Sistema de Tiro

Gamo Target System

Ningún parecido con el tiro de las ferias

Debemos reconocer que nos acercamos al sistema de tiro de Gamo denominado, precisamente, así: Gamo Target System, con cierto desinterés y un poco de incredulidad. Pero, para nuestra sorpresa, nos encontramos con un dispositivo que nos proporcionó un gran entretenimiento y un agradable rato de práctica.

 Por Pedro A. Suárez

La idea es sencilla, original y divertida. Se trata de una figura que representa la silueta general de un venado que se desplaza hacia derecha e izquierda alternativamente y en modo non-stop (como se dice ahora en los elementos electrónicos que han colonizado nuestra vida).


Para iniciar el montaje de este sistema de tiro Gamo Target Sistem debemos comenzar siempre por un extremo del carril.

La silueta está diseñada de forma que su escala permite simular una distancia real a un trofeo de 100 metros si está instalada a 10 metros. De 130 metros si la distancia de tiro es de 15 metros. De 170 metros cuando nos situamos a 20 metros del Gamo Target. Para 25 metros es como tirar al venado a 210 metros. Y si el lector es capaz de acertar a 30 metros, entonces puede considerar que está cobrando un astado a 260 metros reales (entre nosotros... si hace esto, salga a presumir con total tranquilidad).

La resistencia del aparato está calculada por dureza de materiales, resistencia al abate, escala de dimensiones y dificultad de acierto; para ser utilizado con carabinas de aire comprimido de 4,5 milímetros que tengan hasta 300 metros por segundo de velocidad inicial. No obstante, hay que decir que hicimos la prueba de disparar a 45 metros con una potente carabina de field-target de calibre 5,5 y los componentes aguantaron perfectamente. No obstante, es seguro que en caso de usar la misma con el plan de tiro para el que está previsto originalmente, el deterioro de los componentes se produciría rápidamente. En cualquier caso, es de destacar que la satisfacción, dificultad y entretenimiento que se consiguen con el 4,5 es insuperable.


Para continuar con la instalación, se deben ensamblan los tramos intermedios que se quieran usar, desde uno, hasta los seis que trae.

Una vez en casa, lo primero fue abrir la caja de cartón que lo contenía para ver de qué se trataba. Nos encontramos con un sofisticado embalaje que no seríamos capaces de volver a montar tal cual, y que en un bulto de 36x42x32 centímetros nos entrega un aparato que, cuando está armado, mide cerca dos metros y medio de longitud.

Desembaladas todas las piezas, recurrimos al completo manual de instrucciones que trae y allí nos enteramos que se puede montar en varias configuraciones de carrera: desde sólo 60 centímetros hasta los dos metros. Funciona con seis pilas de las más grandes y una carga nos duró tres horas de ininterrumpidas y alocadas carreras del venado de chapa.

La zona vital del pseudoanimal está resaltada en rojo, pero hay que decir que una de dos: o se trata de una ingenuidad o está hecho para cazadores más expertos que nosotros. Porque apuntar, lo que se dice apuntar, sólo fuimos capaces de hacerlo al conjunto del animal. Igualito que cuando se está en una montería. Así de difícil resultó acertar. Otra cosa diferente fue cuando tiramos a bicho parao como en el rececho.


Cuando se acaba de rematar el extremo opuesto, se montan las guías de recuperación del dispositivo móvil que trae este sistema de tiro.

Aquí debemos hacer una acotación: volviendo sobre nuestras palabras en relación a los artilugios modernos que nos inundan, echamos en falta un control remoto de parada y arranque. Esto permitiría detener el móvil que porta la silueta en mitad de la carrera, disparar como en rececho, y ponerlo otra vez en movimiento. La ventaja estaría en que teniendo en cuenta que la silueta se resetea sola al final de cada carrera y se levanta automáticamente, presentando al tirador el lateral que corresponde al sentido de desplazamiento, no sería necesario ir hasta la instalación después de cada abatimiento para levantar el blanco. Pero insistimos, esto sólo es para el caso de tirar con el blanco parado. Cuando está en marcha de la manera para la que fue diseñado, se levanta él solo a cada final de la carrera.


El parapeto frontal trae una chapa que hace de freno caza-perdigones que cumple su función perfectamente, pero lo sustituimos por una madera de 40 mm con excelentes resultados.

Para el montaje lo primero es encontrar el lugar para la instalación. Es totalmente transportable y se puede cambiar de sitio; pero no se puede hacer esto una vez en condiciones de ser utilizado. El carril por el que se desplaza el móvil portablancos tiene seis tramos de los que se pueden usar dos como mínimo; y, a partir de ahí, se pueden agregar de uno en uno, hasta los seis del total. Los dos mínimos a utilizar son los extremos que integran las guías que levantan la figura abatida y reponen la que corresponde al nuevo sentido de marcha —hacia la izquierda o la derecha—. Esto ya condiciona un espacio mínimo de más o menos un metro y cuarto de ancho en configuración mínima, o de dos metros y medio con el carril completo.

Precisamente, estos seis tramos son los que hay que desconectar para el transporte y conectarlos luego en el nuevo emplazamiento. Todo lo demás permanece tal y como se había montado sin ser necesario tocar nada. Incluso el móvil se traslada con pilas y siluetas, listo para ponerse en marcha.


Los plomos quedaban incrustados, como se aprecia en esta fotografía.

Lo interesante es que puede llevarse en el maletero del coche y en pocos segundos ponerlo en funcionamiento, pasar un buen rato y volver a guardarlo en el armario del garaje.

Al principio, cuando todavía no habíamos descubierto las posibilidades de diversión y entrenamiento reales del conjunto, dispusimos un espacio en el parking del restaurante de carretera detrás de la casa. Pero resultó que enseguida nos dimos cuenta de que en el campo, entre arbustos y ramas, y a diferentes distancias, el sistema simula las condiciones de tiro más reales que se puedan imaginar. La diferencia está en que, debido a la escala de tamaños, la rama de una retama se vuelve el tronco de una encina. Pero, precisamente esto, es lo que lo hace tan polivalente.

En conclusión, será mejor que quien se decida a comprar uno de éstos, vaya pensando en disponer de sitio donde montarlo para disfrutar a lo grande.

Una vez armado y dispuesto para el uso, lo que el tirador ve es un parapeto de metal zincado, inclinado unos grados hacia adelante; el propósito de esta inclinación es que los plomos que signifiquen tiros muy bajos, impacten en el parapeto y salgan en una trayectoria hacia abajo para ser detenidos por una chapa negra perforada y queden a los pies de esta instalación.


Las siluetas, venados en este caso, abatibles en el vehículo móvil, deben ser montadas con los tornillos desde la parte posterior.

No obstante, a nosotros se nos ocurrió probar a suplantar esta chapa por una madera de sección cuadrada de 40x40 milímetros y resultó realmente efectiva. Los plomos quedaban incrustados en ella. Pero fue una mejora más propia del espíritu inconformista de estos escritores, que de una necesidad. Tal como viene es perfectamente segura y no necesita modificaciones. Se puede usar en interiores sin ningún tipo de problema.

El cuerpo del venado es rígido, permanece incólume y es inmune a los impactos. Éste representa la zona no vital en la que perderíamos la pieza si le diéramos un tiro.

En cambio la zona vital del tórax, el cuello y la cabeza son abatibles y nos marcan el tiro bueno. O mortal. La sección abatible está constituida, en realidad, por dos secciones, una a la derecha y otra a la izquierda, y que en virtud de que el cuerpo es simétrico, veremos un venado completo corriendo hacia la derecha, si el abatible es el de ese lado, o la inversa, si es de la izquierda.


Así quedarán las figuras abatibles una vez dispuestas para la utilización sobre el dispositivo móvil que se desplaza por el carril.

Una vez puesto en marcha, si volteamos el abatible en plena carrera, hay que esperar a que llegue al final de la misma; entonces se levanta el del otro lado y automáticamente inicia el recorrido en sentido contrario al que traía. Si no logramos abatir la imagen, el propio mecanismo baja la delantera que debíamos haber volteado, levanta la otra, e inicia el recorrido alterno para que podamos volver a intentarlo.

Mientras esté encendido repite todo el proceso una y otra vez sin interrupciones. Esto permite que la sensación de premura en recargar, disparar, y ansias de acertar, se parezcan mucho a las de la realidad; no obstante, hay que decir que es un poco más difícil que en la montería. Parte de ello es porque la velocidad del balín es inferior a la de una bala (unos 280 metros por segundo contra 900 metros por segundo, aproximadamente), lo cual obliga a realizar un adelanto del tiro bastante más acusado. Hay que salir mucho por delante del blanco y apuntar en el aire es muy difícil. A nosotros nos costó más de una hora de continuos fracasos el lograr tomarle el pulso y cogerle el tranquillo. Incluso después de hacerlo, sigue siendo difícil y divertido, lo cual es importante para que la instalación no se vuelva aburrida y monótona.


El carrito móvil se pone en funcionamiento mediante un interruptor que se encuentra protegido tras el parapeto. El cambio de sentido de desplazamiento es automático cada vez que el citado carrito móvil llega al final de la carrera.

Nuestra propuesta es instalarlo en un corral o en otro sitio protegido del alcance de terceros, pero que nos permita disparar desde diez hasta treinta y cinco metros de distancia. Con ello, la única operación que requiere es encenderlo al comenzar y apagarlo el final. Salvo la circunstancia de reposición de pilas, no habrá que tocarlo para nada más.

Con el uso intensivo, los abatibles se van deteriorando, sobre todo en su pintura, pero Gamo ya ha pensado en esto y se pueden reemplazar con sólo dos tornillos, de forma rápida y económica.

Durante la prueba gastamos tres cajas de balines y estamos pensando en comprar uno para disfrutarlo de manera permanente. Es una buena forma de practicar, segura, barata, sin desplazamientos y exigente. El lector que sea escéptico, lo mejor que puede hacer es comprarse uno. Si le gusta divertirse, no se arrepentirá.