naturaleza peninsular.

¿Destino fatal? ¿Futuro inevitable? No. ¡No! Si queremos, si lo deseamos de verdad, podemos hacer que las infraestructuras sean blandas con la naturaleza, es decir, eco-compatibles. Todo depende de nuestra responsabilidad individual y social: de los recursos que destinemos desde ahora mismo para ello.

 

Jesús Nadal
Catedrático de producción Animal. UdL

 

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Percepción de los animales de los elementos humanos
Flanagan
31/03/2005 10:02:58
Una cosa que se ha olvidado en el tintero, Sr. Nadal, es, a mi juicio, la percepción que los animales deben tener de algunas infraestructuras o, al menos, lo que parece traslucir en su comportamiento ante estos elementos.

Me refiero a que, al aplicar nuestra lógica en el mundo animal, llegamos a suponer que todo lo humano ha de ser agresivo para los animales, y no es así.

Un basurero, por mucho que nos parezca abyecto e impactante, no es nada agresivo para una loba que va a alimentarse allí cada noche.

Una malvasía no logra discernir si la laguna donde nada hoy es natural o es procedente de la restauración de una gravera (tan impactante para el medio como aseguran muchos grupos ecologistas).

Los suburbios de una gran ciudad tampoco parecen desagradar al gandano, que campa a sus anchas entre cubos de basura y ratas. Hace dos domingos pude ver a las siete de la tarde cómo un raposo salía de su madriguera situada en un desmonte a escasos doscientos metros de un polígono industrial de Burgos, y campaba tranquilamente por la vía del ferrocarril, llegando incluso a pararse al pie de un coche a orinar.

Podríamos pensar que son sólo animales más o menos humanizados, pero si vemos un águila imperial anidando en una torre de alta tensión de El Pardo, deberíamos desechar esa idea. Seguramente para el águila, la torre de alta tensión sea similar a un árbol seco, y es elegida frente a las copudas encinas que la rodean por ser una atalaya magnífica. Los chisporroteos eléctricos no parecen tampoco quitarle el sueño.

Podría citar también el caso de un nido de cigüeña negra en un poste telefónico. Bastante raro el bicho, ¿no cree?.

Tampoco parece que venaos, corzos y jabalíes tengan muchos problemas en pisar el asfalto. No sólo como un obstáculo a salvar y trasponer, sino también como medio de captación de calor. Recuerdo ahora el venao que sorprendí recostado tranquilamente rumiando al calorcito del asfalto de Febrero en una curva de una carretera poco transitada. Y tampoco parece quitarles el sueño a los citados animales estar pastando en la hierba de las cunetas con vehículos pasando a menos de tres metros de ellos.

Estudiando los Proyectos de grandes infraestructuras se puede observar que cada vez se cuidan más estos aspectos, procurando pasos de fauna, portillos de escape en los cerramientos, plantaciones de difusión en la entrada de los pasos, e incluso procurando lagunas en zonas de instalación de maquinaria auxiliar, préstamos y vertederos, etc.

He efectuado varios estudios acerca de cómo tomaban corzos y jabalíes estos pasos en terrenos sorianos (precisamente para la infraestructura del AVE), y le puedo decir que pasaban como Pedro por su casa.

Otra cosa es, Sr. Nadal, que las medidas contempladas en los proyectos no sean llevadas a la realidad o sean mal ejecutadas en algunos casos (bien porque las constructoras se embolsan partidas destinadas a medioambiente, bien porque las propias direcciones de obra están todavía poco sensibilizadas medioambientalmente, al ser el gremio de los Ingenieros de Caminos poco proclive a tal inclinación, o bien porque el control de esas unidades lo realizan técnicos no competentes). Eso es otra cosa, y en ese sentido se deberá mejorar.

Y otra cosa también es, Sr. Nadal, que ciertas medidas diseñadas en favor de la fauna sean auténticas payasadas de gabinete, como ciertos pasos elevados sobre autovía con rampa y madera. Curiosamente se tiene constancia que no son tomados ni por las ovejas (hay que apalearlas para que pasen, o cogerles los corderos y pasárselos delante uno a uno) aunque el lobo parece que los ha utilizado.

No vamos a negar tampoco cómo afectan, por poner un ejemplo, los canales de toma de las hidroeléctricas en zonas loberas, donde un día sí y otro también se recogen lobos ahogados en las rejillas de captación.

Que existen cosas mal, como en cualquier asunto. Pero hay que darles su justa medida.

Pero pensar que el progreso humano siempre está reñido con el sostenimiento del nivel de naturalidad y desarrollo de las especies no es cierto.

Muchas veces es fácil utilizar la demagogia demoscópica para causar impacto. Pero hay que bajar al terreno, y observar los DATOS de los que se dispone en los proyectos reales que se ejecutan.

Flanagan "el verde".

 

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