Aprender a cazar con perro

Jesús Nadal

 

El cazador y su perro están inmersos en un continuo proceso de enseñaza-aprendizaje de la caza. No hace muchos años las oportunidades de caza eran abundantes. Tanto, que cualquier perro que salía frecuentemente al campo, con el paso de los años, se hacía excelente. La península estaba llena de campeones. Por eso a pocos cazadores les interesaba conocer las técnicas para enseñar a su compañero. La riqueza de ocasiones de caza silvestre se encargaba de hacerlo.

Hoy han cambiado mucho las cosas, son muy pocos los afortunados que pueden disfrutar de perdices silvestres. Los más famosos canes actuales, los que se cuelgan medallas, a diferencia de los perros de antes, aprenden con piezas de granja. Hay muchas categorías de perdices de bote, desde las de plástico barato hasta las asilvestradas. Es evidente que cuanto mayor sea la calidad de las perdices de granja, mas completa y similar a la silvestre será la educación del can en su caza.

La dificultad del lance, lo convierte en inolvidable, para ambos, el cazador y su perro. El proceso de aprendizaje en nosotros y nuestro compañero, se asocia con lo que previamente sabemos. Debido a ello sólo contribuyen a la enseñanza, las piezas que con su picardía intentan burlarnos. Poco se puede educar con el plástico barato, por grande que sea la percha, ya que habitualmente estos animales se pueden coger con la mano. Sin embargo, con perdices de calidad, no sólo podemos disfrutar, también ayudamos a recuperar las poblaciones silvestres. Todo depende de conseguir un plan de gestión con objetivos naturales, disciplina en la sociedad de cazadores, normativa adecuada y de nuestra contribución al buen funcionamiento de este sistema.

 La caza de bote es un sucedáneo perverso, que se debe utilizar sólo en los lugares reglamentados y preparados para este fin 

Según nuestra progresión en el arte de la caza avanza la maestría del perro. Las claves son la paciencia y la constancia. No se trata de que todo salga perfecto. Sino de conseguir pequeños avances que nos permitan gozar del tiempo que pasamos en el coto, al aire libre, superando los rigores climáticos y lejos de la comodidad de nuestra casa. Es esencial aprender a disfrutar de estos pequeños progresos, a saberlos celebrar con nuestro compañero. Porque estos logros son la recompensa que estimula la afición de ambos por la caza. La nota la ponemos nosotros, se trata de autoevaluar tiempo de ocio, de distensión del agobio urbano. Por ello no tiene sentido hacerlo con el número de piezas abatidas y cobradas. Ya que sólo tienen valor, aquellas capturas que contribuyen a mantenernos en tensión, centrados en su dificultad.

Es un error confundir la satisfacción obtenida en la caza con la obsesión por conseguir grandes perchas. La caza se convierte en una enfermedad neurótica cuando sólo importa el número de piezas cobradas. Contrariamente la caza, es una terapia milagrosa para eliminar el neurotismo que nos imponen muchas condiciones de la vida moderna. Es necesario olvidar la obsesión por perchas con un número espectacular de perdices. ¿De esas perchas, cuántos lances somos capaces de recordar? menor número evocará el perro. La mayoría de esas capturas supernumerarias, poco o nada habrán contribuido al proceso de enseñanza-aprendizaje de la caza. Por tanto, importa mas la calidad que la cantidad. Puesto que sólo los lances de categoría aportan satisfacción y ocasión para educar, recordar y entusiasmar al perro. La adrenalina que nosotros liberamos en el lance, es proporcional a la tensión que la oportunidad de captura produce tanto en nosotros, como en nuestro perro.

Los disparos selectivos exigen disciplina. La elite de los cazadores con perro únicamente dispara a las perdices que ha parado o movido este. Las otras, aunque estén en distancia óptima de disparo, escasamente van a contribuir en su instrucción. Los disparos largos, fuera de distancia óptima (mas de 50 m) tienen baja probabilidad de abatir la pieza. Sin embargo, debido a la cada vez mayor potencia de las armas y municiones, es bastante probable que algún perdigón impacte en la perdiz, la deje herida o la haga morir horas mas tarde. Eliminando otras futuras oportunidades. Con el agravio de que con esa pieza herida, sustentamos a predadores como el zorro. La disciplina cinegética nos exige aprender a realizar disparos selectivos: 1) identificar la especie, 2) reconocer que se trata de un animal abatible (talla de adulto) y 3) asegurar de que se encuentra en la distancia óptima de disparo. Con estas tres premisas, aumentaremos de forma considerable las oportunidades de caza para el futuro, por ello las de enseñanza-aprendizaje para nosotros y nuestro compañero.

Es absurdo invertir mucho dinero en el perro, las armas y el equipo de caza. Y nada en mejorar la gestión de las poblaciones de fauna silvestre de nuestros cotos. Si la caza silvestre desaparece, se perderá la emoción de los lances. No tendremos ocasión para instruir a nuestro can. La solución no está en la caza de plástico, por mucho que sea mas barato comprar y soltar perdices de granja que cuidar las silvestres del coto. La caza de bote es un sucedáneo perverso, que se debe utilizar sólo en los lugares reglamentados y preparados para este fin. La escasez de fauna silvestre la debemos combatir aprendiendo a cuidarla. Es necesario suministrar al coto todo lo imprescindible para conservar las poblaciones y los hábitats de la fauna silvestre. Además de regular durablemente las extracciones de animales. Esto se puede conseguir con una buena guardería, buenos técnicos y una Administración decidida a apoyar la conservación y desarrollo de los hábitats naturales, seminaturales y sus poblaciones de fauna silvestre.

 

Dr. Jesús Nadal
Catedrático de la UdL

 

Comentarios (8)

Sólo Usuarios Registrados
Insertar Comentario

Usa un tono respetuoso y procura que tus comentarios sean relevantes y relacionados con el artículo. No está permitido verter comentarios contrarios a las leyes españolas o injuriantes.
Los comentarios inapropiados o en tono ofensivo podrán ser editados o eliminados.

Se puede decir mas alto
murdererfox
07/03/2005 12:41:35
Pero no mas claro.
Felicitaciones por ello.

Ahora bien, ¿donde esta esa Administración?.
Porque la que yo conozco solo se ocupa de recaudar dinero de las licencias, favorecer los negocios cinegéticos que, casi siempre, se basan en el cazador "muchapercha" y, por lo tanto, favorece a los productores granjeros en detrimento de la caza salvaje, que no produce los ingresos apetecibles.
Ya me gustaría a mi que la Administración lo tuviera así de claro. Y, por cierto, algunos ilustres mandatarios que se dedican a apoyar el negocio del gallino, asistiendo a los macroojeos, donde, previamente, se han soltado por miles, y en cotos donde, antes, había perdiz autóctona.

Gracias por el artículo.
Cordialmente.
olé
el goy
07/03/2005 23:13:51
Olé
Totalmente de acuerdo
Gollorias
08/03/2005 14:11:34
Estimado Jesús:

Comparto totalmente las opiniones que expresas en tu artículo. Creo que has sabido reflejar no sólo lo que debe ser la acción de cazar, sino también el defender la pureza de una de nuestras mayores joyas cinegéticas: la perdiz roja.

En cuanto a educar un perro de caza con perdiz salvaje, creo que quien lo hace así, no sólo contribuye a que su perro desarrolle mejor sus sentidos y su inteligencia a la hora de buscar las vueltas a la patirroja, lo que también le ayudará a cazar mejor otras especies de caza menor, sino igualmente será beneficioso para el propio cazador que se enriquecerá como tal al ejercer un arte noble con una pieza noble, y a la que para abatir, además de enseñar a su can y disfrutar viéndole trabajar, deberá agudizar sus propios sentidos para vencer a un animal inteligente en su terreno, a base de astucia, esfuerzo físico y control sobre el perro.

Por el contrario, quien, pudiendo cazar una perdiz salvaje a base de sudar la camiseta toda la mañana, verse toreado una y otra vez, y finalmente ser más listo que la pieza y vencerla con ayuda de su perro, prefiera optar por hacer prácticas de tiro (que no cazar) con gallinas de granja, por conseguir abatir doce de estas, sacadas a cascaporro de los pies, para tener una buena percha y fardar de lo buen “cazador” que es con sus amigotes, y enseñe a su perro con estas, creo que le estará haciendo un flaco favor a su can, pues este desarrollará menos sus sentidos y su inteligencia, le acostumbrará a un animal que poco se resiste, y a conseguir gran número de piezas en poco tiempo y cuando se enfrente a una perdiz salvaje, se verá toreado en muchas ocasiones, se aburrirá por no conseguir pararlas, y por una menor cantidad de carne, y también se estará haciendo un flaco favor a él como cazador, porque no habrá entendido el verdadero sentido de la caza.

Por otro lado, estoy de acuerdo con murdererfox, cuando achaca parte de culpa a la Administración con el descontrol que estamos teniendo con algunas sueltas de gallinas de granja, que lo único que provocan es desvirtuar la pureza genética de nuestra perdiz salvaje y ser foco de atracción de predadores, perjudicando, también con ello de forma indirecta a otras especies de caza menor existentes en la zona.

Como técnico, que entre otras cosas me dedico profesionalmente a gestionar fincas y cotos de caza, me indigna observar la ligereza que se produce en muchos casos al aprobar por parte de la Administración Planes Técnicos de Caza que se han hecho en oficina sin ni siquiera haber hecho una visita al campo, y que en nada reflejan la situación real del acotado. Esto, conlleva, la libertad de practicar la caza durante cinco años siguiendo un documento que en muchos casos, no refleja esa situación real y que en lugar de gestionar y potenciar la mejora y el aprovechamiento sostenible de las poblaciones de perdiz salvaje existentes en el terreno, cuando esto es posible, opta por inclinar esa gestión por una solución errónea que favorece los intereses de un propietario al que nada le importa la pureza de sus poblaciones de perdiz salvaje que no le aportan tanto beneficio económico, decantándose con sueltas de gallinas de granja a las que económicamente las va a sacar mayor partido.

Esto, creo que no beneficia ni a la Administración, pues la imagen que la gente va teniendo de los PTC es que son un mero trámite administrativo para tener libertad para pegar tiros en el campo durante 5 años, cuando un PTC es una cosa muy distinta, y por ello, ve que el control de la caza y sus poblaciones es en muchos casos un cachondeo, no nos beneficia a los técnicos que nos dedicamos a esto (por la poca profesionalidad de unos pocos), no beneficia a nuestras poblaciones salvajes que en algunos casos como la perdiz roja están viendo afectada su pureza genética, y no beneficia a aquellos propietarios de fincas y sociedades de caza que sí apuestan por la defensa de nuestra riqueza cinegética (gracias a la “labor” de aquellos otros que sin escrúpulos sólo buscan enriquecerse).

Por eso, creo que si la Administración, en lugar de dejarse influir tanto por algunos grupos ecolojetas y como bien dice murdererfox en favorecer esos negocios multipercha, ejerciese un mayor control en la buena ejecución de los PTC y en su cumplimiento, permitiendo repoblaciones de perdiz únicamente en los casos donde ya no existan poblaciones de perdiz salvaje y sea imposible su recuperación por extensión de poblaciones próximas después de haberlo intentado, y en caso de hacerse que su origen genético, estado fitosanitario, realización de la repoblación y control para evitar degradaciones en la pureza genética de otras poblaciones estén garantizados, prevaleciendo en apostar en la realización y cumplimiento de estos PTC siempre por potenciar las poblaciones existentes de perdiz roja salvaje a base de mejoras sobre la especie y sobre el medio (respetar linderos, dejar pequeñas parcelas sin cosechar de comida, favorecer la existencia de bebederos, limpiar el monte para evitar la proliferación de alimañas, etc.) e intentando inculcar esta idea en propietarios y sociedades, a base de incentivarlos con ayudas y subvenciones específicas para la caza, que en parte puedan cubrir los gastos que ello acarrea, seguro que no tendríamos que preocuparnos tanto por sueltas que no harían falta ni de pérdida de pureza genética de especies como la perdiz roja y la imagen de la Administración, de la Caza y de los cazadores en la sociedad mejoraría bastante, y sobretodo las poblaciones cinegéticas nos lo agradecerían más que nadie.

Un saludo:

Gollorias
Eso es.....
JGH
08/03/2005 21:10:02
....CAZAR.
Saludos.
DE LOS PERROS MEDALLA Y LA CAZA DE PLASTICO: APRENDER A DISTINGUIR
agramonte
22/04/2005 22:44:37
He leído con interés su artículo, publicado en la revista nº 26 de ADECANA, titulado: “Aprender a cazar con perro”. En el hace una serie de afirmaciones y juicios que considero falsos porque parten de premisas equivocadas.

Vaya por delante que no tengo ningún interés en lo que usted llama “caza de plástico” y así se lo confirmarán si, acaso pide referencias. Sólo entiendo la caza cuando nos referimos a especies salvajes. Es más creo que ningún cazador que se precie “sacará pecho” por haber hecho una percha en número y características de las que usted dice.

Primera premisa equivocada: caza de plástico. Aun reconociendo que hay personas que salen con escopeta y perro a por unas perdices de granja y pagan por ello cantidades variables y que la caza no es tan abundante como hace un buen puñado de años, no es menos cierto que el colectivo de cazadores que en su pueblo pueden disfrutar de la caza de la perdiz, la autóctona y, de forma especial, de la capital de España hacia el norte son muchos más de los que usted cree. Sólo a título de ejemplo, podemos hablar de provincias como la mía, Navarra o Soria, La Rioja, Aragón, Burgos, lugares que yo conozco, en los que suelo cazar y en las que las poblaciones salvajes siguen estando presentes y con fuerza, especialmente, en años buenos de cría con el pasado. Luego no se puede generalizar

Segunda premisa equivocada: Los perros de medalla. Todos, absolutamente todos los seres que poblamos la tierra venimos de la selección, incluidos usted y yo.

Los que usted llama, “perros de medalla”, son el máximo exponente de cualquier raza, tanto en morfología como en aptitudes para la caza, labor que se debe reconocer a los propietarios, en particular, y a distintos clubes, en general. Sobre esos campeones descansa la sangre y la pureza de la raza y sus características más apreciadas. De ellos nacen otros que no serán campeones como sus progenitores, pero que si darán, gracias a la selección, muchas satisfacciones a sus dueños. De lo contrario, en la mayoría de los casos, lo digo por experiencia, será el “cazador” quien no habrá sido capaz de proporcionar al can la educación adecuada en el contacto con la caza. Permítame un ejemplo: muchas personas tienen carné de conducir y no todos son buenos conductores, ni conocen la respuesta de lo que llevan entre manos, especialmente, si conducen automóviles fuera de lo que se considera normal.

También debería saber, que en lo que se refiere a perros de muestra, todas las pruebas selectivas (son aquellas en las que los seleccionadores nacionales de las distintas razas eligen a los ejemplares que nos representan en los campeonatos internacionales), a ser posible, se organizan sobre caza salvaje. Y en lo que se refiere a caza de montaña, gran busca o campeonato de becada, es evidentemente que también.

Además, volviendo a otra de las afirmaciones de su artículo, cuando se refiere a los perros de hace unos años “ .... la península estaba llena de campeones...”, debo decirle que ya entonces se buscaba la selección y lo mejor. En el pueblo también se buscaba la mejor perra de “fulano” para cruzarla con el mejor perro de “mengano”; nadie quería un cachorro de padres desconocidos y solía pasar, igual que ahora, que la genética no es 2+2 y a veces falla, precisamente por eso es importante la selección.

Por otra parte, en aquella época, tampoco habría tan grandes perros, cuando se tenían que utilizar otras artes y también se cazaba con otros objetivos.

Me parece, que a lo largo de su texto a mezclado dos conceptos “caza de plástico” y “perros de medalla” que no tienen ninguna relación salvo por desconocimiento, circunstancia lamentable en el s.XXI.

Como muchos colectivos, el nuestro es reacio a participar en pruebas o cursos de formación y, todavía, en muchos ámbitos sigue presente aquel refrán: “el mejor perro, el mío y la mejor mujer, la del otro”. Cada cazador debería conocerse lo suficiente para saber qué perro encaja mejor con su personalidad, su forma de ejercer la actividad venatoria y su propia capacidad cinegética.

Para finalizar, entiendo que no ha tenido la suerte de cazar con un buen perro, de los que usted llama “de medalla” y, en consecuencia, no es recomendable vincular a unos con la “caza de bote” y al perro “normal” con la buena práctica cinegética.

Le recomiendo que consulte la revista del setter club, por ejemplo, y compruebe los comentarios sobre la finalidad de los concursos y los resultados que se han dado cuando se utiliza la caza sembrada.



José María Agramonte Aguirre
aprendemos del perro
rosor
14/06/2005 19:10:53
Este articulo me parece muy bueno, pero yo le añaderia que el cazador tambien aprende mucho de su gran compañero (el perrro).
aprender a cazar con perro
josemanuelbernabeu
11/07/2005 14:03:06
tengo un perro de año y medio rastrea bien pero le tiene miedo a los tiros como puedo corregirlo
fer46
09/03/2009 21:06:28
pa aprender a cazar hay que cazar y dejarse de mariconadas ir tu solo con tu perro y siempre detras de el

un saludo

 

Leer más

Navegación
Ir al índice
Artículo siguiente: Problemas con el cobro | Jesús Barroso de la Iglesia
Artículo anterior: Especialistas en Control de Predadores | José Luis Garrido
Otros artículos de Jesús Nadal
Sueltas duras y blandas (15/06/2004)
Lo que tendríamos que hacer para mejorar los cotos (13/07/2004)
Estrategias para mejorar la gestión de la caza menor (13/09/2004)
Paisajes eco-compatibles (31/03/2005)
Reforzamientos con sueltas blandas (20/10/2005)
El futuro de la Perdiz Roja (21/11/2005)
Fracaso reproductor (24/03/2006)
Desarrollo rural, agrosistemas y caza menor (03/05/2006)
La codorniz en España (02/09/2008)
PAC, naturaleza y caza (11/06/2012)
Informe de las perdices de Daroca (02/07/2012)
Artículos relacionados con 'Caza'
El presente de la Caza | Pipo
La frase que siempre se repite | Rayón
El dinero de la caza | José Luis Garrido
¿Timadores o...? | Rayón
En defensa de la caza: Ática | Virguez
Una cuestión de Justicia Legal: los Derechos de la Caza | ACCSA
R.N. de Cazorla, Segura y Las Villas | Rafael M. Barrachina
¿Admiración? a cada uno la que merezca… | Rayón
El primer día de caza | José Luis Garrido
¿Qué se siente cuando se mata un animal? | José Luis Garrido
El delito del furtivismo | Cesáreo Martín
El bosque de Sherwood | Pardal
Medio natural: ¿Gran parque de atracciones? | Joaquim Vidal
¿Sabemos de Caza? | Kodiak
Efecto negativo de la Ley de Caza andaluza | José Carlos Taviel
Paisajes eco-compatibles | Jesús Nadal
Dinero bien usado, dinero desperdiciado | Julio Puertas
Sobre terrorismo cinegético | Rafael M. Barrachina
Ya no quiero ser Presidente de la RFEC | Rafael M. Barrachina
Los zorzales y sus cambios | Rayón
¿Cacerías por interés? | Diego Ruzafa
Corzos y atropellos: qué hacer para evitarlos | Asociación del Corzo Español
Mucho texto y pocos contenidos | Kodiak
La revolución insecticida y el progreso | Juan Jerez
Una trayectoria ejemplar | José Luis Garrido
Cómo aprender de los perdiceros veteranos | Miguel F. Soler
Morir por la caza | José Luis Garrido
¿Es sana la carne de caza? | Jesús SEVILLANO y otros
10 consejos para cazar conejos en verano | Paco Mateo
¿Por genética o por necesidad? | Rayón
La caza en su estado puro | Dámaso Jorreto
Las anátidas: un grupo en expansión | Palacios, Rodríguez y Yanes
La caza es verde | La Caza y su Mundo
Cada año hay más torcaces | Miguel Ángel Romero
Cuando el cazador hace de maestro | Miguel F. Soler
Piezas plomeadas, ¿dónde las busco? | Juan Salvador Calzas Prados
Corazón de león | Antonio Mata
¿Es compatible la caza de conejos y becadas? | Miguel F. Soler
Artículos relacionados con 'Modalidades'
Los puestos en la caza del jabalí al rastro | Pardal
Sobre las esperas nocturnas al jabalí | Rayón
El chaleco y la visión de las especies de caza | Adol
Caza con perros de madriguera | Josep Mir
¿Una modalidad falta de ética? ¿Por qué? | Rayón
¿Admiración? a cada uno la que merezca… | Rayón
Cada cosa en su tiempo y sitio | Rayón
El reclamo y los pollitos de perdiz | Manuel Romero
Cuando canta la perdiz… | Manuel Romero
Los zorzales y sus cambios | Rayón
¿Cacerías por interés? | Diego Ruzafa
«Aficionados» y AFICIONADOS al reclamo | Manuel Romero
La utilización de reclamos vivos para la caza | Joaquim Vidal
El Isard, o lo que queda de él | Jordi Fabà
La paloma vuelve sobre sus pasos | Pablo Almárcegui
Maullidos… suspiros… bostezos… | Manuel Romero
Calor, luna y jabalíes: ¿Nos vamos de espera? | I. A. Sánchez
Defender nuestro derecho a cazar | Miguel A. Díaz García
Vicios y resabios del reclamo | Damián Fermín Vaquero
¿Qué eliminar primero, modalidades o «cazadores»? | Rayón
¿Son compatibles las esperas con las monterías cochineras? | Santiago Segovia
Claves para tener éxito en las esperas al jabalí | Francisco Carrillo
Tirando a palomas | Cazarmás
¡A montear! | Grupo Vigilancia y Gestión
El muflón | Alberto Aníbal-Álvarez
Así es el verdadero cazador a rabo | Miguel Ángel Romero
Zorzales | David Rubio Alza
La tecnología y la becada | Ricardo V. Corredera
Cómo poner las perdices a tiro | Miguel F. Soler
A las perdices | Andrés López
Esperas: ¿el calibre es la cuestión… o es una cuestión de calibres? | Pedro A. Suárez
Conejos: esperas y recechos entre olivos | Miguel F. Soler
Luces y sombras | Pedro Fernández-Llario
Cazar con seguridad | Antonio Bello Giz
A perro y hurón | Juan Miguel Sánchez Roig
Caza del zorro con perros de madriguera | Andrés Cano Bote
La urraca, un escurridizo objetivo | Andrés López
Ansares en las marismas del Guadalquivir | Rafael Rodríguez
Perdices y perdiceros de alto rendimiento | Miguel F. Soler
Tras los jabalíes con perros de rastro atraillados | Alejandro Lorenzo
El perro de sangre: Primeros pasos | Juan Pedro Juárez
El perro de sangre: Iniciación del cachorro | Juan Pedro Juárez
El reclamo y otras modalidades: cazar o no cazar | Miguel Ángel Díaz
El perro de sangre: El porqué de las cosas | Juan Pedro Juárez
El perro de sangre: Camino hecho y por hacer | Juan Pedro Juárez
El perro de sangre: La homilía de los humildes | Juan Pedro Juárez
El perro de sangre: Pinocho y su nariz | Juan Pedro Juárez
Los zorzales, una alternativa en tiempos de crisis | Cristóbal de Gregorio
El perro de sangre: La perfección no existe | Juan Pedro Juárez
Gorgonio, de caza con Delibes | Jorge Urdiales
Quiero organizar una montería cochinera: ¿cómo lo hago? | Santiago Segovia
 

Avisos legales | redacción@club-caza.com
© club-caza.com 2002/2010
Desarrollo: niwala.com

CDC