Óptica

Docter Sight Red Point

Con los ojos abiertos

Apuntar viendo toda la escena y no sólo el blanco ha sido siempre el ideal. Lo primero es recordarnos a nosotros mismos algo sabido pero soslayado: lo que vemos, la visión, la imagen, la luz... Todo esto viaja en línea recta. No podemos torcer la percepción de las cosas.

 Por Pedro A. Suárez


Se compone este sistema de puntería Docter de una base que se fija al arma, la mira de punto rojo y un capuchón protector.

Cuando se apunta con un sistema de alza y guión a la manera clásica, es preciso alinear cuatro elementos: ojo, ventana del alza, guión (punto) y blanco. Si apuntamos con puntería ortóptica (ésa en la que se mira por un agujerito y sólo se ve el punto) necesitaremos alinear tres elementos: diópter (el agujero de mirar), guión y blanco. Con una mira telescópica hay que centrar dos planos: la cruz y el blanco. Pero con cualquiera de estos métodos la escena que se aprecia —la que el tirador percibe cuando caza— está limitada a la apertura de campo. Es decir, la porción de terreno que entra con el conjunto. Podría decirse que con el sistema de miras abiertas (alza y guión) también se aprecia toda la escena, pero no es así. Solamente se percibe el hemisferio superior de la imagen. El inferior queda tapado por el cañón y los elementos de puntería. Si está apuntando al hombro puede ver de ahí para arriba, pero no la pata por debajo.

Pero, ahora...


El pequeño agujero debajo de la pantalla es el sensor de luz que regula automáticamente la intensidad de reflección del punto.

El montero puede olvidarse de todo lo leído hasta aquí. Con el sistema por reflexión de punto rojo de Docter Sight, no hay que alinear nada. Simplemente mirar al blanco. Con los dos ojos abiertos.

Nuestra vista estereoscópica está preparada para alinear un ojo derecho hacia el blanco, y luego hacer coincidir el otro sobre la línea recta de visión; de esta forma, podemos ver la profundidad; es decir, podemos saber a qué distancia están los objetos.

Esta forma de enfocar es la responsable de que si apuntamos con los dos ojos abiertos veamos dos imágenes, una por dentro y otra por fuera que interfiere con la nitidez y nos confunde. Por eso cerramos el ojo exterior para apuntar.

Pero mirando con un solo ojo sólo vemos la mitad del campo; o sea, que perdemos la mitad de visión que corresponde al lateral del ojo cerrado.


Para colocar este sistema de puntería lo primero es, una vez instalada la pila en su lugar apropiado, cerrar el dispositivo con la base correspondiente a nuestra arma. Ésta se sujeta mediante dos tornillos de tipo allen.

Para empeorar las cosas, con el ojo en servicio sólo podemos ver aquello que esté dentro del objetivo, que es, a su vez, mucho menos de la realidad que hay delante incluso de ese único ojo. Todo esto, y solamente esto, es responsable del tiempo que tardamos en apuntar (se dice: adquirir el blanco). En otras palabras, levantar, mirar por dentro (con mira) o a través (sistemas de puntería), adquirir, centrar, enfocar, correr la mano y... ¡pummm! Clarito, ¿no?

Pues bien, lo bueno del Docter Sigth es que elimina todo esto. (Sí, hemos dicho bien, ¡todo!).

Aprender de nuevo

Con este dispositivo prácticamente hay que aprender a apuntar de nuevo. Asumiendo que ya esté seriado (puesto a tiro, dicen los nuevos) se usa de la manera siguiente: ignorando totalmente al arma, miraremos fijamente al blanco, centrándonos en él. Decidimos dónde tenemos que acertar y evaluamos la situación con respecto al resto de la escena.

Seguimos mirando al blanco con la vista enfocada y centrada en el mismo.


Una ventaja de este sistema Docter Sight Red Point es que se puede montar a cualquier altura de la banda; pero nuestra experiencia en este punto ha sido que en disposición Battué, al final de la chimaza, es la que mejor resultado ha dado.

Comenzamos a llevarnos el arma al hombro para disparar (no para apuntar —olvídese de eso—) sin distraernos del trofeo. Seguimos sin prestar atención al rifle o escopeta mientras la apoyamos en el hombro y la ponemos en posición de disparo.

Cuando el Docter Sight se interpone en el camino de la visión entre el blanco y el ojo, que sigue sin prestar atención centrado en el blanco, como por arte de magia aparece un punto rojo luminoso reflejado en el vidrio de la ventana del Docter (no es pantalla ni objetivo: es una verdadera ventana).


Una pequeña palanca asegura la base al montaje de nuestra arma. En este caso en concreto, la banda de una escopeta.

Mientras seguimos con la vista fija en nuestro futuro trofeo, el punto rojo parece flotar en el aire. Solamente hay que superponerlo sobre el punto de impacto y apretar el gatillo para dar en el blanco.

No hay que centrar la cruz. No hay que enrasar las miras. No hay que enfocar la visión. No hay que cerrar el otro ojo. No hay que buscar la zona vital con la mira. Todo se desarrolla mirando el lance de la misma manera que lo ha mirado el secretario o el guía. Casi... como desde afuera.

Docter Sight

La ventana transparente está compuesta por un cristal de doble capa con una lámina reflectiva intermedia que devuelve hacia atrás la luz de una fuente dirigida hacia adelante.


Con el sistema Docter Sight Red Point se ve toda la escena y con ambos ojos abiertos (fotografía de la izquierda). En la imagen de la derecha podemos apreciar el campo que se abarca, para la misma escena, con el visor y un único ojo.

Esta fuente es, en este caso, un led rojo de muy bajo consumo. Tanto que la pila de botón que lo alimenta, dura hasta cuatro años en almacenamiento o casi dos en uso continuo.

Para que sea visible por el día aumenta automáticamente de luminosidad merced a un sensor de luz ambiente que tiene en el plano delantero y que hace las veces de potenciómetro.

Al contrario, para que ese intenso punto rojo no deslumbre en condiciones de poca luz ambiente, también de forma automática y por iniciativa del mismo sensor, la intensidad decrece hasta ser casi imperceptible en la noche cerrada —con esto solamente ya debería bastar para que el lector intuya que se trata de algo nuevo y diferente: mientras un visor necesita más luminosidad cuanto más oscura la escena, el Docter reduce la intensidad para la misma situación—.


El capuchón protege el conjunto y preserva la vida de la batería que, guardada de esta manera, puede durarnos hasta cuatro años. Para poder quitarlo (imagen de la derecha), se empuja hacia adelante y así se retira para la puesta nuevamente en servicio.

Lógicamente, al tratarse de un aparato que consume energía, cuando la luz baja en intensidad también consume menos. Así que, si siempre se usara de noche, la pila duraría el doble. Aprovechando esta condición, trae un capuchón hermético que, además de protegerlo de los golpes, genera una oscuridad total para almacenamiento prolongado en el armero, que reduce el gasto a niveles ínfimos.

Un tornillo se encarga de bloquear el desplazamiento lateral del punto reflejado y otro el vertical. De esta forma, se puede regular en cualquier sentido la ubicación del reflejo sobre la ventana, y de ese modo regular la puesta a tiro. Una vez centrado se aprietan ambos tornillos y no se mueve nunca más a menos que lo queramos hacer a propósito.


La base magnética se fija así a la banda del express o escopeta o, en su caso, al arma correspondiente.

Para caza existe el modelo de 3,5 MOA cuyo punto cubre sobre el animal una superficie de diez centímetros de diámetro a una distancia de cien metros —esto es perfectamente la zona donde vamos a querer acertar para abatirlo limpiamente—, mientras que para tiro y arma corta hay otro tamaño disponible.

La ventana mide 21 milímetros de ancho por 15 milímetros de alto, y cada click que movemos la corrección desplaza el punto de impacto tres centímetros a cien metros. Esto es importante porque, si recordamos que el punto cubre diez, tenemos que para desplazar una superficie de punto completa vamos a necesitar un poco más de tres clicks; lo cual indica que la corrección real es tres veces y un poquitín más que la capacidad de apuntar. Mucho más que lo que permite un sistema de puntería de cualquier tipo.


Hay bases para todos los casos. En la foto, una para Weaver polivalente a Picantiny, y otra para banda corrida de escopeta.

El peso total del Docter es de veinticinco gramos contra los seiscientos gramos de un visor, y su resistencia está homologada para mil gramos, que para su tamaño es algo así como dejarle caer encima un martillo de veinticinco kilos.

Tiene bases de montura prácticamente para cualquier arma; incluso unas magnéticas para ponerlo sobre la banda de escopeta.


Un tornillo en la parte superior sirve para regular el tiro en altura. Otro en el lateral derecho regula la deriva.

Y lo más genial de todo es que por carecer de distancia focal se puede montar a cualquier distancia del ojo. Esto permite que en escopetas, por ejemplo, se ponga en la punta del cañón actuando como un punto de mira luminoso, o en rifles como visor de punto rojo sin aumentos poniéndolo sobre el cerrojo bien retrasado cerca del ojo.

Personalmente, recomendamos instalarlo en configuración Battuée; es decir, encima del cañón a la altura del extremo delantero de la madera de la culata.

Sirve para caza mayor, menor, tiro, escopetas con bala, rifles express y arma corta. Efectivo. Ligero. Robusto. Preciso...